
Al cumplirse tres años de la muerte de Juan José Güiraldes se presentó en San Antonio de Areco un libro de Ricardo Monserrat que rescata las inquietudes y valores compartidos
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Al cumplirse tres años de la muerte de Juan José Güiraldes se presentó en San Antonio de Areco un libro de Ricardo Monserrat que rescata las inquietudes y valores compartidosAllí, en las cercanías del puente viejo, en el parque criollo, el museo gauchesco que lleva el nombre de su tío, en ese punto donde el campo irrumpe y se desdibuja el tramado del pueblo se lenvantan recuerdos del Comodoro Güiraldes. Así lo interpreta Ricardo Monserrat, quien hace pocas semanas presentó un libro en el que comparten los hechos y valores que sostuvieron una amistad de más de cincuenta años y cumple así la íntima promesa de dejar testimonio del aporte de Güiraldes como vecino, como fundador de la Confederación Gaucha Argentina y como hombre de inquietudes políticas.
"Aquí me pongo a contar", dice para largarse, como si estuviera en una rueda nocturna de mate, iluminado por el fuego. Y así se extiende, en un recorrido preciso en el que repasa desde la trayectoria de la familia Güiraldes en el pago de Areco y la defensa del patrimonio cultural local, hasta el regreso del Comodoro como "vecino transeúnte", como él mismo definía: "Trabajo en Buenos Aires, duermo en Olivos y vivo en San Antonio de Areco".
Aquella vuelta no fue sólo para buscar una "humilde soledad, verde y sonora" en la estancia La Santa María sino para desarrollar con la intensidad de los años mozos una vocación hasta entonces inexplorada, la de difundir al gaucho como una explicación viva de la patria.
Acaso entre los recuerdos que motivaron esa misión estaría el deseo que expresó su padre, don Pepe Güiraldes, cuando siendo intendente y tomaba posesión de los terrenos en los que se instalaría el museo local, señaló: "San Antonio de Areco se busca en sus tradiciones. Quiera Dios que sepa encontrarse y sepa guardarse". Quizás esas palabras resonaran en el Comodoro como un mandato que debía extenderse a toda la Argentina.
En el repaso de ese nuevo camino Monserrat menciona varios de los proyectos de interés público que Güiraldes encaró para la comunidad, los artículos y ensayos entre los cuales destaca la descripción de las regiones gauchas, que aparece en el libro de fotografías que produjo con Aldo Sessa, y recuerda que el Rincón Gaucho de LA NACION, surgió por su iniciativa como un lugar de encuentro para aquellos que asumen la tradición no como herencia acabada sino como un proceso de reconstrucción constante en el que todos participamos.
Monserrat se detiene también en el empeño del Comodoro por difundir las obras completas de su tío Ricardo Güiraldes, y el Martín Fierro, al que grabó en una colección de CD.
A medida que se avanza en el relato, construído con diversidad de datos y citas, aparecen los nombres de los amigos y compañeros en la aventura de sostener los objetivos del "movimiento gaucho" a nivel nacional. Claro que, en primer lugar, figura el apoyo de su mujer, Tachi Holmberg, y el de sus hijos, dado el largo aliento que requirió un ejercicio de casi dos décadas al frente de la Confederación Gaucha Argentina.
De la marea de esos años Monserrat recuerda como un hito el agasajo y las muestras de destrezas, bailes y artesanías que organizó el Comodoro en La Santa María para los reyes de España (1978) y después, para el príncipe Turki Al Faisal. También aporta detalles sobre la organización de las "fiestas grandes del Día de la Tradición", entre 1970 y 1972, y rememora el Fogón de los Tres Centenarios, que reunió a gauchos de todas las provincias en agosto de 1986, en la Rural de Palermo.
Esta suma de anécdotas y pensamientos postreros resulta el último homenaje que Monserrat necesitaba hacer a su amigo. Un último servicio a modo de despedida.
Acaso esas memorias advierten a quien recorra este pueblo de casas bajas y reconozca la solidez de su identidad, el impulso de las artesanías y de las celebraciones criollas, que la presencia de Juan José Güiraldes todavía late allí.Recuerdos de Güiraldes en su pago chico






