
El gaucho que está mal, pero acostumbráu, y lleva en las venas la fuerza de un malón ebrio de argentinidad , es descripto por Roberto Fontanarrosa como un arquetipo que, sobre la pampa horizontal y tozuda , lanza pensamientos empapados en la tradición nacional.
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Se desenvuelve con la plasticidad de un personaje de historieta, su cuadrito es un estudio diseñado como loft, con paredes repletas de libros de los más variados temas y fotografías de personajes tan disímiles como Juan Manuel Serrat, Les Luthiers, Fito Páez, Marilyn Monroe, Alberto Olmedo, Crist, Javier Villafanie y Woodie Allen...
En ese rincón, que no es gaucho, atesora dibujos de Molina Campos, viejas tapas de El Gráfico y una colección de discos de pasta que indican su acercamiento a las faenas rurales, su pasión por el fútbol y su nostalgia por los viejos tangos.
No viste bombacha ni poncho pampa, no calza botas de potro ni espuelas. Sin embargo, conoce como nadie los pliegues del atuendo criollo y los movimientos de la doma.
No es payador ni interpreta danzas folklóricas, pero retoma el mensaje de Atahualpa, de Martín Fierro y de Larralde en textos que parecen latir al ritmo de malambos y chacareras.
Desde Rosario, la populosa ciudad en que echó raíces, delinea la silueta de un personaje.
En un cuadrito que encierra la pampa horizontal y tozuda, su paisano de tinta atrajo la atención de diferentes generaciones y ostenta hábitos telúricos contrapuestos a las costumbres urbanas de su creador.
A partir del contraste de una página en blanco y negro, el dibujo va hilando argumentos con la sabiduría que alcanzan quienes descubren los secretos de la tierra y las voces ancestrales que lleva el viento.
Allí se define como almácigo vivo de tradición, mandioca preñada de acervo nativo, gaucho de la primera hora... gaucho frilance. Pero son otras las palabras que lo identifican. Basta con adentrarse por los caminos rurales y nombrar al Renegáu para encontrar el rancho de Inodoro Pereyra y descubrir al mismo tiempo el paradero artístico de Roberto Fontanarrosa.
Detrás de la historieta...
A medida en que avanza el diálogo este humorista que traduce ideas en dibujos descubre su perfil con trazos más nítidos.
Su atención se concentra en cualquier circunstancia con potencial para un chiste. Indaga la realidad sin descanso para interpretarla mediante eufemismos que desdibujen los aspectos trágicos de la vida cotidiana.
El inventario de sus ocurrencias queda registrado en un cuaderno escolar al que recurre en su rutina laboral para nutrir los diálogos con ironía.
El niño que ayer aprendió a construir historietas de aventuras copiando el estilo de Roy Crane, de Hugo Pratt, de Frank Robbins, de Harold Foster y de Alberto Breccia, hoy sueña con plasmar en dibujos animados una historia que se desarrolla sobre el lomo curtido de la pampa madre y es protagonizada por un gaucho que debe recurrir a sus condiciones de rastreador para superar el desconcierto que se recuesta en las entretelas criollas de su esencia nacional. Si los números no estorbaran la evaluación del proyecto escucharíamos ese alarido de coraje contenido por una mordaza con forma de vincha y veríamos la doma de unas botas de potro que un paisano encara con bravura durante el corcovo crepuscular de la tarde. La animación de Mendieta pondría en evidencia que pa perro no vale mucho, pero que naides lo aventaja en yevar una conversación... Cada palabra: una sentencia. La Eulogia Tapia, en cambio, mantendría bajo perfil porque es subrepticia pal lenguaje. No dice las cosas cara a cara, gracias a Dios.
Semblanza del gaucho de tinta
"La aparición de Inodoro Pereyra no podría atribuirse ni a la casualidad ni a la generación espontánea. Hubo razones que merodeaban por ahí", dice Fontanarrosa como preludio de la narración de antecedentes que impulsaron su rastreo de la cultura rural.
"La eclosión de la música folklórica en los años setenta; la difusión que alcanzaban las peñas en Rosario; la lectura de Martín Fierro, de Don Segundo Sombra y de Santos Vega durante la escuela secundaria; la admiración por Alberto Merlo, Alfredo Zitarrosa y Atahualpa Yupanqui, y las reflexiones de Dominga Quintina Pereyra, una paisana que trabajaba en mi casa y alimentaba las conversaciones con dichos camperos, generaron en mí la iniciativa de recrear la tradición mediante relatos dibujados."
