
El caso de la empresa alemana Claas es un ejemplo de las oportunidades perdidas por la Argentina
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HARSEWINKEL, Alemania.- El éxito de la empresa Claas, el fabricante mundial de cosechadoras y picadoras, que el año pasado facturó 3200 millones de euros, es también el duro testimonio de una Argentina que pudo haber sido y no fue. Después de recorrer las veinte hectáreas techadas de este complejo que produce máquinas de alta sofisticación es fácil concluir que ya es casi imposible descontar la ventaja técnica y empresaria.
Sin embargo, existió un tiempo en que la Argentina estuvo en la vanguardia mundial. En 1929 Alfredo Rotania fabricaba la primera cosechadora automotriz del mundo. Recién en 1936, Claas saca la primera cosechadora de arrastre con tres personas. Claramente la empresa alemana que hoy es un gigante industrial corría de atrás a las cosechadoras argentinas de la época, las Rotanias, las Senor, las Bernardín y las Druetta, entre otras. Vale consignar que los hermanos Senor venden 900 cosechadoras en 1935.
Por aquellos tiempos, el futuro pintaba más que venturoso porque el proceso en que los pequeños talleres de reparación de maquinaria agrícola, principalmente los santafecinos, se transformaban en fábricas, parecía no tener fin.
Más tarde, al terminar la Segunda Guerra Mundial aparecía una nueva camada de fabricantes de cosechadoras que comienza a exportar a los países vecinos: Roque Vasalli en Firmat, Gema de Rosario, Marani, de Casilda, Metalúrgica Magnano de San Francisco. Por los años setenta había catorce fábricas en Santa Fe y tres en Córdoba. Hoy sólo hay cuatro.
El gran interrogante argentino es que a pesar de haber incorporado antes que muchos países la cosechadora y tener uno de los parques de maquinaria agrícola más grandes, la industria argentina nunca pudo ocupar más que un lugar marginal a nivel mundial.
La visita a la fábrica de Harsewinkel, en la que trabajan cerca de tres mil empleados y produce máquinas para todos los rincones del mundo, es la triste contracara de nuestra realidad. En su último ejercicio, las exportaciones significaron el 78% de la facturación total.
A pesar de su tamaño, el caso Claas es un ejemplo cercano para los argentinos. Básicamente porque es una empresa familiar en la que el 80% de las acciones están en manos del doctor Helmult Claas. Su única hija, Caterina, ya está involucrada de pies a cabeza en los destinos de la empresa y promete seguir el camino de expansión mundial. Mucho le deben por tener un gerenciamiento altamente profesional. Hace pocos años compraron a la Renault toda su división agrícola, con las fábricas de Le Mans y Metz incluidas.
Además, ya tienen plantas en lugares más remotos como Krasnodar, Rusia y en la India. Por supuesto, esta expansión incluye el mercado norteamericano que pelean junto con la empresa Caterpillar. Claas tiene el sello indisimulable de ser una empresa familiar con la particularidad de que el dueño vive puerta de por medio con la fábrica. Helmult Claas se pasea diariamente por las distintas secciones de la línea de montaje. De esta forma transmite su mística a todo su personal. Quizá, con otras políticas, la historia de un líder de la maquinaria mundial se hubiera escrito en Esperanza o en Firmat. Lo cierto es que se escribe desde Harsewinkel.
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