
Cuanto menor humedad tengan, mejor será la conservación y mayor el tiempo disponible para retenerlos en el campo
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El almacenaje de granos en silos bolsa es una tecnología sencilla, pero que requiere tener en cuenta varios aspectos para evitar fracasos.
En ese sentido, el principio básico, según un informe de Cristiano Casini, del INTA Manfredi, es guardar los granos secos en una atmósfera controlada, con bajo oxígeno y alta concentración de anhídrido carbónico, que evita el desarrollo de insectos y hongos. También es necesario considerar que los granos son organismos vivos y deben estar sanos, sin daño mecánico y limpios -lo ideal serían las condiciones Cámara-, para tener mayor posibilidad de mantener su calidad durante el almacenamiento.
Como regla general, la humedad con la cual se deben almacenar los granos no debe sobrepasar la humedad base para la comercialización. Cuanto menor es la humedad del grano, mejor será la conservación y mayor el tiempo disponible para guardarlos (ver cuadros 1 y 2). Cuando se trata de semillas, las condiciones son aún más estrictas.
El riesgo se mide considerando la humedad del grano, el envejecimiento normal de la bolsa y la posibilidad de rotura por agentes externos. Se aclara que estos valores de riesgo son orientativos y pueden variar en diferentes situaciones.
Calidad
En otra zona, en la estancia San Lorenzo, de Zubiaurre SA, del CREA Tandil, se realizó un ensayo de almacenamiento de trigo en bolsas plásticas con dos contenidos de humedad para estudiar la evolución de su calidad comercial.
Con una máquina Silograin, fabricada por Martínez y Staneck, se llenaron bolsas comerciales de 200 pies de largo, 9 pies de diámetro y 250 micrones de espesor. Se utilizaron bolsas tricapa, con el interior negro y el exterior blanco. Se llenaron con trigo con 12,5 y 16,4% de humedad. Las experiencias fueron controladas por J. C. Rodríguez y J. C. Bartosik, del INTA Balcarce, y R. E. Malinarich, consultor privado.
En general se observó que la temperatura del grano en las bolsas siguió la evolución de la temperatura ambiente y se logró un marcado descenso durante el tiempo de almacenaje. La evolución fue diferente en distintos sectores de la bolsa. El grano de la parte superior presentó un descenso casi inmediato por la disipación del calor al medio ambiente. El ubicado en la parte inferior de la bolsa disipó el calor al piso, pero a una menor velocidad, en tanto que el del centro fue el que más tardó para disminuir su temperatura.
Un aspecto destacable fue que la bolsa de grano con 12,5% de humedad siempre presentó temperaturas promedio inferiores a las que contenía el grano con 16,4% de humedad.
No se observaron variaciones en el contenido de humedad en las bolsas con 12,5% y 16,4% durante todo el período de almacenamiento. Tampoco se observó estratificación de humedad según la posición del grano en la bolsa.
Los parámetros que mide el estándar de calidad comercial del trigo no fueron afectados por el almacenaje en bolsas en esta experiencia. El peso hectolítrico no mostró una disminución importante en el tiempo, tanto en el grano con 16,4% como con 12,5% de humedad. La leve disminución ocurrida no causó cambios en el grado del cereal.
Corresponde aclarar que, de todos los parámetros que conforman el estándar del cereal, el peso hectolítrico es el más susceptible a ser afectado por el almacenaje, por lo que se considera que si no resultó alterado, los demás parámetros de calidad tampoco deberían ser afectados por el almacenaje en bolsas.
Con respecto a la calidad del grano como semilla, ni la energía ni el poder germinativos fueron alterados durante los 150 días de almacenamiento del trigo con 12,5% de humedad en ninguna de las posiciones de la bolsa.
En el trigo con 16,4% de humedad se observó una disminución marcada de dichos parámetros en la zona media e inferior de la bolsa, mientras que en la zona superior dichos parámetros sólo fueron afectados después de 80 días de almacenaje.
Con relación a la calidad industrial, el trigo de San Lorenzo con 12,5% de humedad no sufrió ningún deterioro importante en su calidad panadera, en tanto que el almacenado con 16,4% fue afectado principalmente en la zona media e inferior de la bolsa.
El período de almacenaje de 150 días no parece ser crítico para la conservación del grano a 12,5% de humedad, en tanto que el grano con 16,4% sufrió un deterioro de algunos parámetros de calidad a partir de los 45 días de almacenaje.
La respiración del grano produjo un aumento en la concentración de dióxido de carbono y una disminución de oxígeno en el interior de las bolsas. La concentración del primero fue mayor en las bolsas con grano con 16,4% de humedad. No obstante, con el transcurso del tiempo de almacenamiento se observó un incremento en la concentración de dióxido de carbono y disminución en la de oxígeno en ambas bolsas, aunque no se observaron diferencias relacionadas con la posición del grano.
En ninguna de las dos bolsas se observó la presencia de insectos vivos. Esto sugeriría que la concentración de dióxido de carbono alcanzada en el interior y el tiempo de exposición a dicha concentración fueron suficientes como para causar la muerte de todos los organismos vivos.
Técnicas de llenado
La tecnología de embolsado de granos secos requiere un adecuado llenado para expulsar la mayor cantidad de aire posible, no dejando la bolsa floja ni sobrepasando la capacidad de estiramiento recomendada por el fabricante.
Al llenar bolsas plásticas con granos secos se generan fuerzas desde el interior. Según Gustavo Clemente, del Departamento Técnico de Villa Nueva SA, por cada 10% de estiramiento en el flanco lateral se produce un estiramiento del 20-30% en el lomo. Esto reduce el espesor del plástico en la misma proporción, por lo que si se parte de una manta original de 200 micrones se llega a 140 micrones con el plástico estirado, aumentando los riesgos de roturas.
Un aspecto importante por vigilar durante el llenado es que a mayor peso específico del grano, mayor es la fuerza radial interna que se genera sobre el plástico, que se traduce en un mayor estiramiento. Por ejemplo, bolsas llenadas con trigo seco (750-820 kg/m3) provocan fuerzas superiores a un girasol seco (360-400 kg/m3).
Estas dos características determinan que sea necesario actuar con precaución durante el llenado y operar con niveles de estiramiento no superiores al 4-5% respecto del plástico original.
Por ser un sistema que tiene alta superficie expuesta, también hay que ser estrictos en la conservación de la membrana plástica. Pequeños orificios causan importante degradación del material guardado, ante lo cual se deben recorrer periódicamente las bolsas y reparar todos los daños.
Al momento de realizar la apertura de la bolsa, no se debe empezar por por la parte superior, sino por los sectores de menor estiramiento, cerca del suelo. Cuando se utilizan palas frontales montadas al tractor para el vaciado, se debe tomar la precaución de no topar la abertura de la bolsa, lo que provoca un sobreestiramiento que puede desencadenar en un corte en la parte superior que se extiende a toda la bolsa.






