
Perfil: el ánimo de los productor puede variar según la zona, pero hay costumbres comunes que los identifican y algunos mitos que no se pierden.
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La charla con el productor bonaerense se hace fácil. Es, generalmente, un hombre dispuesto al encuentro y el diálogo tiene un ida y vuelta sin mayores rodeos.
Pero, claro, no es lo mismo cruzar palabras con un hombre de la zona como Pergamino o Rojas, que con uno de Nueve de Julio o Carlos Tejedor. El ánimo es distinto, el humor los diferencia, el entusiasmo tiene impulsos enfrentados.
Pero entre ambos hay coincidencias, especialmente en sus costumbres. Es difícil que falte el mate, no importa donde se esté, y por qué no un partido de truco.
Roberto Skimmer tiene a su cargo la administración de las estancias San Bartolo (4800 hectáreas) y El Maizal (8000), en Pergamino, y vive un momento especial tanto como el de Guillermo Lugano, que tiene una explotación de 1400 hectáreas en Nueve de Julio. Pero los cuadros son opuestos.
"Tendremos una gran cosecha, con rindes de 90 quintales en el maíz y 35 en soja. Este ha sido un año fantástico y esperamos que la soja de segunda funcione mejor", fue el alentador relató de Skimmer, un hombre de muy buen humor que no oculta su sonrisa en cada expresión.
En el otro extremo está Lugano, desalentado, porque la inundación le comió medio campo y el resto no está en gran forma. "Uno ya no sabe qué hacer. En un corto tiempo me pasaron todas, agua, granizo y tornado. ¿Qué puede hacer?", sostuvo el productor.
Como aliciente, Lugano se agarra de la condición que le dieron a su campo: zona de desastre. "Al menos no pago los impuestos", se conformó.
Tiempos modernos
Y si Lugano no larga todo es porque, como la mayoría de las personas consultadas, tiene una de sus virtudes, que es la tenacidad y pasión por lo que hace con la tierra y la herencia familiar que lleva en la sangre.
También Timmy Mulcahy, con 1400 hectáreas y dedicado al tambo, pertenece al lado oscuro de la provincia por el castigo que le llegó del cielo y que no puede controlar. "Estas inundaciones me hicieron perder varios años de vida por la mala sangre que me hice", recuerda Timmy.
El campo ya no es el mismo de hace una década. El hombre que lo trabaja tampoco, por eso algunos mitos ya no tan respetados; otros, en cambio, se aferran a la tradición.
Un ejemplo es la siesta. En este caso corresponde hacer una aclaración: para el bonaerense la actividad se reduce al mínimo movimiento entre las 12.30 y las 16. Pero en una adaptación libre del dicho popular dime qué edad tienes y te diré qué hacer en la siesta, se llega a la conclusión de que los adultos, e incluimos para los productores de 50 años en adelante, la costumbre es dormir; para los más jóvenes, en este caso una edad promedio de 35 años, el rito es un almuerzo que se hace largo, se estudia o se encuentran con amigos.
Máximo Alfonso (30 años) está en Balcarce. Sabe que para hacer exitosa su explotación tiene que profesionalizarse, por eso es uno de los que le esquiva a la siesta, aunque le encantaría descansar al mediodía.
"¿Siesta? No, eso es para mi viejo. Ahora hay que estar encima de todo", dijo Máximo, mientras ordenaba sus papeles antes de ir a almorzar y repasar las actividades que tenía que cumplir en las primeras horas de la tarde. Después tendrá tiempo de avanzar en algún estudio, actualizarse sobre cursos o novedades tecnológicas y termina al pie del cañón para trabajar la tierra.
Pero en él notamos algo que los diferenció de los productores adultos: en su camioneta Toyota se movía a fondo por los campos que nos llevó a visitar. Nos costaba seguirlo. Su ritmo se parecía al de la Capital Federal, pero seguramente su padre diría que es el impulso "de un potrillo" que descarga su potencia.
Las reuniones de amigos, la parada en el mismo bar o pub, el partido de truco, los asados y las discusiones sobre fútbol y automovilismo forma parte del folklore de los productores bonaerenses y que no admite diferencias entre las generaciones.
Una de las historias que se comentan en Balcarce es que el viejo camino de tierra a Miramar luce tan firme, impecable y ancho porque conduciría a un campo del gobernador bonaerense Eduardo Duhalde.
"Dicen que lo van a asfaltar y pronto. El campo está ahí, mire, traslasierra", comentaba un productor de la zona, que se vio beneficiado porque uno de sus tierras está al borde de esa ruta.
En la recorrida de La Nación, en la mayor parte de los trayectos por caminos estrechos y bien deteriorados, el viejo camino a Miramar llamó la atención.
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