
Se asegura que son las que más afectan los rendimientos y calidad de los cultivos
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Una de las novedades más interesantes presentadas en las jornadas "Manejo integrado de enfermedades en cultivos extensivos", organizadas por la empresa Sumidea, resultó el sistema de puntuación para enfermedades de fin de ciclo foliares en soja realizado por la especialista brasileña Marta Blum, de la Universidad Agronómica de Passo Fundo, Rio Grande do Sul, Brasil.
El mencionado sistema otorga puntaje diferente a distintos tipos de variables con el objetivo de decidir la aplicación de fungicidas en el cultivo de soja.
Por ejemplo, para precipitaciones por encima de lo normal, otorga 8 puntos; para dos cultivos sucesivos de soja, otros 8; para la deficiente calidad de la semilla, 3 puntos; a los cultivos altamente susceptibles a oidio, otros 8. También otorga puntajes diferentes a la respuesta a la productividad con la aplicación de fungicidas, al ciclo de cultivar al sistema de labranza, al potencial productivo de la semilla y a la disponibilidad de nutrientes.
Cuando se obtiene un puntaje superior a 30 puntos se recomienda aplicar tratamientos, aun sin síntomas visibles en las plantas. Este sistema está siendo adaptado al país por la cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires y permitirá, en breve, que los asesores cuenten con una herramienta objetiva y efectiva a la hora de decidir las aplicaciones.
La especialidad agronómica denominada fitopatología (estudio de las enfermedades de las plantas cultivadas) parece estar encontrando un papel cada vez más destacado en el quehacer diario de productores y asesores.
"Son las enfermedades las que más afectan los rendimientos y la calidad de nuestras producciones, por eso pareció oportuno invitar a los fitopatólogos a participar de un encuentro transversal (no por determinado cultivo, soja, girasol, trigo u otro) y general para tratar de encontrar profundidad y claridad en estos temas", comentó Daniel Schonwalder, coordinador de las jornadas.
El control químico fue sólo una parte de los rubros discutidos en la reunión. El "manejo integrado" es un concepto más global y que involucra varias herramientas de decisión agronómica. "Manejo da idea de conducción, de gobierno, siempre pensando en disminuir las enfermedades por debajo del nivel de daño económico. Se basa en el uso de cultivares resistentes, en la aplicación de fungicidas sobre la base del umbral de daño, y en la predicción y control por prácticas culturales." Comentó Marcelo Carmona, profesor de Fitopatología, de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires.
Luego agregó: "Por ejemplo, la rotación de cultivos es una práctica ancestral de manejo integrado que está en contra del perverso monocultivo que favorece el desarrollo de enfermedades. Lamentablemente, las investigaciones en rotaciones son de largo plazo y, en ocasiones, es difícil encontrar subsidios económicos para realizarlas. Hoy, los investigadores estamos trabajando bajo la presión del día a día; eso habría que revertirlo".
En el ámbito mundial se está trabajando arduamente en la búsqueda de cultivares resistentes a enfermedades. Queda claro que estas variedades, que son inmunes al ataque de patógenos (sin la aplicación de fitosanitarios), resultan la forma más barata de prevención. "Actualmente, marcadores moleculares asociados a genes de resistencia para royas, oidio, manchas foliares, fusariosis de la espiga y virus del enanismo de la cebada están formando parte de la metodología de selección de varios programas de mejoramiento genético", comentó Mohan Kohli, del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt), entidad en la que desempeña un papel importante el premio Nobel de la Paz Norman Bourlaug.
La prevención y el control de las enfermedades provocadas por hongos y bacterias principalmente tienen hoy sentido económico; así lo revelaron varios comentarios recogidos en las dos jornadas. Por ejemplo, para los productores, con el actual precio del trigo, resulta factible invertir desde 15 hasta 30 dólares por hectárea en prevención de hongos.
Varios disertantes destacaron las ventajas y desventajas de los principios activos triazoles, estrobilurinas y sus mezclas para el tratamiento de enfermedades en la soja. La utilización de un específico producto representa una decisión agronómica en cuanto al tipo e incidencia de los patógenos y del costo de cada tratamiento, cuestión que se dilucida por cada caso particular. Todos destacaron que resulta difícil establecer una recomendación del tipo "receta general".






