
Una de las claves del negocio está en el tipo de jaula empleada, como lo hace una granja de la localidad bonaerense de Florencio Varela
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A Enrique Douma, ingeniero de origen holandés radicado en la Argentina, no le daban los números. En su establecimiento Le Clapier, del paraje La Capilla, en Florencio Varela, criaba conejos, pero no lograba que la producción fuera rentable.
En una visita a Europa descubrió por qué la cría de conejos allá era rentable y acá no. La clave era la instalación empleada, en particular, el tipo de jaula y esto lo decidió a traerlas al país desde España, líder en cunicultura.
Una vez en Buenos Aires, se asoció con Rubén Gaido, licenciado en administración de empresas, quien aportó el capital para las jaulas y realizó un estudio económico para lograr la ansiada rentabilidad y optimizar el manejo de establecimiento en términos financieros.
El resultado ha sido muy favorable, lo que les ha permitido crecer, realizar inversiones, como la adquisición de un frigorífico y proyectar otras mejoras.
Actualmente dan charlas, asisten a cursos, a exposiciones como la Rural de Palermo y la Expo-Chacra española, y reciben visitas de gente interesada.
Para una alternativa que presenta un mercado atractivo, con una demanda insatisfecha y una oferta insuficiente, es interesante conocer detalles del trabajo que se realiza en Le Clapier, donde la cría se basa en las razas neozelandesa y californiana, cuyo propósito es la carne.
La jaula-hembra
"Todo estudio realizado en la Argentina se basa en cuánto produce la hembra, es decir, en el número de gazapos por año. Con el sistema de manejo de Le Clapier, esa unidad de producción, el gazapo por año, está tomado no de la hembra, sino de la jaula-hembra", explica Gaido.
Sobre la base a la experiencia española, Gaido se hizo el planteo siguiente: ¿cuál es la mayor inversión que se hace, en la hembra o en la jaula? La jaula es lo más caro y, por lo tanto, "el estudio económico se ha basado en cuánto tiene que rendir esa jaula y no en el rendimiento de la hembra", postula.
La cuestión, entonces, es cómo hacer más productiva esa jaula. En lograr que el número de gazapos/año/hembra, que normalmente va de 20 a 30, se transforme en más del doble.
"La clave de este negocio es lograr que de cada jaula se obtenga la mayor cantidad de gazapos vivos para la venta y en el menor tiempo posible", subraya Gaido.
Luego de emplear jaulas de cemento y otras de construcción nacional que todavía se conservan, pero que se van a desechar en el futuro, en Le Clapier se usa un prototipo desarrollado en España, de metal galvanizado que protege del óxido producido por el orín que puede ser una vía de entrada a las infecciones.
Por otra parte, el cemento es un material poroso por donde ingresan bacterias y otros gérmenes muy difíciles de erradicar.
Hay tres tipos de jaulas: la jaula hembra, la de reposición y gestación y la de engorde y reproductores. El módulo de la jaula hembra consta de un sector más amplio y elevado donde se coloca la coneja, y otro más bajo con el nido y los gazapos.
Una vez completado el ciclo parición, amamantamiento, destete y paso de los gazapos a una jaula de engorde, que dura unos treinta días, la jaula hembra se limpia, se desinfecta y recibe una hembra parturienta que proviene del sector de reposición o reemplazo.
Con ese ritmo, en el año existirían 11 pariciones de diferentes hembras sacadas del sector de reposición. Se estima una media de 8 gazapos por parto, con un mínimo de 4 y un máximo de 12 a 14.
La construcción del nido
Con el criterio de producir el mayor número de gazapos vivos, uno de los aspectos fundamentales se refiere a preparar un nido adecuado.
En la naturaleza, la coneja construye su nido en el fondo de la cueva, labor que repite para cada camada como una defensa instintiva para su prole, ya que el anterior queda contaminado por los desechos.
Después de que la coneja pare los gazapos, cierra el nido para preservarlo de predadores y sólo retorna para amamantarlos. En el nido se forma un núcleo donde se juntan los gazapos, que han nacido ciegos, sin pelo y mojados, Necesitan agruparse para crear un ambiente con la temperatura adecuada para sobrevivir, que es de 27 a 28 grados. El gazapo que queda fuera de ese núcleo, a la media hora está muerto.
"En el criadero, la mano de obra aquí es fundamental para colocar al gazapo en el núcleo, sacar la placenta y realizar todo lo que se denomina posparto", acota Gaido.
La nueva tecnología en nidos, como los que se emplean en la granja, trata de imitar las condiciones naturales de cría de los gazapos. Estos nidos se confeccionan de un material plástico especial que no tiene poros, para evitar la introducción de bacterias y en consecuencia, de enfermedades, lo cual sería fatal para la camada.
Las instalaciones específicas para la cría de conejos son, además, los galpones de maternidad, engorde y tolva para producir alimentos.
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