
Este año sólo se destinaron al cultivo 250 hectáreas; tres años atrás sumaban 750
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SANTA FE (De nuestro corresponsal).- La producción de frutilla santafecina, durante los últimos 80 años convertida en un símbolo de una región, con epicentro en Coronda, 45 kilómetros al sur de esta capital, ha comenzado a desaparecer. Y, según admiten sus propios responsables, si el año próximo no se puede recuperar el área sembrada y persisten los factores climáticos adversos la tradicional fruta de la región pasará al olvido.
El cuadro es dramático por donde se lo mire: este año sólo se destinaron al cultivo unas 250 hectáreas, un tercio del total que se sembraba hasta hace apenas tres años (750 hectáreas), y, además, el vendaval que se desató a principios de semana sobre esa zona provocó la voladura de los túneles de los surcos (una especie de cobertura para las plantaciones), por lo que el agua y el granizo que acompañaron al fuerte viento terminaron por arruinar entre el 30 y el 50 por ciento de la producción lista para cosechar.
Pronósticos
Quinteros consultados por LA NACION indicaron que "si bien la situación era crítica hasta hace algunas semanas, principalmente por las erogaciones que demandan los cultivos para poder asegurarse rendimientos que posibiliten un recupero de la inversión, al menos teníamos esperanzas con la exportación. Pero ahora, el tiempo que demandará la recuperación de las plantas y la pérdida total de algunas hectáreas donde ya había comenzado la cosecha, modifican todos los pronósticos". La zona frutillera por excelencia, que abarca explotaciones de Coronda y los vecinos distritos de Arocena y Desvío Arijón, muy próximas al río Corondá, afluente del Paraná, fue perdiendo espacio en el mercado interno, a la par que crecían sus preocupaciones.
La merma del área sembrada influirá en el resultado final. Teniendo en cuenta que para generar una hectárea sembrada con frutilla se requiere una inversión promedio de 25 mil pesos, son cada vez menos los productores interesados en atender, con insumos dolarizados y sin financiación, explotaciones con rendimientos muy acotados. Una posibilidad cierta de recuperar este sector es apuntar hacia las exportaciones, ya que la caída del consumo interno generará un excedente, el que podría destinarse a la elaboración de pulpa o la misma frutilla congelada o feteada para postres y/o helados.
La cosecha frutillera en esta provincia se inició hace apenas dos semanas y de los 7 millones de kilos que se prevían como resultado total de la campaña ahora se esperan entre 4 y 5 millones. La frutilla santafecina -principalmente la variedad camarosa- es una denominación de origen que sintetiza el prestigio alcanzado por el producto de esta zona, el que se distingue de igual fruta cosechada en la precordillera, tanto por su sabor como por su tamaño, color y aroma.





