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"Una densa niebla envuelve el nombre del primer toro Shorthorn que impregnó con su rica sangre los rodeos de vacunos criollos en la Argentina..."
En abril de 1922, la Revista Ganadera comenzaba así una nota en la que intentaban develar quién era realmente Tarquino, el primer animal de pedigree que ingresó en el país antes de 1850.
La hipótesis consensuada es que las primeras vacas mestizadas salieran de los rodeos del establecimiento La Campana de Guillermo White, que le había encargado a John Miller un toro Shorthorn de Inglaterra.
Otra de las historias dice que John Miller trajo el toro de pedigree Tarquín para su propia estancia La Candelaria, ubicada en la zona de Cañuelas.
Las hijas del toro llevaron el nombre de Tarquinas y fueron los primeros animales argentinos en llevar sangre inglesa.
"Sin haber conquistado campeonatos, ni trofeos, ni obtenido altos precios y permaneciendo hasta hoy anónimo, ha realizado sobre los rodeos argentinos de aquellos días la más extraordinaria acción que reproductor alguno haya podido realizar...", de esta manera definió a Tarquino la Revista Ganadera.
La publicación siempre refutó la hipótesis de que el nombre de Tarquino hubiese salido del barco en que fue importado.
"El pedigree de este toro colorado con poco blanco, y el nombre del criador, se han perdido en el olvido, siendo posible suponer que fuese Tarquin, que figura en el Herd Book Inglés con el número 7580", aclaran.
Hoy, el nombre de Tarquino aparece junto con otros dos grandes reproductores de la época -Niágara y Virtuoso- en la etiqueta de un whisky nacional (Criadores). En un giro cómico, podría decirse, que aún continúan fertilizando el espíritu de los argentinos.




