
De ser un rubro semiartesanal hace diez años, hoy la industria del cerdo está entre las más eficientes del mundo, con exportaciones por US$ 200 millones al año. Busca un lugar junto al vino, el salmón y las frutas
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Santiago, Chile (El Mercurio).- Aunque parezca un cuento, la historia del cerdo chileno no lo es. En los años ochenta era considerado el pariente pobre del sector pecuario. Totalmente enfocada en el mercado interno, su imagen pública estaba por el suelo. El fantasma de la triquinosis y el gran contenido graso de su carne (un alimento "pesado", en el decir de las abuelas) ponían a los porcinos en la lista negra de cualquiera que estuviera preocupado por su salud.
Dos décadas después la historia es muy distinta.
En cuanto a contenido graso, 100 gramos de cerdo asado al día aportan menos del 25 por ciento del límite aceptado por la American Heart Association.
En lo que se refiere a exportaciones, el otrora pariente pobre del sector pecuario hoy aspira a integrar el dream team gourmet chileno, junto al vino y los salmones que comen japoneses y europeos.
De hecho, la apuesta de la industria es exportar US$ 500 millones en seis años más, sólo 100 millones menos que lo que hoy exporta el vino.
La reinvención
Clave en la nueva vida del cerdo fue la verdadera reinvención que experimentó la industria para responder a las demandas del mercado. Galpones artesanales y mohosas salas de corte dieron paso a pesebreras industrializadas y a verdaderos pabellones quirúrgicos donde se faena a los animales.
El cambio genético de la masa porcina también fue clave.
El típico chanchito de corral que se encontraba en Chile era corto y acumulaba una gran cantidad de grasa en el lomo cuando alcanzaba los 100 kilos.
Hoy, gracias a la importación de nuevo material genético, la industria cría un cerdo más largo, que puede llegar fácilmente a los 115 kilos con una baja cantidad de grasa.
Cambios que costaron plata. Una hembra reproductora vale 3000 dólares y se necesitan al menos 1000 para alcanzar las economías de escala que permiten mejores márgenes.
La fuerte inversión inicial, de hecho, concentró en pocas manos la industria.
Juan Miguel Ovalle, presidente de la Asociación de Productores de Cerdo (Asprocer), estima en 350 millones de dólares la inversión realizada en el rubro en los años noventa.
Una apuesta, eso sí, bastante aterrizada.
Mejoría
"La fuerte mejoría de los ingresos de los chilenos fue vital para que nos desarrolláramos como rubro. Mientras a principios de los años noventa el consumo era de 7,5 kilos per cápita, a fines de la década llegó a 18 kilos", señala Guillermo Díaz del Río, gerente general de Agrosuper Comercial.
El gran empujón de las exportaciones, sin embargo, vendría de Oriente. A mediados de los 90, una epidemia de fiebre aftosa afectó a Taiwan, tradicional abastecedor de Japón, gran consumidor a nivel mundial. Los nipones cerraron sus fronteras y salieron a buscar un proveedor de calidad.
Dando cuenta de un buen olfato comercial, ejecutivos de Friosa y Agrosuper fueron los primeros en responder al llamado oriental.
En ese momento la industria porcina comenzó a vestirse definitivamente de pantalón largo.
Si en 1997 se exportaban US$ 7 millones, en 2001 el monto creció a US$ 77,3 millones, once veces más, en una tendencia que no para.
Para este año, la Asprocer espera que los retornos lleguen a US$ 200 millones.
"El enfoque chileno no es de exportar commodities. Nuestro patrimonio zoosanitario nos permite abastecer mercados de altas exigencias, que son los que están dispuestos a pagar más", señala Juan Miguel Ovalle.
La ausencia en Chile de peste porcina y fiebre aftosa y, en general, el plus sanitario de la industria nacional, le permite vender a 2500 dólares la tonelada, un precio 20 por ciento superior al que obtiene Brasil, importante productor regional.
El que casi dos tercios de nuestra producción se dirija al exigente mercado japonés atestigua también la calidad chilena.
La confianza que muestran respecto del futuro los miembros de la industria porcina ya se la quisieran otros rubros agroalimentarios.
"Con las condiciones actuales que presentan los mercados internacionales tenemos un horizonte prácticamente ilimitado de crecimiento", señala Carlos Seemann, director del grupo Coexca.
Optimismo
El optimismo se basa en que la oferta internacional presenta una tendencia a la baja en el largo plazo, mientras que la demanda internacional crece.
Holanda y Dinamarca, los grandes exportadores de carnes de primera calidad, ya llegaron a su límite de producción. Son países con una alta densidad poblacional, en que las ciudades se encuentran cada vez más cerca de los criaderos. Esto ha creado recientes regulaciones gubernamentales al desarrollo de la industria.
A lo anterior se suma el comportamiento favorable de la demanda internacional.
"Japón nos pide mayor producción"
SANTIAGO, Chile.- "Japón nos pide mayor producción. Para calcular el impacto de la demanda nipona hay que tener en cuenta que, a pesar de que casi el 60 por ciento de las exportaciones chilenas se dirigen a ese país, sólo representamos el 4% de sus importaciones, por lo que tenemos grandes espacios para crecer", señala Carlos Alfaro, gerente de Investigación de Mercados de Valledor.
Junto con la calidad, Chile tiene otro as bajo la manga: los acuerdos comerciales con la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos. Con los estadounidenses se logró un arancel del 0%, el que se haría efectivo en 2005, cuando se homologuen los respectivos sistemas sanitarios.
La UE entregó, en tanto, una cuota de 3500 toneladas, con un crecimiento anual de 10 por ciento. En 2006, sin embargo, Chile puede renegociar el tema y aumentar sus cuotas de importación.
Este positivo panorama hace que los industriales chilenos levanten la vista y miren muy lejos.
"Podemos llegar a ser una nueva Dinamarca, que se ha especializado en los nichos de más alta calidad", apuesta Ovalle.
Afírmense, los daneses exportan US$ 2.500 millones al año.
La empresa Friosa es uno de los actores tradicionales del sector porcino. Se formó en 1982 a partir de los activos que en ese momento pertenecían a la Agrícola y Ganadera Chillán Viejo.
En la actualidad controla cerca de 20.000 hembras reproductoras y faena alrededor de 50.000 animales cada mes. Aunque es reacio a hablar de cifras, Pablo Trucco, gerente general de Friosa, reconoce que las exportaciones de la empresa para este año rondarán los US$ 25 millones.
Con orgullo admite que este año ampliaron sus mercados. "En octubre partió el primer container a Europa, que es una apuesta a largo plazo", dijo el empresario.






