
La afinidad entre la obra pictórica del uruguayo Juan Manuel Blanes y la de sus contemporáneos en los Estados Unidos pone en evidencia las tendencias artísticas coincidentes que recorrieron nuestro hemisferio
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Gaucho, cowboy, huaso, vaquero, llanero: los términos varían a través de toda América, pero el hombre a quien hacen referencia es esencialmente el mismo. Los cowboys se definían por la tarea que realizaban: trabajaban el ganado montados a caballo. Sin embargo, ser un cowboy implicaba algo más que una ocupación: era un modo de vida y una forma de expresión.
Su característica más notable era la inquietud, la resistencia a echar raíces; nunca fue propietario de terrenos y rara vez poseía ganado. En las sociedades de dominación masculina del gaucho o del cowboy, la cualidad más admirada era el machismo basado en la fuerza física, las proezas sexuales, la lealtad, la destreza con el cuchillo y la habilidad para derribar ganado y domar caballos.
Para estos ganaderos errantes, la libertad significaba ser inmunes a las restricciones. Así, su medio preferido era la frontera que dividía la civilización del desierto.
Por lo tanto, no es de extrañar que cuando el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes se ocupe de los gauchos nativos, las imágenes mantengan algo más que una semejanza superficial con sus contrapartes del Oeste de América del Norte. Además, todavía un siglo después, estos cuadros y culturas ecuestres de las praderas representadas en ellos, continúan siendo elementos importantes en las mitologías nacionales tanto del Norte como del Sur.
Tipos fronterizos
Las llanuras imprimen características similares en sus habitantes. Técnicas y equipos de montar, roles sociales, uso del caballo y tipos de tareas semejantes hicieron que Eduard Larocque Tinker llamara a los jinetes de América del Norte y del Sur, "sus hermanos de alma". No sólo ellos habían obtenido sus caballos y ganado de España, sino que también habían aprendido de la misma fuente a ser excelentes jinetes, como asimismo sus métodos para herrar y manejar grandes ganados...
Esto ayuda a explicar por qué artistas que trabajaron en extremos opuestos del hemisferio se concentraron en un mismo tema, en un mismo momento histórico. Cuando Charles M. Russell dibujó al cowboy, en la época en que Blanes pintaba al gaucho, ambos estaban dando forma visual a íconos nacionales.
Sin negar las diferencias objetivas que existen entre las fronteras americanas y sus habitantes, estas consideraciones proveen las bases para una mirada histórico-artística comparativa de las imágenes de frontera. Las escenas que retrató Blanes comprenden figuras estáticas e imágenes activas de gauchos a caballo. Estos dos grupos encuentran analogías en dos fases distintas de la representación del Oeste americano.
Durante las décadas de 1840 y 1850, mientras que la frontera era el dominio de tramperos, comerciantes y barqueros, George Caleb Bingham, Wiliam Tylee Ranney y otros desarrollaron sus tipos fronterizos, por lo general, como figuras estáticas en un ambiente agreste. Luego, en las décadas de 1880 y 1890, a medida que el cowboy se iba extinguiendo, artistas como Russell y Frederic Remington se ocuparon de su apoteosis en escenas de gran acción.
En las representaciones de William Ranney, el trampero surgió como una importante personalidad de la frontera que prefiguró al cowboy. Alrededor de una década más tarde, cuando los territorios occidentales llegaron a ser un tema de creciente interés nacional, Ranney reacondicionó sus bocetos. En Un alto en la pradera, pintura en la que dos tramperos se han detenido en la ruta para comerciar sus pieles y aparecen perfilados contra el desolado paisaje, ofrece una útil comparación con Los dos caminos, de Blanes, en la que dos jinetes a caballo se detienen para hacer un intercambio. En estas imágenes, Ranney y Blanes adoptaron estrategias similares: trataron de establecer el aislamiento de la civilización de sus personajes realzando su lejanía física en esas praderas sin límites.
Los artistas comunican la soledad de la vida del hombre de frontera y, a la vez, el respeto por su ingenio y valor. Cuando Ranney delineó al trampero, éste ya había sido eclipsado por los colonizadores; de modo similar, el interés de Blanes por el gaucho coincidía con el comienzo de su fin. De ahí que estos artistas no fueron cronistas del presente sino más bien idealizadores del pasado que recordaban a sus compatriotas, esos vanguardistas en el avance de la civilización.
Perfiles similares
Para encontrar paralelos con las imágenes de Blanes debemos mirar hacia las últimas décadas del siglo, cuando el Oeste ingresó en una nueva fase de su historia y el cowboy emergió en el arte de los Estados Unidos.
No fue sino hasta que la frontera angloamericana alcanzó la expansión oceánica de la tierra de pastoreo, que la industria ganadera del Oeste abandonó las tradiciones hispanas. Entonces, el caballo se convirtió en un elemento indispensable de la iconografía personal del cowboy. Era lógico que Blanes y sus contrapartes del Norte destacaran la inseparabilidad del hombre y del equino.
El cuadro de Blanes La doma, encuentra un correlato en La doma del potro bronco, de Charles Russell. Ambos evidencian una notable sensibilidad hacia los matices del lenguaje del cuerpo, que eran característicos de esta peligrosa interacción entre el hombre y la bestia. Muestran también atención hacia la postura de las figuras y la actitud de los caballos en estas luchas de voluntades, y ambos predicen cómo el espíritu del animal será finalmente quebrado por la destreza masculina.
La doma de un bronco o la captura de un ñandú eran hazañas logradas por un solo hombre, por lo que estas escenas mantenían el énfasis sobre lo individual. Sin embargo, el espectáculo de las múltiples figuras del rodeo atrajo la imaginación pictórica en los dos extremos del hemisferio.
El cowboy llegó a ser caracterizado como un individuo de espacios abiertos, diestro y seguro de sí mismo. El jinete del Oeste sin alambradas fue el último norteamericano que pudo gozar de la vida en libertad que distinguió nuestras fronteras. Así como artistas en los Estados Unidos, desde Ranney hasta Remington, representaron la figura contra la grandeza inconmensurable del Oeste, Blanes retrató al gaucho bajo la enorme bóveda celeste. Era un modo de expresión de lo sublime americano, en el cual los horizontes indiferenciados de las llanuras ilimitadas ofrecían una fuente de inspiración tanto artística como de orgullo nacional.
Extraído de "El arte de Juan Manuel Blanes", editado por la Fundación Bunge y Born.





