
Después de siglos de pobreza, el petróleo convirtió a este país uno de los más ricos; sin embargo, su población sostiene al agro como medio de desarrollo equitativo
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HAMAR, Noruega.- "Buscar el yo en el poderío del oro es edificar sobre la arena." Esta frase del dramaturgo Henrik Ibsen puede verse reproducida en varios lugares en Noruega. Tanto, que los noruegos se la tomaron en serio. Por eso, a pesar de ostentar el rango de ser uno de los países más ricos de Europa (gracias a su industria petrolera), el poderío cultural y el orgullo de Noruega no reside en sus plataformas petrolíferas, sino las pequeñas granjas de no más de 20 hectáreas, que se extienden como un rosario sobre esta accidentada porción de Escandinavia.
El éxito económico que trajo aparejado el petróleo a partir de los años setenta no mareó a los noruegos, un pueblo tranquilo y poco apegado al estrés. A pesar de que las granjas locales pueden sonar a los ojos de un economista ortodoxo casi inviables (reciben subsidios del 50% en algunos casos), los noruegos eligen mantener a sus productores como un medio de promover el poblamiento del interior del país y mantener la cultura nacional.
Noruega tiene 3% (1,3 millones de hectáreas) de sus superficie dedicadas a la agricultura y un 30% (10,5 millones) a la forestoindustria. Según datos oficiales, el país posee 60.000 granjas, que emplean a unas 70.000 personas. En 2004, el PBI de la agricultura y ganadería fue de 300 billones de coronas noruegas (unos 60 billones de dólares), frente a los 1.904 billones de coronas (360 billones de dólares) del PBI total del país, uno de los más altos de Europa.
La distribución de la propiedad en Noruega es bastante equitativa. Para un universo de 60.000 granjas, el 40 % (casi 20.000) no supera las 20 hectáreas de extensión y solo un 5% es mayor a 50 hectáreas.
Hay dos secretos para sobrevivir para estas granjas diminutas y con existencias no mayores a 20 animales: los subsidios a la producción, principalmente, y, en segundo lugar, la formación de cooperativas para producir casi todo lo que el campo puede proveer en estos lares: leche, carne no bovina y genética.
El caso de la leche es bastante paradigmático: en un universo total de 15.000 empresas lecheras medianas y chicas, el 10% son cooperativas, que producen el 20% de la cuota lechera del país. La poderosa cooperativa lechera Tine, por ejemplo, posee el 97% del mercado de producción de leche cruda y el 94% de los lácteos elaborados. No demasiada diferentes con las cooperativas de carne Gilde (48% del mercado de productos elaborados de carne) y la de horticultores Gartnerhallen (66% de la torta del mercado). En cuanto a la cantidad de adherentes, también son masivas en relación al número total de productores. Solamente Geno, la cooperativa que centraliza el desarrollo de la genética de la Raza Noruega, tiene 23.000 miembros.
Cooperativas poderosas
"Noruega tiene 15 cooperativas, que generan 4000 millones de euros de ganancias y tienen 50.000 miembros. Nuestra clave es haber desarrollado marcas fuertes en la mente del consumidor", dijo Harald Mork, presidente de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Noruega, en una charla en el Congreso de la Federación Internacional de Periodistas Agrarios (IFAJ, por sus siglas en inglés), realizada en esta ciudad, con la asistencia del Círculo Argentino de Periodistas Agrarios (CAPA), como primer país latinoamericano miembro de la federación.
Claro que la ecuación "subsidios+cooperativas" no es demasiado feliz para todos, y en las zonas marginales hay que apelar a la imaginación para sobrevivir. En la Granja Rudi, en Gudbrand Valley, Nina y Oystein Rudi se mantienen gracias a las visitas. "Actualmente, el 90% de nuestros ingresos viene del turismo rural y del restaurante, y solo el 10% de la producción agrícola", dijo Oysten, que vive con Nina, sus hijos, sus padres y hasta su abuela de 91 años, en el mismo predio centenario.
Para Per Harald Grue, secretario del Ministerio de Agricultura de Noruega, la fortaleza del sector agrícola noruego es posible gracias a los siguientes factores: los productores se organizaron en cooperativas y sindicatos, constituyendo un sector políticamente fuerte, el desarrollo tecnológico hizo mucho mas eficiente la producción, el campo fue parte de las reformas sociales posteriores a la Segunda Guerra Mundial y la agricultura es percibida como un sector económicamente muy importante. Grue, además, cree que otro de los aciertos del agro noruego es la concepción de trabajo en cadenas de valor. "La concepción de cadena es vital. La industria necesita a los productores y los productores necesitan a la industria. Si no hay confianza entre ellos y no trabajan juntos a la larga habrá problemas. Eso lo aprendimos a los golpes, por la crisis de la BSE (la vaca loca). La enfermedad nos enseño la importancia de trabajar como cadena".
Algo similar fue sostenido por Terje Riis-Johansen, ministro de Agricultura del país, que muestra orgulloso sus orígenes de granjero. "Un campo importante es un objetivo vital para mi ministerio, más aún que la producción de comida. ¿Por qué? Porque la agricultura mantiene y desarrolla el campo, y allí es donde está el futuro. Un futuro que incluye turismo, cuidado medioambiental y bioenergías. El denominador común es la agricultura", dijo Johansen. "Nada de lo anterior podría existir sin ella. La agricultura representa el camino del futuro para desarrollar al país en su totalidad", finalizó.
Doha y la OMC
- Poco después de la suspensión de las negociaciones de Doha, el ministro de Agricultura, Terje Riss-Johansen, habló del tema. "A pesar de que somos proteccionistas, queremos continuar negociando. No se olviden que importamos el 50% de lo que comemos. Pero debemos defender la viabilidad de nuestras comunidades rurales. ¿Por qué es tan difícil ponerse de acuerdo? Bueno, porque se contraponen el medio de vida de millones de europeos y la necesidad de los países exportadores de tener condiciones justas. Tenemos que conseguir el equilibrio entre ambos lados", dijo Riis-Johansen.






