Las carnes deben poner la mira en el 2000

Alberto de las Carreras
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8 de agosto de 1998  

Con el fin de la aftosa aquí, se esperaba en el mundo una mayor participación de las carnes argentinas en el escenario internacional.

Habían abierto sus puertas los Estados Unidos,

Canadá, las islas del Caribe, Austria, Finlandia, Croacia, Eslovenia, Sudáfrica, Colombia, Ecuador, Malasia, Taiwan, Singapur, Filipinas, China, Vietnam, Tailandia y se habían renovado acuerdos sanitarios en varias otras naciones.

En nuestro país teníamos dudas porque sabíamos del avance arrollador de los granos y de los efectos de la sequía de 1995 sobre la fertilidad de los rodeos. Pero nadie supuso la evolución que tendrían los precios de los vacunos, que cobraron una aceleración vertiginosa.

El propósito de este artículo consiste en ubicar con la precisión que permiten nuestras endebles estadísticas la situación ganadera con el valor agregado que más interesa, que son las perspectivas.

El comienzo de un ciclo



Estamos en un ciclo ganadero clásico, de los muchos que se conocen desde que se tiene memoria estadística. Comenzó en julio del año último, cuando las cotizaciones de la hacienda dieron su primer brinco.

Pocos recibieron el aviso, pensaron que se trataba del repunte estacional, algo exagerado por razones climáticas. Sin embargo, el segundo semestre de 1997 mostró el comienzo de una retención de vientres, que es el dato revelador de la aparición de un nuevo ciclo.

El cuadro 1 muestra no sólo la reducción de la oferta del último trimestre del año, del 6 por ciento, sino también el comportamiento de cada tipo de ganado. Adviértase la magnitud de la declinación de la venta para faena de reproductores, terneros y terneras. El precio no hacía sino mostrar esta realidad. Se sabe que la demanda de carne vacuna es inelástica, de modo que no debe extrañar la magnitud del impulso ascendente de las cotizaciones.

1998 comenzó con un nuevo salto de los precios, que se explica por una intensificación de la reducción de la oferta que resultó ser del 12 por ciento para los primeros tres meses del año. Otro salto más de los precios sorprendió en abril y se proyectó hasta el presente, lo cual se explica por otra vuelta de tuerca en la oferta que descendió 25 por ciento respecto del mismo lapso del año último. Véase otra vez la intensidad de la declinación de la oferta de reproductores y de terneros.

Un ciclo con condimentos



Los ciclos vacunos han sido intensos en nuestro país y el actual también lo es, para sorpresa general, dado que se pensaba que la estabilidad de la economía debía proyectar moderación.

Ocurre, sin embargo, que la naturaleza intrínsecamente cíclica de nuestra ganadería y de las de todo el mundo tiene factores coadyuvantes, los cuales en el léxico económico reciben la denominación de externalidades.

En este caso, las externalidades han sido dos. Por un lado, el gran crecimiento de los precios agrícolas de 1995/96, que llegó a convencer a muchos de que se trataba de un movimiento de largo plazo. Estuvo acompañado aquí de un crecimiento de la productividad del cultivo de los granos de mayor magnitud que el de la ganadería vacuna, de desarrollo más pausado.

Ambos factores provocaron un aumento de la superficie sembrada con granos de 21 a 26 millones de hectáreas, que restó tierras para la ganadería, que no pudo compensar esa pérdida con mayor productividad. Por eso el stock se redujo en 3 millones de cabezas. Adicionalmente, ocurrió una mudanza de animales hacia regiones de menor productividad.

La otra externalidad fue la baja fertilidad de los vientres a raíz de la sequía de 1995, de manera que los nacimientos de 1996 fueron menores, hecho que estaría influyendo en la faena de 1998.

En realidad, este factor se combina con la reducción del stock de hembras, porque los vientres vacíos toman el camino de la faena.

Las perspectivas



La duración de los ciclos suele ser una característica secular de las ganaderías. En los Estados Unidos duran entre 9 y 10 años; en la Unión Europea 4, y entre nosotros 5 años. En nuestro país, la etapa de retención de vientres ha durado dos años, luego de lo cual se moderaba.

