
Enrique Kermes describió las diferentes características y modos de producción de esta prenda típica de los indios
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Para el tejido de los ponchos criollos, cada región se expresó según sus tradiciones y sus posibilidades en cuanto a materiales y colores. La cuestión del color -en esta columna nos referimos a los que se identifican con las llanuras pampeanas- hace tiempo que es objeto de interés para diversos observadores. Uno de ellos fue Enrique Kermes, quien en una carta dirigida a su amigo Eduardo Holmberg en 1893 relata parte de su experiencia en el valle del Río Negro, región en continuo contacto con los indios pampas. Allí expresaba:
"Los colores usados por los indios son, en primer lugar, los naturales: el guanaco tiene en el vientre lana blanca, rubia en los costados, y más oscura en el lomo; cada uno de los colores se hila por separado, para ser distribuido en el tejido en fajas de distintos matices, muchas veces con bastante buen gusto. Para el mismo fin, procura siempre el indio tener entre sus ovejas algunas negras.
No conocen procedimientos para blanquear, pero sí para teñir. En primer lugar, tiñen con raíces que contienen mordientes y con las que consiguen colores que imitan los de la lana de guanaco; asimismo, con otras raíces tiñen de amarillo, y con vegetales que tiñen de verde y carmesí. Cada familia tiene en esto sus secretos."
Sabemos que existía lo que podemos definir como una sucesión en cuanto al abrigo. Así es que en nuestras pampas dominó el quillango, un manto de pieles que se usaba colocando sobre el cuerpo la parte de pelo. Por entonces, el animal de mayor presencia en esas áreas barridas por el viento era el guanaco, cuya cría es el chulengo, el que tiene una extrema suavidad y calidez.
Tenemos conocimiento, gracias a los trabajos de Delia Palavecino, de que la técnica del tejido entró tardíamente en nuestras planicies, desde los Andes. Palavecino ubica ese desplazamiento hacia el año 1000 d.C.
Luego, evidenciamos la influencia de dos hechos importantes: la aparición de la lana de oveja y la relación del color con elementos simbólicos. La incorporación de otros colores también se advierte en la carta de Kermes.
En la época en que él escribe, fines del siglo XIX, en el mercado porteño ya se había impuesto el atractivo poncho que conocemos como poncho pampa. Tiene un fondo azul oscuro, casi negro, con detalles de diseños muy particulares que contienen connotaciones simbólicas.
La riqueza que posee una prenda textil, altamente significativa para la sociedad que la usaba, hace que sea un objeto de estudio multidisciplinario, puesto que es parte indiscutible de su patrimonio.






