
No había espacio para una sorpresa productiva en materia de precios internacionales y, lamentablemente, ésta se dio en nuestras pampas. El fenómeno climático de abril plantea pérdidas en soja cuyas estimaciones a nivel país varían entre 5 y 10 millones de toneladas. Chicago acusó el impacto con mejoras de casi US$ 40 por tonelada. En la medida en que la plaza entienda que el "impacto argentino" ya ha sido tomado por las cotizaciones, los operadores volverán a fijar su atención en los Estados Unidos. Allí, la siembra de maíz venía muy adelantada y ahora se ha visto frenada por las lluvias. Según el USDA, se espera un fuerte aumento del área del forrajero y una superficie sin cambios para la soja.
Más allá del relato de los acontecimientos, queda demostrado una vez más que subestimar la demanda es un "pecado mortal". Un tropiezo y Chicago lo expresa en números rápidamente. Interesante pedir explicaciones a las decenas de analistas internacionales que anunciaban un comportamiento irremediablemente bajista para las cotizaciones.
En este contexto, ¿qué lectura debe realizar el productor local para los precios de la gruesa? En el caso de la soja, aprovechar los valores vigentes pareciera recomendable para quienes necesitan vender. Para quienes pueden diferir ventas para el último trimestre, seguimos viendo un mercado amigable. No sólo por los habituales contramárgenes que suele abonar la industria es esa época, sino también porque el Gobierno ha prometido un nuevo recorte de un 5% en las retenciones para el 10/12.
Mientras tanto, ¿qué valor tomar en el Excel para 2017? Pregunta difícil. Suponiendo un clima sin tropiezos en EE.UU., Brasil y la Argentina durante el nuevo ciclo, pareciera prudente estimar valores del orden de los 250/260 dólares por tonelada. ¿Qué factores ponderamos para semejante afirmación? No habría crecimiento de área en EE.UU.; se verificaría un leve incremento en la producción de Brasil, y estimamos un recorte en el área argentina destinada a la soja de al menos un millón de hectáreas. Con dichas hipótesis, la producción global no crecería (es probable que muestre un recorte marginal), mientras que la demanda mantendría un incremento de al menos 10 millones de toneladas.
En el caso del maíz, la consigna pareciera ser distinta. Con mercadería disponible, lo aconsejable sería aprovechar los precios actuales (definidos por demoras en la cosecha local y buques buscando mercadería para Brasil). Esperar para vender en el segundo semestre parece riesgoso. Si bien la safrinha brasileña sufre sequía, ésta ingresará (aunque diezmada) al circuito comercial junto con el maíz tardío/de segunda argentino. A su vez, se espera un récord productivo en EE.UU. si el clima acompaña el incremento de área. Para el año próximo, con aumento de área en EE.UU. y en la Argentina, el panorama puede no ser muy amigable. Con un clima normal en ambas latitudes, los valores para el maíz 2017 debieran ser inferiores a los hoy vigentes.







