
La explosión bursátil de Brasil colocó al sector en una situación delicada; la clave para perder menos consiste en un adecuado manejo financiero, comercial, empresarial y productivo de la explotación.
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Los síntomas de la crisis anticipan que se vivirán tiempos delicados, al menos durante los próximos doce meses.
Un año en el que para la empresa agropecuaria el éxito comercial, el manejo financiero, la habilidad productiva y el control de la explotación terminarán transformándose en la puerta de salida o de entrada -según como quiera verse- hacia un nuevo período tal vez mejor.
Hoy, la figura que con mayor certeza se ajusta a la de un productor agropecuario es un piloto inmerso en una feroz tormenta, con descargas eléctricas y vientos huracanados incluidos. En esa cabina infestada de datos, de pronto, la pregunta es una: ¿cómo salir ileso o, por lo menos, sin heridas mortales de esta tempestad? Especialistas y empresarios opinan que, para seguir en camino, el productor deberá armarse de buenas dosis de sentido común, atención y prudencia.
En ello, el manejo comercial de la producción, algo así como el aceite que hace funcionar los engranajes, resulta crucial. El analista Héctor Niell recomienda, según su percepción del contexto granario, lo siguiente: "Hay que estar atentos a mejoras momentáneas de los precios (picos) y vender mercadería sin dudar. Si esa tendencia se afianza, lo adecuado sería inmediatamente comprar un call (opción de venta) para aprovechar posibles subas..."
Este año, fundamentó el especialista, persistirán los precios bajos salvo que se produzcan problemas climáticos en América del Norte, y al cabo de una pausa sentenció: "Pensar de otra manera es pensar en peces de colores". La combinación de una demanda alicaída y buenos resultados de las cosechas -al parecer Brasil logrará óptimos volúmenes de soja- enrarece aún más el ambiente dominado por la explosión financiera del real.
"Esto hace presumir que el productor saldrá a vender a cualquier precio para alivianar la presión financiera que lo asfixia. Lo ideal sería que a esta fecha ya se hubiese vendido por lo menos el 30 o 40 por ciento de la soja y el girasol", afirmó.
En los viejos tiempos, o sea hace curiosamente seis meses, las oleaginosas cotizaban por sobre los 200 dólares la tonelada, y hoy apenas oscilan entre los 180 y los 170.
"Aunque no me gusten los precios de ahora tengo que estar atento para ubicar la producción, porque si no dentro de un par de meses todo el mundo va a intentar vender y se provocará un efecto puerta doce con la consecuente caída aún mayor de los valores", confirmó Niell.
Aquellos agricultores que a la hora de sembrar tuvieron madera de visionarios y tomaron posiciones de cobertura en el mercado quedaron bien ubicados: "Imaginate que lograron soja de 200 dólares, girasol a 210 y maíces de 100. Lamentablemente fue muy poco el porcentaje de productores que tomó ese camino", consignó este analista.
Digitación financiera
Atrapado en su mar de compromisos con el banco, José -un nombre ficticio- se pregunta, como tantos otros, qué hacer con los pagos del crédito de la cosechadora, por ejemplo.
La digitación financiera y la relación con las entidades bancarias ha tomado casi ribetes de comedia trágica para muchos productores.
"A quien tiene ahorros o capital disponible le recomiendo que empiece a cancelar la deuda. Si no este año va a terminar trabajando para el banco", aconseja el economista Miguel Bein.
"Durante 1999 -consideró- las tasas de interés podrán subir o sostenerse elevadas -con respecto a un año atrás-, pero nunca bajar. A esto se le suma la incertidumbre generada por los precios de los commodities, que en los últimos meses mostraron fuertes descensos.
"Creo que retener mercadería en contra de un crédito tomado de corto plazo es muy arriesgado -continuó diciendo-. Con estas tasas y los precios que se manejan será muy difícil que un productor pueda cancelar sus compromisos y vivir sólo con el resultado de la producción."
En este sentido, recomienda solicitarle al banco una reestructuración de la deuda a dos o tres años, para no estar permanentemente pendientes del tema. Claro que la actitud del banco dependerá mucho de la calidad del cliente.
Ahora bien, si la situación es muy comprometida los consejos casi no son válidos porque la entidad financiera puede exigir inmediatamente la cancelación de la deuda.
"En estos casos habría que entregar una garantía, para bajar los pagos y alargar los plazos. Sucede que los productores son un poco reacios a este tipo de maniobras, pero con una hipoteca a cinco años logrará una tasa más baja de lo que está pagando", fundamentó.
En las últimas semanas, el Banco de la Nación Argentina, amplió hasta 150.000 pesos el tope máximo de las deudas que refinanciará a 10 y 12 años para los productores que integran su cartera de clientes y están en mora.
"La operación del Banco Nación es muy conveniente y sería bueno que los productores que tienen créditos tomados con esa entidad se acerquen a la sucursal y empiecen a analizar en profundidad de qué se trata", sostuvo Bein.
Ajuste empresarial
Tanto Marcos Rodrigue, productor agrícola de Mante Buey, sur de Córdoba, como Carlos Blandes, tambero de 30 de Agosto en el oeste bonaerense, coinciden en que el ajuste ya se está sintiendo.
"El año pasado compré maquinaria, pero con esta crisis lo primero que voy a hacer es acotar el gasto en tecnología ya que mis ingresos finales serán menores. El campo no comprará nada", dijo Rodrigue.
No obstante, sostiene que uno de los secretos para sobrellevar estas condiciones volátiles, será a través de una mayor escala- superficie sembrada-.
Por su parte, Blandes consignó que el recorte deberá hacerse a lo largo de la cadena comercial, "reduciendo los márgenes", aunque reconoce que la presión impositiva no favorece demasiado.
"Estamos previendo un consumo interno menor y ya estamos cobrando un 15 o 20% menos por litro", se quejó el productor lácteo.





