El aumento del corte con bioetanol dispuesto por el Gobierno como respuesta a la suba del precio de los combustibles es un paso favorable para la actividad
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La suba de los precios de los combustibles y los fertilizantes como consecuencia de la prolongación de la guerra en Medio Oriente afecta los costos de la actual campaña agrícola y del ciclo próximo. De extenderse en el tiempo este escenario, la proyección del área de siembra de trigo probablemente registre recortes.
Al respecto, esta semana se conoció un informe de la Sociedad Rural Argentina (SRA) que destacó que el gasoil tipo grado 2 tuvo un aumento del 22% desde que se iniciaron los ataques de los EE.UU. e Israel a Irán hace poco más de un mes. A su vez, la urea tuvo una suba de 42 por ciento.
“Para lo que resta de la campaña agrícola 2025/26, que se está cosechando actualmente, el principal impacto viene de la mano de la variación del precio del gasoil que repercute en el costo de las labores de cosecha y de los fletes”, destacó la entidad. El informe calculó que para los costos de la trilla se proyecta un alza de 3,3%, mientras que para el transporte de cargas el efecto de la suba podría estar entre un 6 y un 7 por ciento.

“En la medida que la guerra se prolongue, el efecto de ésta puede extenderse a los números de la campaña fina 2026/27. En este caso se observa que al impacto del precio del gasoil se suma el mayor impacto del precio de la urea. Estimamos que, con los aumentos expresados hasta el momento, el costo de producción puede aumentar por esta causa entre un 9,5% y un 11% según la distancia al puerto que deba afrontar”, destacó la SRA.
Al profundizar el análisis del impacto de la suba del gasoil sobre los costos de la cosecha, el informe detalló que el maíz de las zonas más distantes de los puertos será el más perjudicado. Con una ponderación de los fletes de un 20% en el precio del maíz para las distancias cortas, el incremento de esa relación pasa del 40% al 43% para los establecimientos que están a más de 1100 km, de 34% a 37% para los que están a 800 km y de 20 a 21% para los ubicados en un radio no superior a los 300 kilómetros. Aunque la soja tiene una ponderación menor que el cereal en relación con el flete (11% en 300km), la SRA proyecta aumentos de 1 punto porcentual: de 22 a 23% para los de 1100 km, 19 a 20% para los de 800 km y 11 a 12% para los de 300 km. El trabajo aclaró que “el efecto del aumento del gasoil no es uniforme en el territorio, dado que este depende de la carga tributaria de cada provincia, los costos logísticos y de la bandera de la boca de expendio”.

Una de las respuestas que dio el Gobierno a este giro en el escenario global tuvo un punto favorable para la agroindustria. Fue la resolución 79 que autoriza a las refinadoras a incrementar el corte con bioetanol de 12% a 15% y de 7,5% hasta 20%. Mediante una corrección técnica que adecúa el nivel de oxígeno en el combustible, el aumento en la mezcla es de carácter voluntario. La industria de biocombustibles le había propuesto al Gobierno hace tiempo incrementar el uso de bioetanol y biodiésel. Aunque tomada por la urgencia del contexto internacional, la decisión no deja de ser una señal positiva para el agro, en especial porque los biocombustibles aumentan la demanda de granos y derivados. Es el campo que, además de producir la materia prima para los alimentos lo hace para la energía. Y también abre la posibilidad de desarrollar modelos de negocios con la integración de cultivos, proteína animal y fertilizantes. Es el circuito de la bioeconomía.
Esta reacción podría ser más contundente por parte del Gobierno si redactara un nuevo proyecto de ley sobre biocombustibles que derogue la norma vigente, propuesta por Máximo Kirchner, que castigó a la agroindustria.
Países con estructuras productivas similares a las de la Argentina como Brasil y los Estados Unidos tienen políticas de largo plazo mucho más consistentes de apoyo a los biocombustibles que las aplicadas aquí. Los porcentajes de corte con bioetanol y biodiésel son mayores que en nuestro país. Ni los automóviles ni la industria petrolera de ambos gigantes se vieron afectados por las normativas en favor del uso de la soja o el maíz para la elaboración de combustibles renovables. Sólo en la Argentina parece haber resistencia por parte de estas industrias a que el agro sea un jugador con más peso en el mundo de la energía. Además, tanto en Brasil como en los EE.UU. en los últimos años hay una mayor producción de harina de soja como derivado del biodiésel, lo que amenaza el liderazgo argentino en el comercio mundial del principal producto de exportación del país.
Un marco legal más solido para la industria de los biocombustibles puede servir para que la actividad crezca y, permita, entre otras cosas, reducir las importaciones de nafta. Además de mejorar el ambiente, el balance de las divisas sería más eficiente. Las buenas decisiones también pueden ser estratégicas.
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