
En Catamarca: para Walter Viegener, vicepresidente de dos firmas dedicadas al algodón, el gerenciamiento va más allá de un diferimiento impositivo.
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La historia de los Viegener en Catamarca comienza a mediados de la última década cuando el jefe de la familia, Francisco, de origen alemán y por entonces presidente de la fábrica de enlozados Ferrum, llegó a esa provincia para comprar en un remate un campo de 80.000 hectáreas.
No poca fue la sorpresa cuando comprobó que la propiedad quedaba prácticamente "en la cordillera". Pero el empresario tenía urgencia de hacer negocio (lo apuraba un pasaje de regreso en el vuelo de la noche), entonces compró uno mucho más pequeño, de 300 hectáreas, en la localidad de Valle Viejo, a 20 kilómetros de la capital provincial.
Y así, en 1987 nació La Nueva Esperanza SA, en el kilómetro 23 de la ruta 33, comentó a La Nación su hijo Walter, vicepresidente de la empresa.
Walter, porteño, de 37 años, es licenciado en Administración en la Universidad Católica Argentina, con un máster en Dirección de Empresas del Instituto de Altos Estudios Empresariales (hoy Universidad Austral). Se casó en 1991 con Diana y un año después se fue a vivir a Catamarca con toda su familia, que hoy completan Inés, de 5 años; Walter Enrique, de 3, y Pablo, de 2.
"Nuestra ilusión era imitar a los vecinos del otro lado de la cordillera", comentó el joven empresario refiriéndose a las uvas y duraznos chilenos. "Pero no nos fue bien. Sobre la marcha nos reconvertimos a la producción de cultivos anuales, fundamentalmente algodón y también, cebolla, choclo, espinaca, garbanzos y pimientos para industrializarlos como pimentón", explicó.
La empresa, que tiene entre 70 y 75 empleados, amplió en 1995 las 300 hectáreas de la Nueva Esperanza, que gozaba de los beneficios de la ley de promoción industrial, con las 1200 del establecimiento La Herradura (debe su nombre a que su superficie rodea a la anterior), puesta en práctica con el régimen de diferimientos impositivos. Catamarca es una de las cuatro provincias, junto con La Rioja, San Luis, San Juan, que contaron con estos beneficios por una ley nacional de 1981. Desde su arranque, la empresa ha invertido unos ochos millones de pesos. Su patrimonio incluye sistematización de riego (perforaciones para sacar agua, bombas para goteo con dos pivotes centrales, 500 hectáreas de flujo discontinuo); una línea de alta tensión; una desmotadora (algunos dicen que es la más grande de la provincia) y cámara de frío y galpón de packaging para hortalizas.
El algodón
Hoy el fuerte productivo de la firma es el algodón. La última campaña ocupó 800 hectáreas y otras 200 las dedicó a los otros cultivos, mientras que el resto es monte. "Pero pensamos llegar a fin de año con 15.000 hectáreas bajo riego", lo cual sustenta "un crecimiento de once años, período durante el cual hemos adquirido experiencia a cada paso", dijo con entusiasmo Viegener.
El algodón dejó como resultado 1700 toneladas de fibra (con un rendimiento de 3500 kilogramos por hectárea) y 1500 toneladas de semilla. "La fibra se exporta casi en su totalidad, por medio de corredores y de traders internacionales en Buenos Aires. Además la empresa trabaja con productores pequeños, a quienes les aseguran la comercialización.
Según el joven empresario, este cultivo le deja una tasa de retorno de 800 pesos por hectárea, a la que hay que deducir los gastos fijos.
Respecto de las hortalizas, Viegener dijo que están produciendo 35.000 kilogramos de cebollas por hectárea y reconoce que es un "muy buen negocio".
Por último Viegener reflexionó que la clave del éxito no pasa por el hecho de ser diferidores de impuestos, sino que atrás de ellos debe haber empresarios "porque hasta el más pintado tiene problemas cuando el proyecto se pone en marcha".






