
Durante 24 años Héctor Godoy desempeñó esta tarea para la Rural; hoy, a los 75 años, habla de aquellos tiempos.
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SANTA FE.- Trabajó durante veinticuatro años en la Sociedad Rural Argentina como inspector de pedigree. Viajó por todo el país. Actualmente, pese a su retiro, sigue siendo un verdadero embajador de la entidad y un cultor de la amistad que supo entablar con miles de productores de la extensa geografía del país. Hoy, este hombre de 75 años, dice que su mayor virtud fue haber sido peón de campo, tarea que desempeñó en una estancia ubicada en la localidad santafecina de Clason.
Su tarea consistía en examinar cualquier animal de pedigree con el propósito de verificar las inscripciones archivadas en la oficina a su cargo. Periódicamente la institución lo enviaba a diversos establecimientos del país. Los criadores eran preavisados mediante una carta que era despachada con 15 días de anticipación.
Godoy tiene el recuerdo fresco de cuando en 1985 recibió de las propias manos del presidente de la Sociedad Rural Argentina, Guillermo Alchouron, una plaqueta en reconocimiento a la labor desempeñada.
"A pesar de haberme jubilado, todos los años me invitan especialmente a las exposiciones. Se ve que dejé buenos recuerdos en Buenos Aires", dice y se alegra este hombre humilde, cuya máxima virtud es la de siempre querer aprender.
Héctor Godoy nació en Azul, provincia de Buenos Aires, el 13 de julio de 1923. De niño le gustaba ir al campo de su padre, que era abogado. El anhelo no siempre era compartido por el resto de sus hermanos, que en muchas ocasiones se resistían a ir. "Me sentía feliz haciendo alguna actividad los fines de semana. Creo que siempre sentí un atractivo especial por el campo", reflexiona.
Actualmente está casado con Enis Martignon y vive en la provincia de Santa Fe, aunque de joven vivió en Mar del Plata. Luego buscó trabajo sin éxito en Buenos Aires, hasta que el destino lo llevó a desempeñar tareas de peón de campo en la localidad de Clason, en la estancia Los Leones, que en ese entonces tenía cerca de 3000 hectáreas.
A partir de allí comenzó a aprender los secretos de la actividad. Posteriormente, ambientado en el campo, fue a solicitar trabajo a la Sociedad Rural Argentina. Durante los primeros seis meses acompañó a un avezado inspector que le enseñó los puntos básicos de la actividad. Al cabo de ese tiempo la institución le encomendó la primera tarea, y comenzó a viajar a diversas estancias argentinas.
En ese entonces, algunos criadores solicitaban inspecciones especiales con el fin de verificar la individualización de determinados animales existentes en la cabaña. Al finalizar la tarea, el inspector procedía a redactar un informe que podía llegar a la observación de la cabaña cuando había irregularidades o deficiencias.
"Trabajar en la Sociedad Rural significaba gozar de mucho prestigio, nadie hablaba de coimas, de arreglos fuera de lugar. Ni siquiera se animaban a decir algo. Además, siempre estuve rodeado de gente que buscó eternamente hacer el bien."
Chapa de peón
Cuando solía haber alguna diferencia de criterios con los estancieros y fundamentalmente con los encargados de las cabañas, Godoy solía afirmar: "Yo fui peón de campo, ¿usted fue peón de campo?" "Para mí fue como haber logrado un doctorado en Harvard", asegura el hombre, y sonríe con el solo hecho de recordarlo; luego opina: "Los antecedentes logrados en Clason me dieron una especie de autoridad en cuestiones de campo, que hoy felizmente conservo".
Los productores tienen la obligación de tatuar en las orejas el número de registro particular, de acuerdo con las normas que establece la entidad. Por ejemplo, en la razas Aberdeen Angus y Galloway es obligatorio en ambas orejas, en tanto que en la Charolais se debe hacer con número de 11 milímetros. Godoy alega, no obstante, que el principal detector de las eventuales mentiras de los productores estaba en la dentadura de cada animal. "Allí no todo el mundo sabe mirar, y ésa era mi profesión", expresa con orgullo. "Los mejores recuerdos son los de la Patagonia, esa inmensa región repleta de curiosidades. La gente es muy correcta y trabajadora. Nadie imagina cómo este trabajo me cambió la vida; quizás el contacto con la gente y el conocimiento de nuevos paisajes me hizo pensar distinto sobre la Argentina", reflexiona en diálogo con La Nación .
Los recorridos se realizaban cada tres o cuatro años. "En cada cabaña, en cada estancia, la gente tiene su propio ritmo de trabajo y hay que adaptarse a esa situación", explica el ex inspector. En ese entonces eran cinco las personas que desempeñaban esa tarea en la Sociedad Rural Argentina, que actualmente continúa llevando los registros genealógicos de las distintas razas explotadas en el país, de las especies bovinas, ovina, porcina, canina, felina, caprina, vulpina y otras.
Godoy conserva aún hoy el reglamento de los registros genealógicos que entró en vigor el 1º de enero de 1972. En ese libro figura la función de las comisiones de criadores, las disposiciones generales de la entidad, y los requisitos propios de su función. "En aquella época era mi libro de cabecera, y sigue siéndolo", afirmó.
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