
La historia del encargado de la estancia Caldenes
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Aunque cierra los ojos e intenta viajar al pasado, la memoria no lo ayuda para encontrar el año a partir del que, exactamente, se desempeña como encargado de la estancia Caldenes. "Hará 27 o 30, no sé bien cuántos, pero sí sé que gran parte de mi vida", dijo Francisco Stefanich, que desde los 14 años -hoy cuenta con 57- vive rodeado de la naturaleza que regalan las 18.200 hectáreas que conforman la imponente estancia en Cañada Seca, provincia de Santa Fe.
"En 1943 la firma La Pelada SA adquirió esta estancia y lo trajo a mi padre; entonces a los 14 años, por curiosidad, ingresé a realizar tareas menores en el campo y a trabajar junto con los mayores. Después, todo se dio solo... Un año me ocupaba de una cosa, al año siguiente me asignaban otra tarea y así. Nadie me decía lo que tenía que hacer, simplemente lo hacía".
Desde sus comienzos, en los que la tracción a sangre era el motor que ponía ritmo en los campos, hasta el presente de cosechadoras, sembradoras o equipos de riego, Stefanich se fue acomodando a los progresivos cambios con cursos, intercambio de experiencias con productores colegas y asesoramiento externo.
Sin embargo, cree con convicción que una de las mejores herramientas para no quedarse a mitad de camino es incorporar sangre joven a las tareas del campo. Por eso, en la estancia no es extraño ver a algún adolescente foráneo trabajando de igual a igual con los peones que llevan años allí. Por iniciativa del encargado, Caldenes abre sus tranqueras a jóvenes que, en calidad de pasantes, quieren tener contacto con la vida rural.
"Nunca tuvimos un grupo numeroso y los que llegaron fue a través de gente conocida o por vinculaciones de amigos. Se van satisfechos porque tienen la posibilidad de trabajar en distintos sectores y conocer de cerca la actividad", contó.
Adelantarse a los cambios
A Stefanich los adelantos tecnológicos que llegan día tras día al campo no le generan temor. Después de tres décadas en el trabajo rural aprendió un método infalible para no quedar en el tiempo: actualizarse y aprender de manera constante.
"A lo que puede hacer uno hay que agregarle también aquello que pueden sumar los demás empleados. Hay que saber escuchar a todos e incorporar profesionales jóvenes, con distintas experiencias laborales", dijo.
En Caldenes la actividad se reparte entre la agricultura, cría, invernada, feed-lot y entre las cabañas de Polled Hereford y Braford. Trabajan 70 personas, de las cuales el 40% reside dentro del establecimiento con su familia.
"Esto es un pueblito donde uno tiene que estar cumpliendo funciones durante las 24 horas. Mi tarea como encargado también incluye el rol de arreglapleitos, comisario o celestino", contó entre sonrisas Stefanich, que inicia su jornada a las 6.30, y hasta las 22.
Para trabajar en un ambiente cordial, impone su autoridad, genera respeto de parte de sus pares, obediencia y también confianza. "Con estos simples aportes al liderazgo lo transmiten todos los sectores de la explotación, sin necesidad de nombres o carteles. Hay que trabajar, para lograr todo."
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