El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe sostuvo en un informe que el crecimiento de la región dependerá del desarrollo de sus zonas rurales, la biodiversidad y la transición energética; planteó políticas para cerrar brechas e impulsar la productividad
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En un contexto global atravesado por la creciente demanda de alimentos, la transición energética y la necesidad de preservar recursos naturales, América Latina y el Caribe emergen como una región estratégica para responder a algunos de los mayores desafíos del planeta. Sin embargo, ese potencial contrasta con profundas brechas estructurales en sus territorios rurales, donde persisten déficits de infraestructura, baja productividad y altos niveles de pobreza.
Esa es una de las principales conclusiones del nuevo Reporte de Economía y Desarrollo (RED) presentado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) junto con la Secretaría de Economía de México y el Colegio de México, donde se plantea que el futuro del crecimiento regional dependerá en gran medida de la capacidad de transformar el potencial del mundo rural en desarrollo sostenible.
El trabajo, titulado “Raíces del futuro: el nuevo mundo rural de América Latina y el Caribe”, sostiene que la región posee activos estratégicos únicos para garantizar la seguridad alimentaria global, impulsar la sostenibilidad ambiental y abastecer de recursos críticos para la transición energética.

Según el informe, los territorios rurales de América Latina y el Caribe reúnen unos 120 millones de habitantes, más de 18 millones de unidades productivas agropecuarias, el 22% de la superficie boscosa mundial, el 50% de la biodiversidad conocida y cerca del 60% de los recursos globales de litio, cifras que posicionan a la región como un actor central en la agenda global.
“América Latina y el Caribe es una región solución para muchos de los grandes desafíos globales, y el enorme potencial de sus zonas rurales es una muestra clara de ello”, afirmó Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de CAF.
El directivo remarcó que estos territorios “pueden contribuir decisivamente al crecimiento, la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y la cohesión social de la región”, aunque advirtió que para aprovechar ese potencial se “debe invertir en infraestructura, servicios, conectividad y oportunidades que mejoren la calidad de vida de millones de personas en el mundo rural”.

El informe pone de relieve que el mundo rural ha experimentado profundas transformaciones en las últimas décadas: “La creciente diversificación de las actividades económicas y su mayor articulación con los centros urbanos han dado lugar a una nueva realidad productiva y social”.
Actualmente, menos de la mitad de los trabajadores rurales se desempeña en actividades agropecuarias, mientras que crece la participación en sectores como servicios, turismo, logística, comercio, manufactura, minería y energía.
Según CAF, esta transformación abre nuevas oportunidades para diversificar las economías rurales, generar empleo de mayor calidad y fortalecer el desarrollo territorial, en una región donde el campo puede convertirse en una plataforma clave para impulsar crecimiento.
Sin embargo, este potencial convive con importantes desafíos estructurales. “Las zonas rurales concentran algunos de los rezagos sociales y económicos más persistentes de la región. La pobreza extrema, la baja productividad, la informalidad laboral y las brechas en infraestructura, conectividad y acceso a servicios continúan limitando las oportunidades de millones de personas", dijeron.
El informe evidencia, además, brechas significativas en productividad. Detallaron que la productividad agropecuaria por trabajador es aproximadamente el doble en países de Europa y Asia, y hasta 12 veces mayor en Estados Unidos y Canadá, lo que refleja una baja adopción de capital, tecnología y prácticas productivas más eficientes en la región.
A esto se suman déficits importantes en acceso a servicios básicos: “El 33% de la población rural no tiene cuenta bancaria ni utiliza dinero móvil; solo el 55% cuenta con acceso a agua gestionada de forma segura; apenas el 11% de los hogares dispone de saneamiento adecuado conectado a red; y únicamente el 40% de la población vive a menos de dos kilómetros de una vía pavimentada".
Frente a este panorama, CAF propone una hoja de ruta integral orientada a “transformar el potencial del mundo rural en desarrollo sostenible e inclusivo”. Esta agenda combina políticas productivas, sociales y de infraestructura. “En el ámbito productivo, promueve la adopción tecnológica, la digitalización, la diversificación y la agregación de valor, junto con el fortalecimiento de la gobernanza de los recursos naturales. En el plano social, enfatiza la necesidad de ampliar la protección social y desarrollar capacidades para acceder a empleos de mayor calidad. En materia de servicios, subraya la urgencia de cerrar las brechas tanto en acceso como en calidad", finalizaron.
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