
Juan Pedro Ader y Rodrigo Madorrán hace dos años que crían estas aves y, aunque todavía no lograron rentabilidad, tienen un crecimiento constante
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Después de valorar distintas posibilidades, de pesar las ventajas y desventajas y de recabar información, hace dos años que Juan Pedro Ader (de 25 años), estudiante de la carrera de técnico agropecuario, y Rodrigo Marrodán (de 24 años), abogado, se lanzaron a criar faisanes, una alternativa que tiene su complejidad y donde varios emprendimientos locales han fracasado.
Desarrollan la actividad en la granja Avintar, a 10 kilómetros de Pilar, por la ruta provincial 25. En la temporada anterior produjeron 4200 aves y actualmente hay 3000 animales entre adultos y reproductores. El propósito principal es producir carne de la raza jumbo de collar.
"La idea surgió de una charla con un conocido que había hecho una experiencia años antes, pero para exportación. Después fui a un congreso en la Facultad de Agronomía de la UBA y el tema nos interesó. Nos pareció que la producción en sí no era muy compleja; pero después, con el tiempo y la práctica, nos dimos cuenta de sus dificultades."
Ambos vieron el negocio basado en una alternativa que todavía está poco explotada, que requiere de relativo poco espacio, teniendo en cuenta que no tenían la tierra. Se volcaron, entonces, por una producción intensiva, localizada cerca de la Capital Federal.
Trabajo y voluntad
En sociedad con Marrodán, Ader buscó antecedentes y todos los datos posibles para empezar la producción. Visitaron productores, tantearon el mercado y adquirieron conocimientos de una cabaña de los Estados Unidos, actualmente proveedora del criadero.
Luego se abocaron a conseguir el lugar, una vieja granja de pollos parrilleros equipada con bebederos, tolvas, tanque de agua y dos galpones de 700 metros cuadrados cada una, que terminaron comprando. Ader destaca que tanto su socio como él ponen el trabajo y, el capital, las respectivas familias.
Para la primera etapa de la producción, "que costó bastante", importaron un plantel de 1500 animales y se informaron sobre la comercialización. "Chocamos con un mercado duro y hermético. Después de mucho trabajo pudimos insertarnos con una pequeña participación", contó.
El paso siguiente fue intentar la venta directa y armar el plantel de reproductores, fortalecido más tarde con una segunda importación.
Para obtener eficiencia y uniformidad en la reproducción invirtieron 8500 pesos en una moderna incubadora con capacidad para 3500 huevos. "Fuimos metódicos y meticulosos en la reproducción, lo cual es fundamental. Hay muchos detalles que no se pueden descuidar y que se vuelcan directamente en el resultado final de la cría", dijo Ader.
Ajustar los números
La comercialización es un punto que falta ajustar. Existe un mercado -formado principalmente por restaurantes y hoteles- que es estrecho.
"La respuesta ha sido lenta. Como los volúmenes de producción no son grandes, no se puede cumplir con los requerimientos de continuidad, y así los clientes se vuelven reacios al producto. Por eso, es indispensable aumentar la producción para ofrecerlo en contraestación y cerrar el círculo". Como alternativa analizan elaborar subproductos que lleguen directamente al consumidor, como ahumados y mousse, que es parecido a un paté.
Los productores todavía no pueden dar un costo de producción exacto, porque sólo en esta temporada lograron la primera camada en serio.
De todas maneras, hay elementos como para adelantar un valor: por un animal terminado se pueden obtener 4 pesos de ganancias; el kilo se vende a 12 pesos más IVA; los pichones salen 2,50 pesos.
"Estamos poniendo todas nuestras energías para que el negocio empiece a dar un margen, de todos modos, las respuestas son positivas. Desde que empezamos, hemos avanzado progresivamente y cada día tenemos el panorama más claro", puntualizaron los jóvenes emprendedores.
Para iniciarse
Ader aportó sugerencias para posibles productores, basadas en el material de información acumulado, pero, principalmente, en su experiencia.
Para que arranque de cero un productor, tener un galpón es relativo. Porque no hay una infraestructura ideal para criar faisanes, creo que pasa mucho más por la creatividad, por el ingenio y por adaptar lo que uno tiene a la producción.
La ventaja que tiene el faisán es que es muy rústico. Una vez que emplumó puede estar a la intemperie; únicamente se coloca una media sombra para contenerlos y que no escapen, porque son buenos voladores. Aquí, la infraestructura que se necesita es mínima.
En la primera etapa y hasta que empluma el animal, sí se necesita de una protección, una "madre", como se denomina a esta construcción. Pero no se necesita de espacio, ya que los pichones están juntos; las "madres" del criadero Avintar tienen en total 150 metros cuadrados de parte cubierta.
Para comenzar, hacerlo con un plantel de 250 pichones para saber lo que es el manejo; esto implica en total una inversión de 1500 a 2000 pesos.
Ante todo, se debe tener en cuenta la comercialización, adónde va a colocar el producto. ¿Cómo captar el mercado?: golpeando puertas, con el envío de cartas, hablar directamente con el chef, después con los gerentes de compra. Es un trabajo muy artesanal, muy personal, de mucha constancia. Es golpear, hablar, llevar muestras gratis.
Desde el cascarón hasta la góndola
Las siguientes son las etapas por las que pasan los faisanes hasta su terminación:
- Reproducción. Empieza a fines de octubre; el plantel de reproductores se ubica a galpón cubierto; la relación entre macho y hembra es de 1 a 4.
- Recolección. Se hace la recolección de huevos cinco veces al día y se los coloca en la sala de almacenamiento a temperaturas inferiores a 19°C y un máximo de 85° de humedad, y se los rota cinco veces al día en forma manual. El huevo puede estar almacenado una semana.
- Incubación. Emplear una buena incubadora, con tecnología moderna, que es la clave para producir. Después del día veinte se los pasa a la nacedora, en la que eclosionan.
- Etapa crítica. Desde el nacimiento hasta los dos meses de edad se extiende la etapa crítica donde la cifra realista de mortandad ronda el 15 por ciento. Dentro de esta etapa el período más crucial es el del emplume.
- Engorde. Finalizada la etapa anterior está listo para la suelta: prácticamente no hay problemas porque es un animal muy rústico. Lo único que necesita es comida y agua fresca todo el tiempo. Llueve y se mojan sin problemas y son muy adaptables.
- Terminación. Tarda cuatro meses y medio, pero puede estar hasta el año sin que la carne pierda calidad.
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