
El deterioro que se observa en los campos está directamente relacionado con el tipo de laboreo agrícola y la carga animal
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El dispar efecto de la sequía en los campos no sólo se explica por la diferencia de registros pluviométricos en las provincias afectadas. El grado de deterioro de los suelos, como consecuencia del déficit hídrico, delata el tipo de manejo a que han sido sometidos en los últimos años. Así lo explica el director del Instituto de Suelos del INTACastelar, Roberto Casas.
"No impacta igual una seca a un suelo bien manejado, en siembra directa, con buen contenido de materia orgánica y buena condición estructural, que en un suelo trabajado con labranza convencional, o en siembra directa pero sin rotación de cultivos", explica el técnico.
En este último caso, al no incorporarse nutrientes al suelo y registrarse un balance negativo de la materia orgánica se observa una mala condición estructural: son suelos compactados y densificados en superficie (lo que supone pérdida de porosidad).
Cuando sobreviene la seca y el suelo está en esas condiciones -precisa Casas- las plantas tienen serios inconvenientes para penetrar en la tierra, mucho más si al momento de la siembra ya había poca humedad. Entonces se observarán costras o sellos y la semilla consumirá buena parte de su energía para emerger o desarrollar un sistema radical.
En condiciones de humedad, el estado de los suelos parecería igualarse. "En situaciones críticas como la actual se escuchan los lamentos por un mal manejo de años.Ese no es un problema circunstancial", señaló Casas.
El tiempo que demorarán en recuperarse los suelos afectados por sequía dependerá del régimen de lluvias, pero también del volumen de agua que puedan retener, y en esto también tienen que ver las decisiones de manejo que se hayan tomado. Según Casas, mantener la calidad y la sanidad de los suelos, supone un uso eficiente del agua, tanto en su captación como en su conservación.
"Si el suelo no tiene la rugosidad del rastrojo y una buena cobertura, parte de la lluvia va a escurrir hacia los bajos, no va a infiltrar y, como consecuencia se desaprovechará. Por el contrario, un buen colchón de rastrojo obra como una cobertura plástica que evita la evaporación directa. El agua es almacenada y se transforma en producción a través del ciclo de transpiración de los cultivos", detalla.
En este momento, la mayoría de los suelos sólo cuenta con 25/30 por ciento de humedad. Si se tiene en cuenta que los suelos de textura media capturan entre 180/200 milímetros a un metro de profundidad (una lámina de 18/20 centímetros de agua), puede interpretarse que hoy sólo hay disponible unos 4/5 centímetros de agua distribuidos en un metro de profundidad. Con un agravante:"En los suelos bajo labranza convencional esa humedad está muy profunda. Estos suelos se han secado hasta los 50 centímetros, aproximadamente. En suelos bajo siembra directa ya se encuentra el agua a 25/30 centímetros de profundidad. Estos suelos van a reaccionar más rápido", señala Casas.
Según estima el especialista, si llovieran unos 50/60 milímetros en suelos con posibilidades de almacenar ese volumen de agua, podrían sembrarse los granos gruesos y asegurar el rendimiento.
Cómo cuidar el patrimonio
¿Cómo mantener entonces la calidad y la sanidad de los suelos? La clave es planificar bien las rotaciones. "Lo ideal consiste en incluir al trigo, al maíz y al sorgo, que brindan un residuo de alta perdurabilidad, importante para la protección del suelo. La muy lenta descomposición de esos rastrojos determina un balance positivo de la materia orgánica", indicó Casas.
Por el contrario -destaca- si se insiste en el monocultivo de soja, por ejemplo, que tiene una baja relación carbono-nitrógeno, se producirá un acelerado incremento de la fertilidad, pero el rastrojo se consumirá muy rápido y el suelo quedará descubierto.
Vale preguntarse si luego de haber perdido semejante nivel de humedad los suelos recuperarán su aptitud productiva. "Cuando el suelo se seca todos los procesos biológicos que tienen que ver con el ciclo del nitrógeno y del azufre, se detienen, entran en un estado de latencia. Cuando el suelo recupera su humedad esos procesos se reactivan lentamente. Los suelos bien manejados recuperarán sus parámetros físicos y de fertilidad rápidamente. No sucederá lo mismo con los suelos mal manejados, donde será mayor la carga de insumos necesaria para lograr buenos niveles productivos", detalló el especialista.
¿Qué grado de deterioro se observa en los campos ganaderos? Para entenderlo, hay que detenerse en la expansión del área agrícola de los últimos años, y en el desplazamiento de la ganadería hacia el Oeste, es decir, hacia ambientes muy frágiles. Como consecuencia, "hoy encontramos cultivos en campos al límite de lo arable y con lotes sobrecargados de hacienda".
Según explica Casas, en los últimos tres años, debido al buen nivel de lluvias y a la gran oferta de forraje, aumentó la carga animal, y eso determina hoy la escasez de reservas de pasto. Desde el punto de vista del suelo se nota un efecto de compactación de los suelos, "que también va a traer consecuencias para la recuperación de los pastizales".
Franja semiárida
Casas aporta un dato curioso al análisis de la sequía. Según observa, el área afectada coincide en un 90% con la región semiárida convencional, que se había definido sobre la base de los registros de lluvias de 1920 a 1950, y que dejó de mencionarse al comienzo del período húmedo, en 1970. Esa franja, que comprende el sur de Buenos Aires, el este de La Pampa, casi toda Córdoba, el centro oeste de Santiago del Estereo, y gran parte del Chaco, es justo el área de déficit hídrico grave.
"Si se superpone un mapa de suelos puede verse que en la zona pampeana tienen un mayor porcentaje de arena y menor contenido de materia orgánica, y que hacia la región chaqueña tienen un alto contenido de limo y, por lo tanto, gran inestabilidad estructural. Son ambientes de una alta vulnerabilidad", explica Casas.
"Mientras el ciclo es húmedo el ambiente nos perdona el sobreuso, las desatenciones. Pero en épocas críticas como la actual, el ambiente pasa por ventanilla a cobrarnos eso", advierte el técnico.
En su opinión, "no está mal que se busque aumentar la productividad de las tierras, pero siempre hay que tener previsiones. Hay que tener claro en qué clase de ambientes se trabaja. En cierta forma, saber hasta qué punto se está forzando al ambiente".
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