
Los cambios en la indumentaria de campo mostraron poco a poco las diferencias sociales y económicas
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Cómo vestía el hombre de campo en el pasado? ¿Cómo evolucionó la indumentaria en nuestra pampa? En la época colonial la vestimenta del pequeño estanciero y de sus peones era conmovedoramente sencilla. Se cubrían el cuerpo con camisas, calzones, ponchos, y calzaban bota de potro. Todavía en 1811 el gran estanciero y criador de mulas Candioti fue visto por un viajero inglés calzando bota de potro.
Había entonces distintas variedades de ponchos según su procedencia y hechura. Así estaba el poncho pampa, confeccionado con la gruesa lana de las ovejas pampa, el poncho santiagueño, el poncho de media labor, el poncho calamaco y los célebres ponchos balandranes que llegaban hasta más abajo de las rodillas. Ya en la primera mitad del siglo XIX hizo su aparición el poncho inglés, que competía ventajosamente con los ponchos locales. También en la época colonial se usaba la chupa, que cubría el tronco del cuerpo, a veces con falda de la cintura para abajo y la casaca.
Con la llegada del siglo XIX, la indumentaria del hombre de campo conoció algunos cambios importantes. Una de las novedades que trajo el nuevo siglo fue la difusión del chiripá de origen indígena. Con el advenimiento de esta prenda desapareció el calzón.
Debajo del chiripá se usaban los calzoncillos que rara vez eran cribados. En la época de Rosas y el advenimiento de la gran estancia la ropa comenzó a reflejar las diferencias sociales. Los estancieros empezaron a usar bota fuerte y a vestir en forma más ostentosa. El estanciero Nicolás Atalejo, preso por haber falsificado un pasaporte en 1851, llevaba pantalón y chaqueta de paño azul, poncho inglés blanco, chaleco, botas fuertes y gorra chata con visera. Otro estanciero, esta vez de Azul, usaba reloj con cadena de plata cuando fue apresado.
El tipo de bota comenzaba a definir la posición social del hombre de campo. Así, la bota de potro quedó relegada a las clases más humildes de la campaña. Cuando se hablaba de un "hombre de bota de potro" se aludía a un gaucho, a un peón, a un desheredado del mundo rural. Los más pobres andaban descalzos. Con el tiempo se verían diversas clases de botas, como la bota corta, la bota fina punteada y clavada, la bota de baqueta y la bota de charol.
Los gauchos llevaban sombrero o la cabeza envuelta en un pañuelo. Otras prendas y adminículos revelaban también las diferencias de status. Los gauchos usaban espuelas de hierro, los hacendados ricos, en cambio, llevaban espuelas de plata, requenque con empuñadura de plata y su tirador lucía onzas de oro.
Al avanzar el siglo XIX, los almacenes y pulperías rurales vendían prendas mucho más diversas de lo que se creía. Además de una rica variedad de pañuelos (los había hasta de seda de la India) ofertaban chalecos, chaquetones, pantalones, botines, medias, una amplia gama de zapatos y cortes de tela finos.
Hacia la década de 1860 aparecieron las alpargatas y las zapatillas. Antes de finalizar ese siglo, la bombacha irá reemplazando al chiripá. Estas dos últimas prendas iniciarían una nueva era en la vestimenta de nuestro hombre de campo. El gaucho, para esa época, había virtualmente desaparecido de la escena rural.





