En el marco de Expoagro, Redekop presentó un destructor de semillas de malezas que se monta en la cosechadora
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SAN NICOLÁS.- La creciente resistencia de las malezas a los herbicidas se ha convertido en uno de los principales desafíos para la producción agrícola. En ese escenario, una tecnología que apunta a eliminar las semillas de malezas durante la cosecha comienza a abrirse camino en América Latina. Se trata de un sistema de destrucción mecánica de malezas desarrollado por la empresa Redekop que, según sus impulsores, permite reducir el banco de semillas en el suelo y disminuir el uso de agroquímicos.
“Hay un gran problema en cuanto a la resistencia de las malezas, que cada día es mayor y con más variedades resistentes a los agroquímicos. Esta tecnología viene a acompañar el trabajo que hacen los herbicidas y a brindar una solución mecánica para la destrucción de semillas de malezas”, explicó Juan Martín Giustetti, director de Redekop, que se presentó en Expoagro.
La compañía se especializa en la fabricación de picadores y destructores de residuos para cosechadoras. Produjo para John Deere y hoy sus sistemas pueden salir de fábrica integrados en cosechadoras de distintas marcas en mercados como Estados Unidos, Australia y Europa.
El destructor de semillas de malezas se monta en la cosechadora y actúa sobre la granza —el material fino que sale de las zarandas—, donde se concentra la mayor parte de las semillas de malezas. Ese material pasa por el sistema de trituración y, según describió, elimina hasta el 99% de las semillas antes de que vuelvan al campo.

“Todo el material de las zarandas, toda la granza, que es donde se concentra la semilla de la maleza, pasa por el destructor y se elimina en un 99%. De esa manera evitamos que vuelva al lote”, detalló.
El problema del banco de semillas puede alcanzar niveles muy elevados. “En un campo con un escape fuerte podemos tener hasta 70 millones de semillas de yuyo colorado por hectárea”, señaló. Esa maleza, una de las más problemáticas en los sistemas agrícolas argentinos, ya presenta resistencia a distintos herbicidas. Cuando el banco de semillas crece, su control exclusivamente químico se vuelve cada vez más complejo.
El sistema busca integrarse a las estrategias de manejo. “Esto trabaja sobre la reducción del banco de semillas y permite bajar hasta un 20% la cantidad de agroquímicos que se aplican en el campo”, afirmó. Según Giustetti, cuando un productor enfrenta escapes importantes de malezas puede invertir alrededor de 200 dólares por hectárea en herbicidas. Con el equipo durante la cosecha, la reducción anual de aplicaciones puede alcanzar el 20%.

“Un productor nuestro, en su primer año de campaña haciendo manejo integrado con herbicidas y cultivos de cobertura, redujo tanto la población de malezas que eliminó los preemergentes al momento de la siembra. Eso representó un ahorro cercano a 50 dólares por hectárea en herbicidas”, explicó.
La tecnología tiene su origen en Australia, donde el manejo de semillas de malezas en la cosecha está ampliamente difundido. Allí, siete de cada diez cosechadoras salen de fábrica con este tipo de sistemas incorporados.
La empresa comenzó a realizar pruebas en 2022. En Argentina se evaluó sobre yuyo colorado y raigrás, con resultados similares a los obtenidos en otros países. “Queríamos probarlo en nuestras condiciones, en nuestra soja y con nuestras malezas, porque el productor quiere ver resultados locales”, indicó Giustetti.
Por ahora, hay más de 15 equipos trabajando en campos argentinos y el sistema empieza a expandirse en otros países de la región. En Chile, la empresa trabaja en conjunto con Bayer para enfrentar el problema del raigrás. Allí la compañía compra los equipos y los comercializa entre productores como parte de una estrategia combinada de herbicidas y control mecánico.

En Brasil, en tanto, el desarrollo del mercado se da junto a grandes grupos agrícolas como Amaggi, Bon Futuro y SLC. Estos productores, según Giustetti, buscaban alternativas frente a situaciones extremas de resistencia a herbicidas. “Tenían resistencia al glifosato y a otros productos. Necesitaban una tecnología mecánica”, explicó.
Las empresas realizaron sus propias evaluaciones junto con laboratorios brasileños y con la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), donde obtuvieron resultados similares a los reportados por la firma.
“Quedaron realmente sorprendidos. Este año volvimos a incorporar más equipos y estamos consolidando nuestra presencia tanto en Brasil como en Chile”, señaló.
Más allá de la reducción en el uso de herbicidas, desde la compañía destacan también efectos en la productividad. “En varios casos no solo se redujeron aplicaciones, sino que se recuperó hasta un 20% del rendimiento del cultivo”, aseguró Giustetti.
Para profundizar la evidencia agronómica, la empresa trabaja junto a especialistas en malezas como Luis Lanfranconi, Lucas Remondino y Julián Oliva en un campo experimental donde se realizará un monitoreo durante cinco años para evaluar el impacto del sistema en el banco de semillas y en la performance de los cultivos.
El equipo tiene un valor aproximado de 85.000 dólares, aunque durante Expoagro la empresa ofrece un precio promocional de 80.000 dólares. Los sistemas están diseñados para adaptarse a diferentes marcas de cosechadoras y se instalan en máquinas de clase 7 en adelante.
A nivel global, la integración con fabricantes ya es una realidad. “Cuando un productor compra una cosechadora en Estados Unidos, puede configurarla con nuestro sistema. Lo mismo ocurre con Case en Europa o con John Deere y Case en Australia. Todo el desarrollo lo hacemos junto con los departamentos de ingeniería de cada marca”, explicó.
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