
Se observa un mejoramiento en los cultivos y buenas perspectivas para la exportación; sin embargo, hay quienes los califican como competencia desleal
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SAN JUAN (De un enviado especial).- En esta provincia, los establecimientos surgidos a partir de la ley de diferimientos impositivos del año 1983, pero encaminados a principios de esta década, han despertado alegrías y tristezas, elogios y críticas, más allá del cambio de imagen de la geografía del desierto cuyano y de la loable tecnología de punta instalada que nadie discute.
La provincia tiene un cupo de impuestos para diferir, fijado por el presupuesto nacional, que este año es de 40 millones de pesos.
Para el ministro de la producción, Guillermo De Miguel, los efectos positivos de los diferimientos comienzan a palparse. "Las exportaciones pegaron un salto: de la cosecha 1997 exportamos un millón de cajas de uvas en fresco y este año, tres millones. Y esperamos que esta tendencia se siga repitiendo."
Para el funcionario " se espera una explosión productiva. Estimamos que en el 2001/2 llegaremos a las 25 millones de cajas de espárragos, ajos, cebollas, ciruelas, duraznos y uvas en fresco para exportar".
-¿Cuáles son los beneficios de los diferimientos impositivos?
-Se asimilan a lo que es un crédito a largo plazo con 0 por ciento de interés.
Son muy beneficiosos para la provincia, por la incorporación de 60.000 nuevas hectáreas a la superficie cultivada, que de ninguna otra manera se hubiese podido, y con la particularidad de que todo se efectúa con tecnología de punta: riego por goteo, microaspersión, técnicas nuevas, plantines importados. En San Juan no se importaba un plantín de uva desde la década de 1930.
Un ejemplo es el cultivo de olivo. Los productores tenían 70 plantas por hectárea, como se usaba a principios de siglo. Los nuevos procedimientos traen entre 300 y 400 plantas por hectárea, con un aumento en la producción muy grande.
Esto, además de ser tecnología que queda, provoca un efecto de imitación en los productores sanjuaninos que ya se están incorporando a esta reconversión, aunque hay que reconocer que aún hay problemas para acercarle financiamiento.
-¿Qué requisitos son necesarios para aprobar un proyecto de diferimiento?
-El inversor debe demostrar solvencia y capacidad contributiva como para justificar el monto del proyecto presentado.
Competencia desleal
En cambio, para el presidente de la Federación de Viñateros de San Juan (que agrupa a pequeños y medianos productores), Rodolfo Mó, definió el diferimiento impositivo como "una tremenda injusticia que trajo a San Juan problemas económicos, sociales, desocupación y una competencia desleal".
Si bien reconoce que el espíritu de la ley es bueno, porque apuntó a que las provincias más pobres pudieran progresar, el dirigente se quejó del gobierno provincial que, como organismo de aplicación, no orientó una política agrícola.
Según Mo, el diferimiento estuvo mal enfocado. "En primer lugar -dijo- tendría que haber apuntado, como estaba estipulado, a productos no tradicionales, que no compitan con la producción local. Aquí, grandes empresas vienen a competir con el mismo producto, es decir, la uva y el vino, subsidiados por el Estado nacional. Y competir contra un subsidio es imposible. En segundo término, se debería haber obligado a plantar en terrenos marginales, sin derecho de agua, porque los inversores venían con el objeto de ampliar la frontera agrícola. En tercer lugar, no se le dio al productor local algún sistema que le permita adquirir la tecnología y la posibilidad de reconversión. Y cuarto y fundamental, no hay políticas agrícolas crediticias que incentiven a la asociación del pequeño y mediano productor."
Para el dirigente viñatero no se tuvo en cuenta que el 95 por ciento de los productores sanjuaninos son pequeños y medianos que así "estamos destinados a desaparecer, sustituidos totalmente por empresas foráneas que nunca fueron agrícolas".
Además, según Mó, el pequeño y mediano productor no tiene IVA con un volumen necesario como para poder acceder a un diferimiento.
"En síntesis -agregó el viñatero- si bien en el aspecto macroeconómico el diferimiento aumenta nuestros volúmenes exportables, mejora la calidad y trae tecnología de punta realmente envidiable, el productor nativo, que representa el 95 por ciento del total, no está bien y puede acceder a esa modernización y cada día se descapitaliza más y más."
Cuestionó también Mó que esta alta tecnología, "que es deseable, provoca, indudablemente, una disminución significativa de la mano de obra, lo que provocó la emigración a otros lugares del país o a engrosar las población marginal de la provincia". Esto es así, explicó el dirigente, porque en el sistema tradicional de cultivos se necesita un hombre permanente cada cinco hectáreas. En cambio, los diferimientos, con 250 hectáreas de parral, emplean tres personas permanentes.
Muy escéptico, Mó advirtió que las empresas con diferimientos no dejan ninguna ganancia para la provincia: "Todos sus insumos los traen de afuera. Utilizan mano de obra local sólo para armar los parrales, pero una vez concluidos se prescinde de ella. No vive la gomería, el que vende tractores, la ferretería, etcétera".
Efecto multiplicador
Un enfoque diferente al anterior lo brinda el productor y bodeguero Mario Pulenta. "Sin los diferimientos, San Juan no hubiera tenido la transformación que hoy ostenta tanto en vitivinicultura, como frutihorticultura", señaló.
Pulenta, que hasta no hace mucho fue titular del Centro de Bodegueros de la provincia, entiende que con el diferimiento "se posterga el pago de los impuestos, pero no se regala".
Según Pulenta, esto ha generado un efecto multiplicador a partir de la instalación de comercios y servicios en función de los diferimientos: "Han aparecido comedores, gomerías, fabricantes de modernos equipos de riego, de plásticos y se reactivaron las ventas de maquinarias agrícolas. Se instaló, además, una cantidad muy importante de viveros para producir las estacas con la que se hacen los viñedos.
Además, antes había un solo vuelo San Juan-Buenos Aires; hoy hay cuatro. Hay mayor frecuencia de ómnibus. Los hoteles trabajaban en un 20 por ciento, ahora lo hacen en un 80 por ciento y generó ocupación de profesionales de agronomía y contables.
Mario Pulenta (h.), que trabaja junto a su padre, ponderó que el sistema generó mucha ocupación y con mano de obra casi toda de San Juan. "Por ejemplo -señaló-, en la última cosecha de fruta y de uva para vinificar era difícil conseguir personal".
La promoción agrícola
- Formación: el interesado debe formar una sociedad anónima y presentar un proyecto productivo. La provincia es el órgano de aplicación y la que aprueba o no los proyectos.
- Composición: el 25% del monto del proyecto se debe hacer con inversión propia y el 75% con impuestos diferidos.
- Proyectos: hasta el momento se presentaron 384 por 1.021.119.716 pesos, principalmente en los departamentos 25 de Mayo, Sarmiento y Ullum. El 50% corresponde a vid y olivos, pero también hay de frutas de carozo, de pepita y secas, forestales y floricultura. El 75% de los inversores es foráneo.
- Etapas (ejemplo uva para vinificar): aprobado el proyecto, hay un cronograma de cinco años para invertir, que la sociedad está obligada a cumplir. Luego se otorga un plazo de gracia de otros cinco años hasta que el cultivo entra en producción. A partir del undécimo año el inversor comienza a devolver el impuesto diferido en cinco cuotas anuales sin intereses.
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