En 1972, Alberto Cognini, director de la revista Hortensia, publicación que tiró más de cien mil ejemplares por número, editó una serie de historietas en las que Fontanarrosa parodiaba películas policiales y de guerra. Entre ellas, se escondía una que remedaba el radioteatro gauchesco.
"Yo no pensaba en la continuidad de esos trabajos pero, alentado por su publicación, opté por elegir a Boogie y a Inodoro como personajes por desarrollar. En el segundo caso, el marco de la pampa, una simple línea como fondo, me permitía un juego surrealista. Allí era lícito el encuentro de personajes de todos los tiempos con un arquetipo de la tradición nacional. Incluso la presencia de Mendieta creaba un acuerdo con el lector porque, si aparecía un perro que habla, era lícito que surgiera cualquier cosa.
"Pensé que un perro podía ser un buen acompañante, aunque la lógica indicaba que el ideal era un caballo, como en la historia del Llanero Solitario y de Patoruzú. Pero es complicado meter un animal tan grande en un cuadrito y, tal vez, el andar a pie podía definir el perfil del personaje."
Siguió su presunción a pesar de la advertencia que le llegaba desde el teatro: "Nunca subas al escenario con un niño o con un animal porque atraen toda la atención y provocan situaciones insólitas". Frente a esta sentencia, la solución consistió en que Mendieta tuviera menos letra que Inodoro, pero que mostrara un perfil más intelectual y precavido. El Renegáu, en cambio, parecería más rústico y exagerado, tendría ribetes quijotescos.
Según el autor, si las andanzas de este paisano y sus reflexiones -basadas en el estilo florido de Tejada Gómez- lograron el éxito, fue por influjo de un nombre que no inventó él sino que rescató del recuerdo.
"Cuando trabajaba en publicidad, mi compañero Daniel Giménez me comentó que el pintor litoraleño Gambartes, muy rápido para poner apodos, le dijo: «Usted, con esa pinta de criollo, no puede tener ese nombre tan castizo. Debería llamarse Inodoro Pereyra». Y se ve que la historia quedó incrustada en mi memoria."
Durante su trayectoria, que ya alcanza un cuarto de siglo, el personaje sufrió transformaciones al ritmo de los cambios que experimentaba el mismo Fontanarrosa.
"La metamorfosis en la estética de Inodoro no fue resultado de una búsqueda intencional, se corresponde con mi tipo de personalidad. Yo soy un tipo paulatino, es difícil que tome decisiones drásticas, voy mutando de manera muy lenta."
"El Inodoro gurí tenía los ojos achinados y los caracteres físicos de los personajes de La guerra al malón del comandante Prado, en la versión del pintor Carlos Alonso. Endijpué el renegau enflaquece y entuavía más endijpué los ojos se le vuelven saltones y la boca más dientuda. Cuando la historieta emigra de Hortensia a Mengano y de allí a Siete Días, comienza a percibirse la voluntad de narrar aventuras por entregas, a partir de recursos de suspenso que imitan burlonamente a los del folletín y el radioteatro. En Clarín, en cambio, vuelve a ser historias unitarias", comenta Judith Gociol en "Veinte años con Inodoro Pereyra".
Allí, agrega como cierre: "Con el avance del tiempo la parodia de otros discursos cedió su lugar al tratamiento directo de las situaciones y los personajes del día. Según observa Sasturain en su ensayo, Pereyra se ha desintelectualizado para crecer periodísticamente".
Si el diálogo con Fontanarrosa transcurriera como una progresión de cuadritos, los globos que encierran su testimonio engordarían tanto como la Eulogia.
Con la mirada puesta en los recuerdos, el rosarino remata las anécdotas con una risa cargada de picardía y lanza una última afirmación: "Aprovecho los recursos que me ofrece la tradición para mantener el clima de la historieta y no para alimentar a las futuras generaciones con nuestro acervo cultural".
Aun cuando su intención no es retomar con solemnidad la esencia gauchesca de nuestro pasado, Inodoro puede ser considerado como un hacedor de la tradición.






