
La escritora, recientemente fallecida, dio testimonio de seres muchas veces olvidados en la literatura
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Leguas de polvo y sueño (1965), de la recientemente fallecida miembro de la Academia Argentina de Letras Alicia Jurado, es, quizás, "el más argentino de los libros", como lo clasificó otra académica.
Gran amiga de Jorge Luis Borges, Jurado escribió con él ¿Qué es el budismo? (1991). Y sobre él, el ensayo Genio y figura (1964). Autora también de tres libros de memorias, y de varias novelas, recibió la Faja de Honor de la SADE, el primer premio Nacional de Ensayo y Crítica Literaria, el primer Premio Municipal de Ensayo y el Segundo Premio Nacional Juan Bautista Alberdi.
Es, quizá, Leguas de polvo y sueño (1965) "el más argentino de los libros", como lo calificó otra académica. Compila cuentos con personajes y hechos reales que ocurrieron en su estancia El Retiro, del partido de Tapalqué, cuyo primer dueño fue José María Jurado, abuelo de la escritora y tres veces presidente de la Sociedad Rural Argentina. Según su nieta, Ana Aramendi Jurado, se trata de "uno –si no es el único– de los libros más queridos por Alicia".
Cuando Borges visitó la estancia de Jurado, en 1958, dejó en su álbum de visitas un verso que hacía referencia al patio de baldosas blancas y negras del antiguo casco y al libro que él y Jurado habían empezado a escribir juntos. De allí surge el título del volumen de cuentos de Jurado:
El tiempo juega un ajedrez sin piezas en el patio./ El crujido de una rama rasga la noche./ Fuera, la llanura leguas de polvo y sueño desparrama./ Sombras los dos, copiamos lo que dictan otras sombras: Heráclito y Gotama.
Testimonio de una época desaparecida, el libro muestra su cariño por esta tierra y refleja su apego por la llanura que la vio crecer. En él, Jurado revive la naturaleza, el monte, la casa y los personajes que poblaron su vieja estancia, vecina del campo de otro escritor, Adolfo Bioy Casares.
En sus relatos, la obra muestra esencialmente a las mujeres, muchas veces olvidadas en la literatura sobre el campo argentino. Está la esposa que continúa haciendo dulce de duraznos mientras toda la estancia espera la llegada del malón, o la muchacha que encuentra en esa misma noche por primera vez el amor. También encontramos a Rosa Molina, que "entre sus muchas peculiaridades, tenía una tan rara en el campo nuestro, donde la mujer está replegada a cebar mate y a criar gallinas, que no conozco otro ejemplo ni oí mencionar en mi vida un caso análogo: sabía domar caballos"; a la maestra de escuela, a la viuda en busca de un marido o la parturienta abandonada.
Pero hay un personaje que atraviesa todas las historias, y que es, sin duda, la llanura pampeana, presente en cada relato de Leguas de polvo y sueño, "la tierra donde aprendí a caminar, el lugar que más quiero en el mundo", según la propia autora. Y podríamos agregar, quizás, el lugar donde también aprendió a escribir.
Escribió Alicia Jurado en el prólogo de Leguas de polvo y sueño que al llegar la hora de abandonar este mundo, le hubiera gustado partir recordando unas cuatro o cinco imágenes, todas ellas de su estancia, escenario de aquel libro. No sabemos si así fue, pero sí que esas imágenes seguirán siendo recordadas gracias a sus relatos y al de sus sucesivos lectores.






