El nuevo tipo de cambio incentiva la renovación de los montes y la inversión en tareas culturales; cambio rotundo respecto de 2001
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A partir de la devaluación, el sector frutícola del Alto Valle de Río Negro y Neuquén no sólo pudo cubrir sus costos sino también invertir en la renovación de los montes y efectuar las actividades culturales necesarias para una mayor productividad.
Esto significa un cambio rotundo respecto del año último, cuando desde la ruta nacional 22, que atraviesa el valle, podía verse el abandono de los montes. Un año atrás, la liquidación anual de las empresas no alcanzaba a cubrir la inversión, explica Juan Martín Rosauer, de la empresa Los Alamos de Rosauer SA. En las últimas campañas gran parte de los productores cayó en el endeudamiento con los bancos y con la AFIP.
El mayor nivel de ingresos por efecto del nuevo tipo de cambio les permite, a muchos de ellos, levantar hipotecas, recomponer la situación con el fisco y volver a cuidar las chacras. Los que no cargaban con deudas renuevan las variedades de sus plantas por otras de mayor competitividad a nivel internacional (como clones de Gala y clones mejorados de Red Delicius, en el caso de manzanas, y William´s, Abate Fetel, Packham´s, en el caso de las peras).
Sin embargo, algunas voces reconocen que los efectos de la devaluación no provocan un cambio rotundo en la proyección de la actividad, ni están al alcance de todos. Es decir, la falta de una política regional y sectorial no puede suplirse con un nuevo tipo de cambio.
Impulso de reconversión
"Gran parte de los productores renovó la maquinaria (la repararon o compraron nueva) y volteó montes viejos, ya antieconómicos", explica Alberto Diomedi, presidente del Centro Regional Patagonia Norte, del INTA. Desde hacía varios años el sector tenía el impulso del cambio, reconoce el productor, pero sin liquidez ni créditos dirigidos a la actividad, era imposible de llevar a la práctica. "La devaluación movilizó la reconversión de las chacras, le dio un nuevo horizonte al sector, al punto de que demanda más mano de obra", señala Diomedi.
Para marcar la diferencia respecto del año pasado, el productor indica que "por falta de dinero se postergaban las pulverizaciones contra la carpocapsa, y como consecuencia, "el francotirador" avanzó sobre las plantaciones".
La demanda de plantines, según Juan Martín Rosauer, aumentó un 50% respecto de 2001. Este año la empresa vendió 700.000 plantas. Según estima, el año próximo, cuando la reconversión de las chacras sea más explícita, habrá escasez de plantines, como consecuencia de que al prepararse las plantas para esta época, las proyecciones de la actividad no eran alentadoras.
Del recambio de variedades, asegura Rosauer, depende la competitividad del sector. Sin embargo, el retraso respecto de Chile, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica, principales competidores, podría estimarse en 30 años. Desde hace décadas la fruticultura sufre falta de normas claras; su evolución no responde a una planificación estratégica de la región, lamenta. "En esas condiciones, y sin crédito, va a ser difícil equiparar la eficiencia de esos países", dice Rosauer.
De todas formas, asegura, "los que recorren la zona se quedan maravillados por el nivel de actividad en el campo: poda, preparación de la tierra, reparación de canales... Renace la esperanza".
Por su parte, José Barría, ingeniero agrónomo especialista en fruticultura, también nota el impulso que recobran las chacras de los que lograron beneficiarse con los ingresos de sus exportaciones. Sin embargo, asegura, este incipiente cambio no logra revertir la situación coyuntural de la actividad. "Falta una política sectorial que defina una reprogramación a largo plazo", lamenta. En plena lucha contra la carpocapsa (enfermedad que perjudicó las ventas a Brasil, principal mercado destino), Barría advierte las consecuencias de no conquistar otros mercados. "Hemos perdido mucho terreno con nuestros competidores", evalúa.
Veranito de final incierto
Con prudencia, el productor Marcelo Turcovich evalúa: "Estamos viviendo un veranito, pero quién sabe cómo termina". El estima que el aumento de los insumos y de los impuestos terminará por disminuir la ventaja del nuevo tipo de cambio.
En este sentido, Miguel Miquel, de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI) apunta que "la devaluación es un beneficio parcial, erosionado por la retención del 10% a las exportaciones". En su opinión, lo único que permitió el mayor ingreso como consecuencia de la devaluación es realizar aquellos trabajos que demandan mayor mano de obra. "Lamentablemente, el equipamiento ha sido dolarizado, y los proveedores de insumos pretenden resarcirse del perjuicio que sufrieron por la pesificación de las deudas."
Según el directivo la renovación de los montes ha sido parcial porque "no hay plantas en cantidad suficiente y, además, quienes las producen han indexado los valores".
"En el exterior creen que sólo por efecto del nuevo tipo de cambio nos hemos puesto supercompetitivos, y no es así. Acarreamos dificultades para la compra de maquinaria e insumos, y sobrellevamos la falta de financiamiento", explicó.
Salvador Durán, presidente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, advirtió:"No hay dudas de que el nuevo modelo económico es pro exportador. Sin embargo, los beneficios del cambio se han concentrado en los exportadores, no alcanzan a los productores primarios". El señala que la consecuencia más grave es que, debido a la dolarización de los insumos, no disponen de fondos para enfrentar la carpocapsa.
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