Sin Moreno y con Capitanich, nada será igual al pasado

Félix Sammartino
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23 de noviembre de 2013  

Se fue del Gobierno el funcionario que más daño causó al campo en toda su historia. Entra como jefe de Gabinete, pero con la impronta de un primer ministro, un gobernador preocupado por la salud de la economía, la inflación, las economías regionales y que piensa trabajar en el Plan Agropecuario 2020 "con todos los sectores y todos los actores". Estos datos son aún insuficientes para dar vuelta la página en la relación del campo con el Gobierno, pero generan un lógico cambio de expectativas.

Como balance a Guillermo Moreno le cabe eso de "quiso hacer mucho bien y también mucho mal. Todo el bien que quiso hacer lo hizo mal, pero todo el mal lo hizo bien". Vale la pena repasar el sistema de creencias del ex secretario de Comercio porque, a pesar de los fracasos, es compartida por una buena parte de la clase política. Aunque seguramente no le puedan copiar los modales. Por su fe, ciega e ignorante, en el triunfo de la voluntad por sobre cualquier condición que establezca la realidad o la ciencia, le bastaron siete años para consumar una colosal obra de destrucción del aparato productivo. Actuó como un personaje salido de un cómic que rompe todo lo que tiene cerca, incluidos los 11 millones de cabezas vacunas y la pérdida de hectáreas de cualquier cultivo que no sea la soja. Sólo quedó en pie la Mesa de Enlace a pesar de todo el empeño puesto en dividirla. Y a Carlos Garetto, presidente de Coninagro, no lo pudo desbancar de la entidad a pesar de la fuerte presión que ejerció durante cuatro meses sobre las cooperativas asociadas. No por nada Garetto se paseaba como un triunfador la noche de la entrega de premios a la Excelencia Agropecuaria apenas conocida la noticia de la salida del funcionario.

Moreno no llegó a desafiar la ley de gravedad, es cierto, pero protagonizó pulseadas imposibles contra el sentido común, como la de pensar que una política de desaliento sistemático a los productores puede generar un aumento de la producción.

En los últimos meses fue notoria su pérdida de poder. En esos tiempos un altísimo funcionario de la provincia de Buenos Aires confesaba por lo bajo: "Encontramos la forma de neutralizarlo. Si nos llama pidiendo que pavimentemos el Río de la Plata nunca le decimos que no, porque es entrar en el disparate. Así es como cayó el régimen soviético: llegó un punto en que nadie hacía caso". Quien llegó a decir la "economía soy yo", al estilo Luis XIV, ejerció el poder discrecionalmente, por lo que borró el largo plazo vital para la producción.

Pero la economía y la pérdida continuada de reservas del Banco Central quitaron margen para continuar al experimento cristinista que llevaba a cabo Guillermo Moreno. Jorge Capitanich tiene la oportunidad de protagonizar una vuelta de página de una historia lamentable de enfrentamientos y apostar por el campo. De su trayectoria como gobernador del Chaco se conoce: que entiende el peso y la velocidad de respuesta del sector, apoya la incorporación de tecnología, lo demostró con el algodón y estuvo presente en más de una edición de Expoagro, y puede dialogar sin trabas con la producción.

Y como no pierde el tiempo, por lo menos cuando maneja y con su agenda laboral, es casi seguro que no andará con rodeos en su nueva gestión. Sabe que uno de los caminos más directos para cumplir con su objetivo de "incrementar el flujo de divisas y reservas" es abriendo las tranqueras del campo. ¿Las podrá abrir?

RESUMEN

  • 500

    mil toneladas


    Es el volumen de trigo cosechado sobre el 13,1% del área apta, según la Bolsa de Cereales Bs. As.
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