
La provincia de Buenos Aires podría alcanzar un rodeo ovino de 15 millones de cabezas si aprovecha las actuales condiciones macroeconómicas y los beneficios de una ley específica para el sector
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Querer devolverles a los campos bonaerenses el dinamismo de la ganadería ovina está lejos de ser una actitud nostálgica. El alza de los precios internacionales de la lana en el último año, la favorable relación de precios generada por las actuales condiciones macroeconómicas del país, y la instrumentación de la ley de recuperación de la ganadería ovina otorgan a la actividad condiciones ventajosas para competir con la cría e invernada de bovinos.
"Estamos hablando de un nuevo negocio que debe ser reorganizado con criterios de calidad, innovación tecnológica y coordinación de la cadena de valor. No se recuerda mejor momento que éste para intentarlo", admite el asesor Pablo Borelli.
"La cría intensiva de ovinos, con engorde del cordero pesado para exportación, está en condiciones de generar un margen bruto claramente superior al de la invernada de novillos, comparando ambas actividades a igual carga animal", explica Borelli.
La diferencia puede ser del 50 al 100% si se analiza en términos de margen bruto por hectárea, pero llega a ser 1000% (10 a 1) si se analiza en términos de margen bruto por unidad de capital circulante invertido, detalla. Algunos indicadores reflejan lo que le falta crecer a la ganadería ovina: la Argentina apenas cubre el 5% de las 23.000 toneladas de la cuota europea que le fue asignada y su producción de lana representa el 3 por ciento del total mundial (de 2,25 millones de toneladas).
Además, entre abril de 2002 y abril de 2003 la cotización de la lana subió hasta un 25% (en el caso de las fibras de 21 micrones), debido fundamentalmente a la desaparición del stock australiano, según datos de la Federación Lanera Argentina.
Hacia un aumento del rodeo
"El interés por repoblar los campos con ovejas se manifiesta en los que sólo se quedaron con una majadita para consumo y en los que nunca vieron una oveja", señala Carlos Solanet, especialista del INTA Balcarce.
"La demanda de vientres y carneros es considerablemente mayor que la del año pasado, independientemente del préstamo que se otorga a través de la ley ovina", explica Jorge Brandi, propietario de una cabaña de Hampshire Down, en Chascomús.
"La compra de ovejas -analiza Brandi- es la única inversión que se amortiza en un año si se obtienen 5 kilos de lana y un cordero. Claro que además hay que tener gente preparada para la atención de los lanares (prácticamente han desaparecido los técnicos que se ocupaban de los lanares)."
Borelli coincide en que el aumento del rodeo ovino en la provincia requeriría un aumento del personal residente en el campo, dada la necesidad de atender y vigilar a los animales, más expuestos al abigeato y la predación que los bovinos.
"No se trata de mandar las ovejas al fondo del campo, sino de prever un manejo adecuado", aclara el productor Jorge Srodek. Según él mismo señala, en la pampa húmeda la carga animal promedio es de 8/10 cabezas ovinas por hectárea en campos con pasturas implantadas.
Además de la cantidad de hacienda se debe contemplar el mejoramiento genético, una asignatura pendiente desde hace muchos años. "Durante la debacle del sector, las majadas se vinieron muy abajo. Cuando empecé con la cabaña ovina, hace 47 años, había más de seis razas carniceras en la provincia", describe Brandi.
Según el ingeniero agrónomo Luis Bordenave, del INTA Balcarce, para iniciar una explotación ovina, con algún complemento vacuno, podría suponerse un margen bruto global de 30.000 pesos al año, con una rentabilidad del 9% sobre el capital total, lo que justificaría su instalación.
Un mínimo planteo intensivo de producción de corderos y de lana debería desarrollarse en 150 hectáreas de campo ganadero con alguna loma factible de ser implantada con pasturas y una media loma de otro tipo de suelo, que pudiera soportar una pastura de menor calidad, pero apta para el pastoreo y la concentración de las madres en parición, explica Bordenave.
