
Según un famoso consejo de Martín Fierro, "hay que llevarlo de modo que al salir salga cortando", advertencia que apunta a su condición de arma y no a la de herramienta
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Estos conocidos versos del Martín Fierro han despertado no pocas discusiones y polémicas, entre tradicionalistas y aficionados a los temas gauchescos, que trataron de encontrar en este consejo un indicio acerca de la forma en que el gaucho portaba su cuchillo.
Para saber cómo llevaba el gaucho su cuchillo, es recomendable estudiar la abundante iconografía existente, como son las extraordinarias obras que nos legaron artistas de la talla de Raymond Monvoisin, Mauricio Rugendas, Manuel Blanes, Prilidiano Pueyrredón y León Pallière, entre otros. O explorar los apasionantes relatos escritos por viajeros de la época, que visitaron nuestros territorios durante el siglo XIX, o escritores como Domingo F. Sarmiento o Cunninghame Graham, y otros autores que describieron minuciosamente al gaucho que conocieron. También pueden darnos indicios las fotografías de fines del siglo XIX, destacándose la recopilación realizada en la década de 1970 por José M. Paladino Giménez.
El gaucho (y el paisano, y el hombre de campo en la actualidad) porta el cuchillo de grandes dimensiones, cruzado en la espalda, sujeto por la faja o el tirador, su cabo asomando a la derecha (en el caso de un usuario diestro) y el filo hacia arriba. En una descripción tan gráfica como poética, el escritor-aventurero Cunninghame Graham comparó los cuchillos así llevados con la vela latina de una embarcación.
Tratándose de un cuchillo de pequeño tamaño -de no más de 13 o 15 cm de hoja-, generalmente lujoso por su encabado en plata (y a veces con su vaina del mismo metal), se lo puede llevar al frente, a la derecha de la rastra (en un diestro). El filo, en este caso, va hacia abajo. Una hoja de mayor tamaño haría incómoda -y hasta peligrosa- esta forma de portarlo. Por llevarlo en la zona que el gaucho denomina "verijas" en los animales, y de la misma manera en el ser humano, a estos pequeños cuchillitos se los conoce como "verijeros". Todo un lujo y un orgullo para su propietario, se destinan a trabajos de corte delicados o para "churrasquear" con gran estilo.
En la zona del litoral es usual observar al paisano portando una humilde y sencilla cuchilla de buen tamaño, en una vaina de cuero, junto a una chaira o una lima vieja que se utiliza para repasar el filo. Ambos se llevan en el costado izquierdo, la cuchilla con el filo hacia adelante.
Cuando el facón era armado con una hoja entera de un viejo sable, su largo inusual obligaba a transportarlo entre las dos caronas de cuero del lomillo, y por ello recibía el nombre de "caronero".
Contrariamente a lo que puede suponerse -al ver en la actualidad la profusión de recados en los que figura un caronero, en los emprendados que se lucen en los desfiles y concursos tradicionales-, no era frecuente su uso, excepto por parte de integrantes de las milicias o de gauchos matreros.
Debe tenerse en cuenta el carácter tan cambiante y personal del gaucho, que lo llevaba a recurrir a lo que tenía más a mano, a improvisar permanentemente y a adaptar sus pilchas y aperos a sus gustos, costumbres y necesidades personales. Esto vale también para la forma elegida para portar cuchillo, y es por ello que siempre cabe la posibilidad de encontrar una variante en algún individuo en particular. Ciertas fotografías antiguas nos muestran a gauchos portando un largo facón, cruzado adelante, cerca de la rastra. Estas imágenes no nos muestran una peculiar manera de llevarlo, sino la intención del fotografiado, de lucir orgulloso su cuchillo para la posteridad.
Seguramente, después de la foto, el personaje volvería a colocar su cuchillo a la manera tradicional. En Una excursión a los indios ranqueles se describe al cacique Epumer llevando su puñal de plata cruzado por delante, a la manera de un sable.
Pero entonces, ¿qué nos quiso decir José Hernández con su famosa frase? Y para que el cuchillo "salga cortando": ¿se lo debe llevar con el filo hacia arriba o hacia abajo? En mi opinión, los versos deben leerse como una metáfora: el arma debe llevarse de manera de poder desenvainarla rápidamente, sin vacilaciones, inmediatamente ante el menor peligro. Y si nos atenemos a la realidad cotidiana que sufrimos, la advertencia acerca de que "las armas son necesarias..." sigue tan vigente hoy día como hace más de 130 años, cuando fue escrita.
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