
Una empresa que apuntó a la reconversión y logró el reconocimiento del mercado internacional
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MIRAMAR.- La escena parece simple y cotidiana:manos extranjeras que toman de las góndolas unos verdes y frescos espárragos argentinos. Un hecho que puede repetirse al mismo tiempo en el supermercado Mark& Spencer, del Reino Unido, en el Dominick, de Estados Unidos, en el Albert Heijn, de Holanda, y en el Migros, de Suiza.
A la hora de probar esta hortaliza es difícil que estos consumidores de lejanas tierras adviertan que proviene de un punto perdido en el Cono Sur. Para más precisión: que fue cosechado y envasado en Miramar, localidad situada a 450 kilómetros de la capital argentina.
Lo cierto es que es merced a los productos Espro SA que los espárragos argentinos pueden llenar estómagos de familias norteamericanas o europeas. Un logro que pertenece a la empresa del mismo nombre que -presidida por la señora Adela Elortondo de Zorroaquín- ha conquistado una posición privilegiada en el mercado internacional. César Molina, gerente de la firma Espro, atribuye el éxito a diversos factores que conforman un valor agregado, entre ellos "la avanzada tecnología aplicada, el packaging individual, una mayor duración y un bajo coeficiente de desperdicio".
Espro es productora, empacadora y exportadora de espárragos. Esta hortaliza (de la que hacen 250 hectáreas), se caracteriza, según refirió Molina "por la altísima calidad que le otorga un suelo de gran contenido de materia orgánica". Agregó que en la zona las diferencias de temperatura entre el día y la noche contribuyen a lograr que el producto adquiera un verde muy intenso, así como "un sabor mucho más agradable que el de un país competidor, como Perú, que tiene un espárrago más pálido y menos sabroso".
El espárrago es un cultivo que dura 14 años, "hay que ir replantando de continuo para mantener un nivel de rinde de kilos", comentó Molina.
Desde la plantación hasta que alcanza el pico máximo de producción pasan 6 años, "el primero no podemos cosechar nada, el segundo un poquito, el tercero algo más y así va creciendo hasta el sexto año, en que alcanza su punto mas elevado". Antes de que empiece a caer ya hay que plantar para mantener los niveles de oferta. El control sanitario, aseguró Molina, es muy estricto: "Comienza en el mismo cosechero, a quien se le exigen unas uñas bien cortadas y limpias". También que los elementos que utilizan para cortar el espárrago sean desinfectados dos veces por día. Espro no descansa, pues se dedica también al apio -que exporta a Europa-, y a otros productos para consumo interno, como el brócoli, el choclo, el apio y el radicchio.






