El temor de perder lo que costó lograr
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Uno valora las cosas cuando teme perderlas. Y eso ocurre con el status de la Argentina como país libre de aftosa por parte de la OIE(Oficina Internacional de Epizootias). La memoria vuelve a aquel momento en que el entonces presidenteCarlos Menem vacunó el último novillo. Ello sucedió hace un año y tres meses en la estancia Facundo, al norte de la ciudad de Córdoba, y la euforia y el entusiasmo inundaron el mundo ganadero. Un año después de aquella inoculación -en mayo último- el presidente Fernando de la Rúa firmó la resolución que declara al país libre de aftosa sin vacunación.
Se llegó así al último paso que requería la OIE para incluir el país en el máximo status sanitario en el comercio mundial de carnes.
La erradicación de la aftosa supone para la Argentina un ahorro fundamental de dinero, ya que el control de la enfermedad acarreó, entre 1992 y 1999, un gasto de 100 millones de dólares al año.
Ello sin contar otras consecuencias positivas, como la apertura de mercados considerables para los industriales.
El control en las fronteras pasó -a partir de entonces- a adquirir una importancia trascendental.
Los mayores temores no se concentraban en la frontera con Paraguay, sino en la de Bolivia, que era el único país limítrofe que no había erradicado la aftosa (ni con vacunación ni sin ella).
Lo cierto es que la decisión mundial de la OIEbrindó a la difícil realidad argentina nuevas perspectivas favorables. Fue la culminación de una acción conjunta de la producción, la industria, el comercio de ganados y carnes y el Estado.
Recuerdo de un flagelo
La aftosa había ingresado en la Argentina hace más de un siglo con la importación de reproductores. Según indicó el especialista en comercio exterior, Alberto de las Carreras, "la aftosa no fue un obstáculo infranqueable para desarrollar el comercio con Gran Bretaña, principal corriente mundial de carnes". Ello sucedía, según explicó De las Carreras, "porque los ingleses necesitaban alimentos baratos para sus obreros y algunos brotes de aftosa podían ser sofocados a bajo costo".
Como es sabido, con el tiempo Europa redujo sus importaciones de carne vacuna. Crecieron las de Estados Unidos y las de Japón y otros lugares de Asia.
Estos polos de consumo, libres de aftosa, rechazaron las exportaciones argentinas. Recordó De las Carreras que "en la década del 30 la Argentina concentraba el 53 por ciento de las ventas mundiales de carne vacuna". Hoy sólo representa el 6/7 por ciento.
El año 1971 marca el momento en que Argentina dejó de ser el principal exportador de carnes mundiales. La difusión de la aftosa tuvo su parte en ese cambio.
En la década del ochenta se aceleró el deseo de combatir la enfermedad, y productores y científicos impusieron un sistemático enfrentamiento a un mal que diezmaba cabezas.
La situación cambió con la aparición de la vacuna oleosa creada por el doctor Schlein Rivenson, del INTA. La actividad viral de la aftosa no fue más una amenaza y nadie quiere que vuelva a serlo.
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