Coronavirus: las crisis tienen que dejar enseñanzas

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
La producción no se paraliza
La producción no se paraliza Crédito: Archivo
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4 de abril de 2020  • 01:30

Los países que aprenden las lecciones de las crisis están mejores preparados que aquellos que las olvidan cuando sobreviene una nueva situación de dificultad. Los especialistas destacan cómo Corea del Sur enfrentó la pandemia del Covid-19 con testeos masivos y aislamientos porque se preparó tras haber padecido la irrupción del SARS en 2003. ¿Qué relación tiene esto con la agroindustria y la producción de alimentos? Mucha.

Las decisiones unilaterales de municipios y provincias que impiden la circulación de personas y transporte de cargas más allá de las disposiciones del gobierno nacional revelan la endeblez de las normas frente a una emergencia.

El gobierno de San Luis, por ejemplo, impidió el ingreso de productores de Córdoba o la salida de la provincia de aquellos que se encontraban trabajando en su territorio. Frente a ese hecho, la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez) expresó "un enérgico repudio a las prácticas feudales del gobierno de San Luis, que atentan contra la cadena productiva, contraponiéndose al federalismo que debe primar en estos momentos en que todo el país está sumando sus esfuerzos en la lucha contra el coronavirus".

Según testimonios de productores de la región, la policía provincial impide el paso de trabajadores y productores. Esto afecta a los trabajos de cosecha, tambos y establecimientos ganaderos.

En el resto del país, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) relevaron hasta anteayer 70 municipios de nueve provincias en las que hay restricciones expresas de los gobiernos locales, decisiones gremiales de transportistas locales u otras medidas que dificultan el paso de cargas con productos agropecuarios y alimentos.

A su vez, la Federación Argentina de Citrus (Federcitrus) expresó: "a pesar del esfuerzo por mantener las corrientes de abastecimiento doméstico y exportadora, nos encontramos con numerosas trabas imprevisibles y entendemos no justificadas. Imprevisibles porque no responden a la política general del gobierno nacional al respecto, tomadas por parte de Intendentes y algún Gobernador que han tomado medidas que restringen el tránsito de personal esencial, de maquinaria y de la cosecha a los centros de empaque o elaboración y su posterior envío a los puertos y mercados concentradores". En el NEA y el NOA, el sector emplea a unas 120.000 personas "en la cosecha, empaque, fletes y fábricas de derivados agroindustriales, y que en un año normal se ha exportado por valor de US$ 1000 millones", destacó Federcitrus.

En varias cadenas se pusieron en marcha protocolos de cuidado sanitario para los trabajadores de la actividad, entre ellos la Asociación Citrícola del Norte (Acnoa) que coordinó con Uatre y el gobierno de Tucumán medidas de cuidado en el comienzo de la campaña de limón.

De las crisis se sale con más diálogo, no con menos. Esa fue la impresión que se llevaron los dirigentes de la Mesa de Enlace que tuvieron una reunión virtual con el ministro de Agricultura, Luis Basterra. En el encuentro hicieron un repaso de los problemas y soluciones que tenía la agroindustria en la crisis. Desde los problemas en las cadenas de pagos hasta los riesgos de adoptar decisiones intervencionistas como la que fijó la Secretaría de Comercio que obliga a los frigoríficos a informar cantidades y precios de la media res, un dato que el Gobierno ya puede obtener por otros medios.

"Cuando se intervino el mercado de las carnes se perdieron entre 11 y 12 millones de cabezas", recuerda el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Jorge Chemes.

"Queda muy claro en esta crisis el rol que tiene la producción de alimentos, necesitamos dialogar para encontrar soluciones porque no queremos que desaparezcan productores como reveló el último Censo Nacional Agropecuario", dice Chemes. Hay que recordar que entre 2002 y 2018 se redujo un 25% el número de productores.

El presidente de CRA no olvida que antes de la crisis de la pandemia por el nuevo coronavirus la agenda del campo tenía en primer lugar la elevada presión impositiva de todos los niveles del Estado. "De cada 100 pesos de facturación entre 70 y 75 van en impuestos", señala.

Aunque en un lugar menos visible, en esa agenda también está la temática del desarrollo rural. Cuando las medidas de aislamiento social se tomaron tarde, el virus se transmitió con mayor velocidad en las ciudades más grandes. Cada vez son más las personas que se preguntaron en los últimos días si no había que descentralizar las megalópolis.

La idea de "ir a vivir al campo" ya no debería plantearse como una imagen romántica del hippismo de los años sesenta sino, acaso, de supervivencia. Si las sociedades y los gobiernos toman en cuenta las lecciones que puede dejar la pandemia, las ideas que alientan el desarrollo rural deberían tomarse en consideración y no como una mera utopía. Que haya más gente viviendo en el campo o en ciudades pequeñas es un tema a debatir y planificar antes de que llegue la próxima pandemia.

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