
Hay cada vez más interés por "coches de pedigree" y resurgió el negocio de la restauración
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Hace muchos años que Luis María Loza lee e investiga la historia de los carruajes con los que se armaron las "cocheras de pedigree" de la Argentina. Alumno aplicado de Alberto Martín Labiano, de quien heredó dibujos para la edición de un libro, Loza trabaja hoy como asesor de la casa de remate de antigüedades Saráchaga y de Arandú Atalajes.
"La Argentina siempre miró a Francia y a Inglaterra para comprar carruajes, a pesar de que también existieron excelentes constructores en Italia y España", dijo a LA NACION esta semana, en la exposición Nuestros Caballos , un escenario tradicional de remates de vehículos de campo antiguos (aunque también aparecen carruajes de ciudad que cayeron en desuso y encuentran un lugar en las estancias). La exposición ganadera de Palermo es la otra fecha que reúne a estos coleccionistas.
En opinión de Loza, la provincia de Buenos Aires cuenta con el mayor patrimonio de carruajes antiguos del país, entre otros motivos porque el suave relieve favoreció la conservación y además, porque las familias ganaderas importantes fueron más proclives a mantener ese capital histórico en sus propiedades.
Según Loza, a partir de los años ochenta se renovó el interés por la compra de carruajes y poco a poco se diversificó el mundo de los interesados. Siempre a la cabeza están quienes buscan los "coches con pedigree", que pertenecieron a las familias Anasagasti, Pacheco de Alvear, Guerrero y Mihanovich, por mencionar algunas. Este segmento busca marcas reconocidas y vehículos originales en muy buen estado y puede pagar hasta 30.000 dólares. Después siguen aquellos que hace pocos años compraron una chacra o viven en un country con estética agreste y quieren pasear con los chicos o participar de alguna fiesta patria en el pueblo cercano. Por último se cuentan aquellos que buscan coches para competencias deportivas.
El negocio que resurgió en los últimos años, según cuenta Loza, es el de los talleres de restauración, entre los cuales se destacan el de Carlos de Cabo, en Ituzaingó; el de Enrique Holmberg y Jorge Méndez, en San Antonio de Areco; el de Julio Fateche, en Escobar; el de Hugo Peralta, en Monte, el de Juan Franco Ispizua, en Marcos Paz, y el de Marrio Erregue, en San Vicente. La fabricación y el arreglo de guarniciones por parte de talabarterías tradicionales también va en alza.
Este conocedor se admira del entusiasmo actual por mejorar la calidad de presentación y de las guarniciones en las "atadas" o pruebas que se organizan en el interior bonaerense. "Ahora están perfeccionando el manejo", dice Loza, entusiasmado y recuerda, de paso, el éxito del 5° Encuentro del Caballo y del Carruaje, organizado en Chascomús en febrero último.
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