Juan María Gutiérrez y la poesía gauchesca

Rafael Arrieta lo llamó “el crítico por excelencia de nuestro siglo XIX”
Rafael Arrieta lo llamó “el crítico por excelencia de nuestro siglo XIX”
Pablo Emilio Palermo
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11 de mayo de 2013  

Veloces van por la grama, / lanzando espumas y llama, / dos corceles, / y en vez de polvo levantan / esencias puras que encantan, / de claveles." Juan María Gutiérrez (1809-1878), destacado intelectual, notable escritor, constituyente en 1853, rector de la Universidad de Buenos Aires, reunió en 1869 sus producciones poéticas en un volumen.

A aquellas estrofas que ensalzaban al gran día 25 de Mayo (su poema "A Mayo" ganó el certamen poético en Montevideo en 1841), y a esas otras que militaban contra Juan Manuel de Rosas, Gutiérrez sumó cantos amatorios y, bajo el título de "Composiciones nacionales", algunos preciosos testimonios de su afición por la literatura gauchesca.

"Dos jinetes", poema escrito en alta mar en diciembre de 1843, con cuyos iniciales versos hemos iniciado estas líneas, es ejemplo de lo afirmado. "El alazán en sus espaldas lleva / una moza del pago, / gallarda a toda prueba, / pero rebelde al amoroso halago". "Quiebra los bríos del ardiente moro / un mocetón". "A mi caballo", versos endecasílabos que suspiran por la ausencia del fuerte alazán y por las desdichas del amor, fue concebido para la solitaria meditación del que todo lo ha perdido y debe vivir en el destierro.

"¡Rey de los llanos de la patria mía, / mi tostado-alazán, quién me volviera / tu fiel y generosa compañía / y tu mirada inteligente y fiera!". Elogio tras elogio para su moro suelta el autor en la "Endecha del gaucho" (1838), quintillas musicalizadas por el dúo Gardel-Razzano y que presentan al noble animal vencedor y siempre irreemplazable, al punto de ser preferible a la propia mujer: "¡indio, vuélveme mi moro, / yo te daré mi querida / que es luciente como el oro!"

En esta línea nacional cultivada por Gutiérrez merecen incluirse "Los amores del payador", duelo de gauchos que se disputan el amor de la bella Juana, y la estampa de la pampa desierta en el poema "El árbol de la llanura", himno al extenso ombú de bienhechora sombra: "¡Oh! Necio del que inculpa por indolente al gaucho / que techo artificioso no quiere levantar: / el cielo le ha construido palacio de verdura / al pie de la laguna, su transparente umbral".

En su ensayo "La literatura de Mayo", aparecido en 1871 en la Revista del Río de la Plata, Gutiérrez aseguró que también el popular cielito (como unión de danza, música y palabra) recibía un altar improvisado bajo la copa del ombú, "a la luz de las estrellas en una travesía del desierto mientras pacen la grama los caballos y las brasas del tala o del algarrobo sazonan el asado".

Rafael Alberto Arrieta llamó a Gutiérrez "el crítico por excelencia de nuestro siglo XIX". Compiló en cinco tomos la obra de Esteban Echeverría, historió la enseñanza superior en Buenos Aires y reunió las voces del Nuevo Continente en la América poética.

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