
Trabajo, adorno o pelea: las variantes del uso del cuchillo
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En los llamados espectáculos gauchescos, es complemento infaltable del atuendo varonil un pequeño cuchillo de ostentación con cabo de plata y vaina del mismo metal, o bien de cuero negro con arandelas, punteras y otros adornos, que se lleva cruzado en la rastra, junto a los riñones.
Los curiosos saben que lo que en realidad el gaucho usaba cotidianamente era un cuchillo grande que constituía su herramienta universal.
Con él no sólo se defendía. También faenaba, carneaba, abría espacios en el monte, trabajaba maderas, techaba el rancho y hasta horadaba la tierra para abrir sepulturas.
Había, además, una obvia variante asesina que es el puñal, pero que en realidad no entrañaba más diferencia que la determinada por el destino: un cuchillo transformado en homicida pasaba a ser un puñal y así tenemos, por ejemplo, que se habla del "puñal del mazorquero" o del "puñal de la traición".
Filo, contrafilo y punta
De hoja recta y un solo filo, carece de gavilán o guarnición, o sea la habitual "cruz" de las armas de combate.
En las estancias, los patrones facilitaban para las tareas de desollar cuchillas similares a las que hoy llamamos "de carnicero", de hoja muy ancha hasta muy cerca de la punta.
La contrafigura del cuchillo, tanto en funciones como en espíritu, es el facón, que por definición es más grande que aquel -la misma palabra que lo designa es simple aumentativo de "faca"-, con una hoja de largo no menor a los treinta centímetros, pero que a veces llegaba a los setenta u ochenta, con lo que pasaba de la condición de machete a la de verdadero sable, como los que eran usuales en Río Grande do Sul, donde se lo llevaba pendiente de la montura, con caída atrás del estribo izquierdo, al modo militar.
Entre nosotros, lo común era llevarlo en las caronas, esa decir, entre los mandiles y el sobrepuesto. Nunca carecía de gavilán y su filo era doble, característica que da razón acerca de eso de "filo, contrafilo y punta" para indicar que alguien está provisto de defensas suficientes, sin bien existieron variantes de facón en Santa Fe y en Entre Ríos de filo simple.
Como es de comprender, eran exclusivamente armas de pelea, y no todos los gauchos andaban con ellos, sino sólo los gauchos matreros o malos.
La daga criolla -sólo el nombre comparte con la europea- es muy parecida al facón, pero de hoja más estrecha, lo que la vuelve afín a la espada: una, que se dice regalada por don Adolfo Alsina a Juan Moreira, alcanza, con cabo incluido, 84 asombrosos centímetros.
La hoja de la daga está siempre acanalada, para "mejor sangrar", lo que es indicio de que en algún momento fue también elemento de trabajo, quizá para hacer algún tipo de faena sin exponer la mano.





