La sangre de un poeta, en un pueblo de La Pampa

Federico García Lorca
Federico García Lorca Fuente: Archivo
Gladys Sago
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18 de agosto de 2018  • 01:20

REALICÓ.- Referente de la literatura española del siglo XX, el poeta Federico García Lorca, miembro de la mítica generación del 27, escribió numerosas obras de teatro después de haber estudiado Filosofía y Letras y Derecho. Fue asesinado en Granada durante la Guerra Civil Española, por su condición de republicano y homosexual.

Escueto, el historial resumido del hombre muerto a los 38 años que se regodeaba entre aires morunos y las calles de Nueva York y que surgiera como dramaturgo en los teatros de un Buenos Aires donde residió varios meses engarza con su corto poema "El silencio", premonitorio de su propia vida, en la plenitud creativa y del disfrute: "Oye, hijo mío, el silencio./Es un silencio ondulado, /un silencio, /donde resbalan valles y ecos/ y que inclina las frentes/ hacia el suelo".

Tuvo aquel conflicto consecuencias que marcaron la historia posterior de España, que se perpetuaron más allá de la posguerra, propicia para la diáspora y para que se instalara el régimen de Francisco Franco hasta 1975. La Argentina recibió a españoles de todas las clases sociales -como en la oleada que aportó al poblamiento-, en especial a los que ya tenían parientes en el país. Como Domingo Morán, que llegó a Fortuna, en el sur de San Luis.

El muchacho estaba en la milicia, cuando en un campo de tiro a 15 kilómetros de Granada, el 18 de agosto de 1936 fusilaron al poeta. Franco, desde Ceuta, había invadido Andalucía y el estruendo de las bombas del ejército lo dejaron sordo para siempre, por ese motivo le dieron la baja y optó por dejar el Mediterráneo y cruzar el Atlántico. Morán heredó campos y después de un tiempo se radicó en Parera, localidad del norte de La Pampa, donde existe el museo El Tordillo (porque así se llamaba el paraje antes de la fundación), iniciado y sostenido por Omar Rodríguez, que preserva todo lo que remite a la historia local. Entre las infinitas y dispares tramas de todo lo que atesora, se destaca una bandera española de la época, con paños verticales en cuyo centro se lee, con el escudo correspondiente en el medio, Comandancia Artillería de Ceuta.

Una historia

Rodríguez comenta que siempre Morán le contó la misma historia, hasta que falleció hace unos diez años. Relataba que su jefe, el militar que debía cumplir con la orden de fusilar a García Lorca, una vez ocurrido el hecho sintió lástima y antes de empujarlo a la zanja lo cubrió con la bandera; esa que antes de las paladas de tierra se guardara el joven soldado como símbolo irrefutable de un tiempo que nunca más olvidaría. La bandera tiene tres agujeros que -según decía- fueron hechos por las balas. También hay manchas de sangre que se diluyeron un poco en ese trapo con su franja amarilla un tanto deslucida, porque las prolijidades familiares no siempre se avienen a respetar la historia tal y como se presenta; fue la nuera de Morán la que lavó la bandera en su momento. Se podría decir, entonces, que en La Pampa hay gotas de sangre de Federico (que nadie analizó).

La vida del hombre discurrió con la placidez de una cotidianeidad conocida, lejos de la tierra a la que jamás regresó; en su trajinar, visitaba El Tordillo con asiduidad, para recordar su experiencia, aunque nunca asoció el tema a la trascendencia que podría tener un descubrimiento semejante.

Todavía se intenta dilucidar la ubicación exacta del pozo que se tragó los cuerpos del poeta, un maestro y dos banderilleros, mientras en la quietud de estirpe agropecuaria, un símbolo de aquella patria partida en dos espera ser interpretado.

Curiosa y temeraria tarea queda pendiente, la de animarse a descifrar el ADN de unas gotas de sangre que se confunden con el rojo intenso de una bandera de guerra española. En la llanura pampeana, el silencio ondulado de Federico García Lorca, puede, tal vez, recobrar la cadencia de su voz. O dejar su esencia allí, guardada, para que solamente la reanime la memoria colectiva cuando elige sus palabras.

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