San Francisco Solano, en Humahuaca

Susana Boragno
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20 de agosto de 2016  

La Quebrada de Humahuaca integra desde 2003 la lista de los bienes culturales y naturales de la humanidad, reconocimiento otorgado por la Unesco en la categoría de paisaje cultural. Es un patrimonio mundial a preservar. Antiguamente, en ese escenario quebradeño circulaban grupos de cazadores y recolectores que fueron transformándose en un asombroso pueblo con desarrollo agrícola, donde se cultivaban, entre otros, grandes alfalfares. Humahuaca, la cabecera de la región y capital histórica, mantiene su atractivo. Nadie puede resistir encontrarse con un hecho rutinario pero trascendente: al mediodía, esperar la salida de San Francisco Solano, que en casi tres minutos saluda y bendice a sus fieles para volver a entrar en su hornacina y retornar a las 12 de la noche, quizá con menos fieles.

El doctor Ernesto Padilla, gobernador de Tucumán entre 1913 y 1917, conocido como "protector de Humahuaca", fue un estudioso de la vida del santo y un protector de las tradiciones del norte argentino. Luchó para que el antiguo cabildo no se demoliera y bregó para que se levantara el nuevo edificio de estilo quebradero, al cual se agregó una torre campanario, donde el doctor donó un reloj y la imagen articulada del santito. El edificio fue inaugurado el 2 de febrero de 1940. El reloj es de bronce de procedencia alemana. La máquina pesa 1800 kg y funciona con una cuerda que toca a las horas, las medias y los cuartos de hora. Al sonar las campanas de las 12 horas, se abre la puerta metálica en forma automática y da comienzo al movimiento articulado de la imagen. El santito evangelizador sale a la luz. Avanza deslizándose sobre unos rieles para detenerse e inclinar la cabeza hacia la tierra, baja lentamente el brazo izquierdo, en cuya mano lleva una cruz, y alza el derecho señalando el cielo de la quebrada, en un ademán de bendición. San Francisco vuelve a su andadura y lentamente la puerta se cierra. El mecanismo de la puerta y articulaciones tiene una cuerda independiente con ocho días de duración.

La imagen mide 1,80 metros y está realizada en bronce con cabeza y brazos articulados. San Francisco Solano nació en 1549 en Montilla, España, y vino en 1590 a misionar a América. Predicó en el norte argentino, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja, el chaco paraguayo, Santa Fe y en el Perú. Visitaba las cárceles, socorría a los enfermos. Predicaba con palabras encendidas y con la música. Divertía y alegraba a los aborígenes. Se paraba en las esquinas de las plazas, tocaba el violín y la guitarra, cantaba y bailaba con gran alegría. Fue llamado el Taumaturgo por la cantidad de prodigios y milagros que se le atribuyen. Logró parar un ataque de langostas, tranquilizó a un toro embravecido que se había escapado, le lamió las manos al Santito, quien lo llevó nuevamente al corral. Hizo brotar agua donde hacía falta. Predicó contra la corrupción general. Predijo un terremoto. Se lo nombró Patrono del Folklore Argentino.

Fue canonizado en 1726. Los autores del mecanismo y de la estatua están dados en los nombres de Gatto Scotton y el escultor Antonio Gargiulo. Prodigios de la tecnología y la imaginación fueron las figuras de los autómatas que despertaron gran admiración y gran curiosidad con los primeros progresos de relojería. Son máquinas que imitan la figura, los movimientos y comportamiento de los seres vivos que funcionan mediante ingeniosos mecanismos.

Los autores, creadores y hacedores locales lograron que el mecanismo y automatismo, a casi 80 años, siga funcionando y concertando el interés de quienes pasan por Humahuaca, un lugar cargado de belleza donde todavía habita el silencio.

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