Escritor con perfil de caudillo

Ernesto Ezquer Zelaya plasmó en verdaderos frescos costumbristas la rebelde naturaleza de los paisanos correntinos..., pero él también adquirió rasgos de personaje legendario
(0)
4 de septiembre de 1999  

Como hombre de campo, recopilador de leyendas y testigo de los entreveros que desataban la pasión por las mujeres y el odio por la bandera política opositora, Ernesto Ezquer Zelaya otorgó a sus libros el efecto de lo verídico.

Nació el 21 de noviembre de 1904 en Corrientes. En su estancia Santa Tecla, ubicada entre Ituzaingó y Posadas, con vista a las selvas paraguayas de la isla Talavera, escribió "Sucedió" (1938), "Poncho celeste, vincha punzó" (1940), "Puñado Yohá", "Payé" (1943) y "Cartas correntinas y otras yerbas".

"Trasuntan en sus páginas el Corrientes actual y de hace cuarenta años. El Corrientes que la generalidad desconoce, aunque intuye, por la leyenda sangrienta que siempre lo aureoló. El Corrientes de las divisas partidarias... con sus policías omnipotentes, estancieros vengativos, mariscadores, matones, capangas, contrabandistas, gauchos alzados, bandidos brasileros o paraguayos, otrora bajo la ley del facón y el naranjero y hoy gozosos de sentirla suplantada por la del revólver Colt y el Winchester 44", señala Justo P. Sáenz hijo en el prólogo de "Poncho celeste, vincha punzó"."

Vocabulario tradicional

Las imágenes telúricas con las que logra vigor narrativo surgen de una aguda observación de las costumbres, las creencias y el lenguaje de los paisanos.

Los vocablos guaraníes que nutren la conversación habitual, aun de aquellos que ignoran la lengua indígena, son un recurso que Ezquer Zelaya utiliza para delinear la rústica idiosincrasia de los paisanos.

El habla rural, entreverada con términos que se conservan del castellano arcaico, es rica en matices, rimas y sentencias que, como explica Eugenio Castelli en "Antología cultural del litoral argentino", transmiten un espíritu particular que genera interés en lectores desprevenidos y estudiosos de los fenómenos populares regionales.

El desarrollo de historias que rozan la tragedia y emergen de un paisaje poblado de misterio es lo que ubica a Ezquer Zelaya entre los escritores nativos que ofrecen documentos para la investigación folklórica del Litoral.

A pesar de que no escribe con soltura retórica, su montaje provoca el efecto de color local. Logra envolver en la sugestiva atmósfera de los esteros del Iberá para mostrar en primer plano la personalidad ardiente de los paisanos.

En sus libros se reconoce "el Corrientes del varón homicida y leal; sumiso con quienes se ganaron su afecto y feroz con el adversario; cuatrero a menudo, pero ladrón casi nunca. Tierra gaucha del caballo, el alarido, el culero, la polca y el acordeón... Iberá legendario con sus motes, lomadas, esteros y pirizales, querencia aún de matreros, donde todavía se oye rugir al tigre en alguna noche de agosto, encandilan ciervos los faros del automóvil, y los yacarés, dormitando en el agua barrosa, semejan leños a la deriva", sintetiza Sáenz hijo.

La pasión política del paisanaje, que despierta conflictos ante la menor provocación, es el eje de la narrativa de Ezquer Zelaya.

"En la provincia de Corrientes subsiste un fenómeno pintoresco de la historia argentina, en cuanto a colores de divisas se refiere... Se nace liberal o autonomista, como se nace rubio o trigueño...", apunta el autor.

En esa obra construye un fresco costumbrista con los avatares de gauchos retobados frente a la codicia de los jueces, quienes ejercen su poder a través de comisiones policiales.

Al mismo tiempo, Ezquer Zelaya señala tanto la férrea voluntad de trabajo como la demostración de coraje, rebeldía y violencia de los paisanos ante las circunstancias que limitan su libertad.

Y basta una cita para advertir la fuerza del testimonio y la efervescencia de la sangre ante la omnipotencia política.

"Mirá Ciriaco, la política fue una de las cosas que más lo perjudicó a mi padre. El era bueno y generoso, siempre dio dinero y anduvo molestándose para que Fulano o Mengano, unos doctores de la ciudad, a los que ni siquiera conocía, fueran diputados o gobernadores. ¿Qué sacó con eso? ¿Qué sacamos nosotros los hombres de trabajo? ¿Acaso ellos se preocupan de otra cosa que no sea cobrarnos impuestos y hacernos votar como ovejas, en montón y arreados? Vos sos liberal hace una punta de años, pero lo mismo tenés que pelarte el traste enlazando y pialando a los sesenta igual que a los veinte."

Los mariscadores

La vida de los cazadores furtivos que cruzaban con arrojo la impenetrable geografía del Iberá es recreada como una imagen impresionista por el autor.

"Se alzó Rosario acusado de homicidio, robo y deserción del Ejército. Sólo el Yberá o el cruce al Paraguay podrían salvarlo, y optó por el primero. Así empezó su carrera de cazador furtivo, de mariscador, alternada con cuatreras y saqueos a algunas poblaciones de la costa de la gran laguna. Salía siempre, durante varios años, al departamento de Santo Tomé, a negociar con un turco bolichero llamado Elías, a quien le vendía cueros de lobo, nutria, carpincho y plumas de garza", describe en "Poncho celeste, vincha punzó"."

Personaje épico

En sintonía con la raigambre cultural de las figuras que creó, el autor selló su estampa de personaje con el apodo de Gato Moro.

Como hacendado, tuvo un saliente perfil de caudillo, orgulloso de participar de las rudas faenas, junto a los peones, y de las trifulcas que protagonizaban sus seguidores en periódicas visitas a los pueblos cercanos.

Pero no sólo con el ejemplo ejerció su ascendiente sobre los bravíos gauchos de la campaña. Durante seis meses editó en su establecimiento agropecuario un periódico teñido de los ideales tradicionalistas con los que pretendía aleccionar.

Su vida no sólo se disparó hacia la economía rural y la literatura. Ezquer Zelaya llegó a desempeñarse como jefe de policía en Concordia y, tiempo después, como agregado cultural de la embajada argentina en Asunción del Paraguay.

La naturaleza legendaria de las historias correntinas envolvió al escritor, que, muerto el 12 de abril de 1952, se mantiene vivo en los sucesos que surgen del imaginario popular.

Más allá de lo verosímil, la biografía de Ezquer Zelaya lleva el halo de misterio de las historias que él mismo narró. "Porque yo, antes de escribir estas páginas, he cazado en el Yberá, he tropeado alguna vez y he vivido intensamente ese antagonismo de la divisa azul y de la roja. Y la bota y el poncho para mí nunca fueron disfraz", anticipó el escritor.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.