La presencia del sapo en la cultura popular criolla
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Repulsión y simpatía, que es como decir agua y aceite, nos provocan el sapo y los batracios en general. No sería el primer caso de ambivalencia humana, pero no deja de ser curioso. Y tal vez sea ello lo que explique que en la cultura popular este inocente animal haya logrado tanta atención.
En su "Diccionario folklórico de la flora y la fauna de América" (Ediciones del Sol), Félix Coluccio le dedica nada menos que ocho páginas. Destaca este eminente investigador del folklore su amplio uso en la medicina popular, en la brujería y su presencia en cuentos, leyendas y refranes.
"Se lo usa para curar el dolor de muelas -ya sea pasándolo vivo por la parte dolorida, escupiendo en su boca, etc.-, para neutralizar las mordeduras de víboras, la culebrilla, la disentería, la renquera de los caballos y el agusanamiento de las heridas de los animales", explica Coluccio.
También se recurre al sapo para alejar la vinchuca de las casas y el bicho moro de las plantaciones; eso sí, con un método que no apoyaría el animal si pudiera opinar: colgando de una cuerda un ejemplar en cada una de las esquinas del perímetro a limpiar.
Tampoco estaría de acuerdo con su uso para hacer daño. Dice Coluccio, citando a su vez a Adán Quiroga, que en los valles Calchaquíes "se lo tiene por obra del Supay, seguramente por su figura repugnante, y así se dice que el sapo es amigo de las brujas, que lo cuidan y alimentan en el lugar que acostumbran a meditar sus sortilegios."
Lo cierto es que hay variadas formas de utilizar al sapo con fines perjudiciales, cosa que ocurre en varias regiones del país y "aún en áreas urbanas", como alerta Coluccio.
Uno de los métodos consiste en colocar una foto de la persona a dañar dentro de un sapo vivo, coserle la boca y enterrar al pobre bicho en un lugar cercano a donde aquella vive.
Un procedimiento parecido es utilizado para hacer perder a un caballo en una carrera cuadrera: se entierra un sapo vivo en la senda que utilizará el pingo y así, aunque sea ligero, ¡perderá!
Un variante complicada
Hay, todavía, una variante más complicada, que consiste en recoger tierra que pisó el caballo, mezclarla con cerda de su cola, colocarla dentro de un sapo desollado al que se atará con un hilo rojo y enterrarlo.
A pesar de la repugnancia y de su inclusión en el mundo demoníaco, el sapo no suele ser el malo de la película en cuentos y leyendas del folklore americano. Por el contrario, se constituye en un personaje de astucia admirable, que vence a quienes quieren perjudicarlo.
Así ocurre en un cuento donde desafía a correr al avestruz y en otro donde guerrea contra un burro desconsiderado. En ambos relatos, el sapo vence a sus oponentes no por ser más veloz ni más fuerte, sino más astuto.
Existe otro cuento que explica por qué tiene el cuerpo achatado. Dice que varios pájaros, para burlarse de él, lo invitaron a comer un asado en las nubes. El sapo se las ingenió para ir, oculto entre las plumas de uno de ellos, pero al finalizar la comilona se debió tirar a tierra porque las aves no lo quisieron traer. Cayó desde las alturas y así quedó.
Como sea, el sapo no asume nunca papeles malvados. No lo tiene, incluso, cuando en el relato que viene de Europa esconde un príncipe encantado que necesita del beso de una joven para recuperar su verdadera estampa. En la canción popular de raíz folklórica, como si fuera poco, ha sido protagonista de un tema muy exitoso: "Sapo cancionero".
Más cerca, entonces, de la simpatía que de la repulsión, la literatura para niños también lo ha convocado en reiteradas oportunidades: la poesía de José Sebastián Tallon, "El sapito glo glo glo" y los libros de cuentos "Sueños del sapo", de Javier Villafañe, y "Sapo en Buenos Aires", de Gustavo Roldán, son algunas de ellas.





