
También conocido como don Juan, el Daño o el Pícaro, este alborotador de gallineros cuenta con varias menciones en la literatura
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Apenas unos siglos antes de la era cristiana, ya algunos escritores chinos sospechaban de la sabiduría de los zorros y referían algunas de sus tantas andanzas. Por citar un caso, La pata del zorro , escrita en el año 200 por Ssuma Chieu, durante la dinastía Han.
Centurias después las plumas de Samaniego y Esopo lo incorporaron a su serie de fábulas con moraleja. Una de estas narraciones alude a la astucia del zorro: "El rey de la selva desde su caverna invita al zorro, que permanece afuera. ¿Por qué no entras, como mis otros súbditos, a rendirme homenaje?, pregunta. Que Su Majestad me perdone -responde el zorro-, pero he notado huellas de animales que ya han entrado; no veo ninguna que pruebe que hayan salido. Prefiero, pues, quedarme al aire libre".
Portador de una renombrada astucia, conocido como don Juan, el Daño y el Pícaro; este taimado alborotador de gallineros cuenta con una gruesa lista de menciones realizadas por autores nacionales.
Sin ir más lejos, en el capítulo décimo de Don Segundo Sombra , escribe Ricardo Güiraldes: "...siguiendo su mirada vi en la orilla opuesta del río, asomar la socarrona cabecita de un zorro".
Por su parte, Jorge Abalos, autor de Animales, leyendas y coplas , señala que nuestro zorro no es tan orgulloso como el europeo, que declara verdes las uvas que no alcanza. "Los zorros santiagueños -explica- hasta ayudan a las chicharras a madurar los frutos."
Abalos, conocedor del folklore nacional, reproduce en su trabajo una antigua y anónima copla: "Un zorro pasó volando encima de una laguna y los patos se admiraban de verlo volar sin plumas".
En Signos y símbolos en el arte cristiano , su autor, George Ferguson describe a este mamífero como símbolo tradicional de la astucia y el engaño, "representa también al diablo".
Aunque aparece con frecuencia en las esculturas medievales, durante el Renacimiento quedó reducido en Europa exclusivamente a las ilustraciones de libros. Mientras tanto, en nuestras tierras los mapuches creían en el Zorro víbora, deidad a la que invocaban para evitar tener un accidente al cruzar un río o un arroyo.
Uno de los últimos grandes caciques ranqueles estaba destinado a ser un astuto cazador, el bravío Epu-guor (Dos Zorros) llevaba en su nombre dos veces lo que consideraban ellos una virtud; quizá, la de no perder jamás las mañas.
Según Adolfo Colombres en su obra Seres mitológicos argentinos (Editorial Emecé) se trata de un zorro de vientre blanco y una larga cola, con la que atrapa a la gente, vuelca las embarcaciones y manca los caballos que van a beber. Para calmarlo, señala Colombres, le ofrendan un toro blanco, al que se carnea y se arroja al agua para que coma. "Quien lo ofende recibe su castigo. Cuando se lo nombra, no se lo llama Zorro víbora, porque así se lo agraviaría, sino Dueño del agua."
Mala reputación
Agente de mal agüero para Félix Molina Tellez, el autor de El mito , la leyenda y el hombre , cuenta que este animal cuando se cruza en el camino de un viajero de derecha a izquierda es mala seña. Pero es buena si lo hace de izquierda a derecha. Cuando a veces, de día especialmente, entra en las casas, no acierta a disparar y actúa como aturdido, anuncia la muerte de alguien de la familia.
El término pierde su inocencia y ha sido injustamente utilizado a la hora de buscar sinónimos y adjetivos femeninos, los diccionarios dan prueba de ello: zorro, hombre astuto-zorra, ramera. De todas maneras, ambos saben mucho más por viejos.
Existió además en las pampas bonaerenses un juego de a caballo con el mismo nombre. Emparentado con el juego del pato, el rol de zorro en cuestión era representado por un paisano que ofrecía arrogante un pañuelo, atado en alguna parte de su ropaje, al que los demás jinetes debían arrancar y retener.
Decálogo para "no dejar de ser zorro"
1) Cazar de noche, pero también de día.
2) Desconfiar de toda cosa que no se conozca muy bien.
3) Tratar de marchar siempre contra el viento y no hacer nunca el menor ruido inútil.
4) No cazar jamás en las inmediaciones del domicilio propio.
5) No cazar nunca en compañía.
6) Cuando se va en fuga, darse tiempo de atrapar alguna pieza para reírse del cazador.
7) Cuando se cae trampeado de una pata o de la cola, cortársela a mordiscones, para no darle el gusto al dueño de la trampa.
8) Si se pierde una pata, disparar con tres.
9) Si se puede, disparar aunque le hayan empezado a sacar el cuero, pues la vida del zorro debe ser "dura de pelar".
10) Morirse cuando no haya más remedio.Decálogo para "no dejar de ser zorro"
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