En pleno siglo XXI hay trabajo infantil

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
En América Latina hay 12.5 millones de niños que trabajan
En América Latina hay 12.5 millones de niños que trabajan Fuente: Archivo - Crédito: Shutterstock
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6 de abril de 2019  • 02:25

Es una realidad que duele. En pleno siglo XXI es inconcebible que todavía exista, sin embargo ocurre. En el mundo hay niños que trabajan, en vez de estar en la escuela o jugando. Y el ámbito rural no escapa a esa situación.

En todo el mundo, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hay 98 millones de niños que trabajan y el 60% de ellos lo hace en la agricultura, (incluye a la ganadería, la pesca, y la frutihorticultura).

En América Latina, también de acuerdo con datos de la OIT, hay 12,5 millones de niños que trabajan y el 77% lo hace en tareas consideradas peligrosas.

En la Argentina se calcula que hay 760.000 niños trabajando, de los cuales un tercio lo hacen en el sector agropecuario. Este dato fue informado recientemente en Expoagro durante la presentación de un proyecto que la OIT comenzó a desarrollar en el país contra el flagelo.

"El trabajo infantil es un tema que está por todos lados, en todos los sectores y, en particular, en el área informal", dijo Pedro Américo Furtado de Oliveira, director de la OIT en la Argentina. "Hay que tener en cuenta que en el sector rural hay mucha informalidad y evidentemente hay trabajo infantil", añadió.

Esta iniciativa del organismo internacional, llamado "El proyecto Offside: ¡marcar la cancha!" pretende dar cuenta de lo que está permitido y lo que no en el sector agropecuario. Con un financiamiento de 2,5 millones de dólares por parte del Departamento de Trabajo de los EE.UU. se enfocará en tres provincias: Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires.

Desde hace años hay varios esfuerzos por erradicar el trabajo infantil en el país. En primer lugar hay que recordar que el trabajo de menores de 16 años se considera ilegal y está catalogado como delito penal. Hay una excepción para las empresas de familia para adolescentes de 14 y 15 años que, no obstante, no pueden trabajar más de tres horas por día o 15 semanales.

Además de existir un plan nacional para combatirlo, hay una Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti), que, a su vez, tiene comisiones provinciales. En ese ente nacional hay una comisión empresaria de más de 100 compañías e instituciones en las que participan firmas del sector agropecuario de la producción de granos, frutas y tabaco, entre otros. También el gremio de los trabajadores rurales, la Uatre, integra la Conaeti. Es decir, quien quiera comprometerse a terminar con el trabajo infantil puede hacerlo y tiene dónde recurrir.

Por supuesto, la OIT no cree que todos los niños que están en el campo son explotados. "Puede ser positivo que los niños participen en algunas actividades no peligrosas, pues favorece la transferencia de conocimientos entre generaciones y la seguridad alimentaria de los niños en especial en los cultivos familiares, la pesca a pequeña escala y la ganadería", afirma el organismo internacional. Pero está claro que no es lo mismo el niño que de chico anda arriba de un caballo o incluso acompaña a sus padres en una camioneta o un tractor que aquel que está cosechando yerba mate, algodón o tabaco en vez de ir a la escuela.

Los especialistas señalan que la informalidad económica es uno de los principales factores que explican la existencia del trabajo infantil. Por eso, quienes priorizan la producción de alimentos baratos por encima de toda otra consideración omiten que favorecen las condiciones para que se violen las normas sociales y sanitarias.

Quienes tienen este enfoque deberían saber que el mundo está cambiando. Está creciendo la conciencia por parte de los consumidores respecto del modo en que se producen los bienes, incluidos los alimentos. Y esta visión, propia del siglo XXI y no del siglo XIX, gana terreno en las decisiones del mundo financiero. Los bancos y los organismos de crédito multilateral son cada vez más exigentes respecto de la responsabilidad social de las empresas a la hora de otorgar un préstamo para desarrollar una inversión productiva.

Si la Argentina quiere convertirse en el "supermercado del mundo", como propone el gobierno nacional, debe trabajar también para erradicar el trabajo infantil, sea por conciencia o por necesidad.

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