
La sequía, con sus temidas secuelas de destrucción y miseria, se expande en la región pampeana. De una localización original en La Pampa y sudoeste de Buenos Aires, en la actualidad se extiende al sudeste y oeste bonaerense y a grandes áreas de las provincias de Córdoba, San Luis y Santa Fe.
"En lo que va del año sólo llovieron 150 milímetros en Coronel Pringles y 200 en Laprida, y se enfrenta una sequía persistente, peor a la de 1962, lo que genera una situación dramática en los campos ganaderos", define Miguel Artica, asesor del CREA Arroyo Las Flores y de campos de la región sudoeste.
"Hay muchos establecimientos con vacas paridas y potreros totalmente talados, lo que lleva a los rodeos a un estado crítico si no se suplementan con rollos o con grano", agrega.
Con las tropas de invernada los productores asumen dos criterios: Una parte se encierra en corrales y se alimenta con una ración concentrada compuesta por grano de maíz, afrechillo de trigo y núcleo vitamínico y mineral, y otra parte se vende adelantando salidas que se hubieran concretado en 2004 en condiciones climáticas normales. La alimentación a corral se destina principalmente a la hacienda más liviana y eficiente.
Si la sequía continúa, los productores de esa zona no tendrán mas remedio que seguir aliviando la carga de los campos y concretar un destete precoz que evite que las vacas sigan perdiendo estado a medida que disminuye la disponibilidad forrajera.
Las empresas agrícolas de la región enfrentan un poco mejor esta adversidad: los mayores inconvenientes son el retraso de la implantación de los granos gruesos y un leve deterioro del trigo, que aún se encuentra en macollaje, y que podría recuperarse si las lluvias se normalizan en octubre.
La situación no es mejor en otras localidades del sudoeste bonaerense, como Lamadrid, Sierra de la Ventana o Bahía Blanca, donde se prevén mayores recortes en los rendimientos de trigo.
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Los problemas de falta de humedad también se sufren en el sur de Córdoba, donde nuevamente se ven volar los campos labrados convencionalmente y los verdeos y praderas no rebrotan a pesar del avance del almanaque.
Más al Sur, en La Pampa y en el oeste de Buenos Aires, los productores se quejan por las bajas temperaturas y por la falta de humedad. "En Catriló llovieron 200 milímetros de enero a agosto y esa situación sólo se dio tres veces en los últimos 50 años", apunta Daniel Trasmonte, asesor del CREA Quemú-Catriló. Con respecto a las temperaturas, dice que "el efecto de las heladas fue muy fuerte por el ambiente seco. Hubo muchas heladas negras, que quemaron completamente los verdeos que habían comenzado a encañar. En las partes bajas, el trigo sufrió pérdidas importantes porque las temperaturas extremas quemaron el follaje".
"En los campos ganaderos ya no quedan rollos, rastrojos, granos ni otra reserva forrajera; las pasturas y verdeos están ancladas en suelos que tienen una capa de 20 centímetros sin humedad que impide el rebrote y se generan riesgos de pérdida de peso de la hacienda si el clima no se normaliza en los próximos días" agregó.
La siembra de granos gruesos está detenida, lo que también paralizó al mercado de alquileres.