De aceptarse este antecedente, se debería pensar en mayores nacimientos a partir de 1998 y en una disminución de la retención de vientres después de dos años de retención, por lo cual debería ocurrir un gradual aumento de la oferta global a partir del segundo semestre de 1999 para acentuarse en el 2000. Para entonces hay que prepararse para exportar más.

Cabe preguntar si la superficie agrícola se mantendrá en los 26 millones de hectáreas y en caso que así fuera, si la ganadería podría aumentar su capacidad productiva. La respuesta parecería ser afirmativa por la incidencia de dos factores. Por un lado, por el aumento de la productividad, basada en mejoras tecnológicas que se están incorporando. Por otro, por la incorporación de los engordes a grano sea suplementando el pasto como en corrales. De paso, esto último podría resolver el problema que crea la tendencia al consumo de carnes tiernas que ha elevado la faena de animales de corta edad. Como la carne de los engordes a corral es más tierna, se podría abastecer esa tendencia de los consumidores nacionales con animales de mayor edad y peso.

El derrumbe de un mito



El gran aumento del precio de la carne vacuna como correlato de la elevación tan abrupta del precio de los animales no ha tenido influencia alguna en el índice general de precios, que se ha mantenido estable.

La carne mucho más cara ha convivido con la estabilidad. Durante décadas, la mente de una gran mayoría estuvo poblada por la creencia de que la carne impulsaba la inflación, motivo entonces de medidas destinadas al control de precios y mercados.

La experiencia confirma la teoría económica que nos enseña que en un contexto de estabilidad, cuando un precio sube otros bajan.

Cambió el escenario internacional

Declive: la exportación de carne registra un marcado retroceso; de 520.000 toneladas vendidas en 1995, hoy se proyectan exportar sólo 280.000.

"El panorama de restricción de la oferta de vacunos y sus precios en nuestro país explica la declinación de nuestras exportaciones de carnes, que de las 520.000 toneladas vendidas en 1995 retrocedieron a 430.000 en 1997 y se están contrayendo a niveles que no superarán las 280.000 en el año que corre", explicó el ingeniero agrónomo Alberto de las Carreras.

Señaló además que hay cuatro importantes empresas netamente exportadoras que debieron suspender sus operaciones así como varias otras de menor escala.

Mercado externo

En opinión del flamante académico de número, el mercado externo ha contribuido, con la restricción de la oferta de ganado, a reducir las exportaciones. "En Europa, si bien poco a poco se va recuperando la demanda, tan sacudida por el mal de la "vaca loca", no se ha recobrado en los niveles anteriores. Además, tiene como nuevo componente el stock de intervención, acumulado precisamente por la crisis del consumo europeo.

"El mercado asiático está resentido y eso rebota sobre los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda", destacó.

En cuanto a la repercusión de los precios del ganado en los Estados Unidos, Alberto de las Carreras dijo que ésta se demora por el impacto asiático, que frena sus exportaciones, que habían llegado a representar el 8% de la producción norteamericana. También por las mayores importaciones desde Australia y Nueva Zelanda, las que en los últimos años se habían orientado hacia el Asia Pacífico.

"Las ventas argentinas a los Estados Unidos estarán muy lejos de cubrir la cuota de 20.000 toneladas; sólo podrían cubrir unas 6000, aunque como dato positivo se contabiliza el promisorio aterrizaje de nuestros cortes de parrilla, un buen nicho en el gran mercado del Norte", expresó.

Según el catedrático, el mercado brasileño está muy resentido porque nuestros novillos valen 1,20 el kilo frente a los 90 centavos de Brasil. Sólo la famosa "picaña" y algunas menudencias tienen mercado. En Chile pasa lo mismo, aunque con menos intensidad porque el ganado allí es más caro. Las carnes uruguayas, brasileñas y paraguayas son más competitivas que las nuestras, en tanto Nueva Zelanda y Australia ensayan su aparición.

"El escenario internacional ha cambiado tanto que aquí como en el Uruguay se estudia la importación de ganado de Australia, invirtiendo así el cuadro del pasado, cuando esta nación representaba el espejo en el que nos mirábamos.

"Aunque parezca que ahora la promoción externa puede esperar, opino lo contrario, dado que la organización y estudios previos de un mecanismo de esta índole requieren tiempo de maduración", finalizó.

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