En esta superficie, la carga animal debería ser de 200 equivalentes vaca (1200 equivalentes oveja). La inversión por realizar ascendería a 388.000 pesos, incluida la tierra, y un capital en hacienda ovina y vacuna de alrededor de 112.000 pesos.
La ley de recuperación de la ganadería ovina (25.422), justamente, prevé préstamos para compra de ovejas y carneros, pasturas y alambrados, y también para la gestión comercial de grupos asociativos.
La asignación prevista para Buenos Aires es de 2,5 millones de pesos anuales. El dinero está disponible (la provincia se adhirió a los beneficios de la norma en enero pasado), lo que significa que una vez aprobados los proyectos por una comisión provincial se podrá acceder a un crédito con 2 años de gracia y que debe devolverse en producto. Según estimaciones del gobierno bonaerense, el 30 de agosto finalizaría la evaluación oficial.
En realidad, todavía falta resolver algunos aspectos administrativos en el Banco Nación. Sin embargo, las autoridades provinciales aseguran que "no entorpecerán la adquisición del préstamo". Los ganaderos se quejan justamente por la demora en la instrumentación de la ley y aseguran que "los cambios políticos retrasan las soluciones técnicas".
En el primer semestre -según señaló Mariano Labriola, coordinador de la ley en Buenos Aires- se dará prioridad a los planteos que tiendan a aumentar el stock ovino e involucren a varios productores.
En su opinión, la producción de cordero pesado de exportación permitirá la continuidad de la oferta de carne en el año y, al mismo tiempo, "blanquear" el rodeo provincial.
In crescendo
Según estimaciones recientes, Buenos Aires podría albergar unas 15 millones de cabezas ovinas, sin competir con la producción actual, usando los rastrojos de soja y de maíz. Hoy la provincia reúne el 16% del rodeo ovino nacional, con 2 millones de cabezas.
"Hay que armar una estrategia nacional para la recuperación de la actividad. La Patagonia desecha cada año más de 1 millón de ovejas de 4 años (por deterioro de la dentadura), que en la región pampeana podrían producir 2 crías más", señala el productor Guillermo Joandet.
Pero... ¿por qué pensar que en Buenos Aires se registrará un mayor repunte de la ganadería ovina respecto de las demás provincias ganaderas? En primer lugar la Patagonia, región que reúne más del 60% del rodeo ovino nacional, está cerca de su techo productivo, opina Solanet.
"En muchas zonas -argumenta- tuvieron que bajar la carga animal porque provocaba desertificación." En la Mesopotamia hay posibilidades de aumentar la majada, pero más aún en Buenos Aires, donde la caída de la actividad fue mayor.
Además, explica el técnico, si se tiene en cuenta que la productividad de los campos de la pampa húmeda es más alta que la del resto de las regiones, el capital invertido puede recuperarse rápido con un planteo intensivo.
Buenos Aires tiene varias características a su favor: buen clima y regularidad en la producción de forrajes. "Con estas condiciones podrían utilizarse razas modernas para producir animales jóvenes, de entre 23 y 25 kilos en res", apunta Joandet.
El productor señala la complementariedad de la ganadería bovina y ovina: "Son complementarios, no competitivos. Cosechan diferente el forraje (las vacas cortan mejor las pasturas altas, mientras que las ovejas cortan mejor las pasturas bajas) y, lejos de infectarse, destruyen los parásitos de la otra especie al ingerirlos (lo que disminuye la cantidad de antiparasitarios por aplicar)".
Ordenamiento de la cadena comercial
- La expansión de la ganadería ovina debería ser acompañada por un ordenamiento de la cadena comercial, admiten productores y técnicos. Esto significaría blanquear los números desde la producción hasta la industria para darle transparencia al negocio. Lo cierto es que hoy la demanda interna de corderos supera la oferta. El productor Jorge Srodek, dedicado a la actividad, considera que las carnes frescas deberían tipificarse para ofrecer cortes específicos en el mercado internacional en lugar de vender sobre todo animales enteros.






