Un 38% del territorio argentino está afectado por procesos de erosión hídrica y eólica, lo que representa unos 105 millones de hectáreas; hay muy pocos avances en las políticas de cuidado del recurso
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El 7 de Julio se conmemora el día de la Conservación del Suelo en homenaje al Dr. Hugh H. Bennett quien es conocido como “el padre mundial de la conservación del suelo”, por sus aportes a la ciencia del suelo y a la humanidad, los que han sido plenamente aceptados por sus investigaciones en la materia, pero mayor aún por sus logros en transmitir los perjuicios de los procesos de erosión y degradación de suelos, a las sociedades y a los legisladores de las naciones del mundo. El 19 de diciembre de 1963 propiciado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria -INTA- y atento a lo propuesto por el Secretario de Agricultura y Ganadería Ing. Agr. Walter Kugler, el presidente de la Nación Argentina Dr. Arturo IIlia, mediante el Decreto 1574 instituyó el 7 de julio como Día de la Conservación del Suelo en todo el territorio de la Nación. Según el artículo 2 del citado decreto “Anualmente, en esa fecha, la Secretaria de Estado de Agricultura y Ganadería organizará actos con relación a la misma y en todos los establecimientos educativos dependientes del Ministerio de Educación y Justicia, se dictarán clases tendientes a destacar la importancia de la conservación del suelo”.
El Dr. Bennett realizó dos visitas a la Argentina en 1950 y 1957 y nos dejó una frase que resume su pensamiento en relación a la gravedad que representa la degradación del recurso suelo y sus consecuencias: “Es imprescindible lanzarse cuanto antes a una lucha sin cuartel contra la erosión. Por cada día que pasa sin encararla será cada vez más ardua la tarea. Pero la erosión no es un problema que deba preocupar únicamente a los técnicos especializados y a los campesinos, sino incluso a todos los sectores de la sociedad. Todos debemos aprender a colaborar en la conservación de nuestro más preciado bien: el suelo productivo, del cual depende en última instancia el porvenir de la humanidad”.

Al pensamiento preclaro del Dr. Bennett expresado hace casi siete décadas, siguieron otros conceptos vertidos por un auténtico forjador de la lucha contra la erosión de los suelos de nuestro país, como fuera el Ing. Agr. Walter F. Kugler quien, siendo Secretario de Agricultura de la Nación, expresó el 18 de diciembre de 1963 en Santa Rosa, Provincia de La Pampa: “Muchas civilizaciones han desaparecido en el transcurso de la historia de la humanidad por no haber sabido cuidar esa tenue película que recubre parcialmente el globo terráqueo y que denominamos suelo agrícola o capa arable. La erosión del suelo se transforma en erosión humana cuando la tierra se cansa de brindar sus frutos o desaparece. Es un proceso generalmente imperceptible, pero mucho más enérgico que las guerras más cruentas y que, una vez operado, es irreversible”.
Otros profesionales relevantes como los Ings. Agrs. Antonio J. Prego y Julio Ipucha Aguerre expresaron en la Conferencia Técnica sobre Conservación de Suelos en América Latina realizada en 1970: “El agotamiento de los suelos es un problema de gran significación en la Región Pampeana. El cultivo cerealero ininterrumpido por largos años, ha sido la causa mayormente responsable del agotamiento del suelo, ya que la falta de rotaciones y de otras prácticas complementarias, originaron el decrecimiento de los tenores de materia orgánica y de las reservas minerales en grado tal, que resulta aceptada la expresión de que la Argentina es un país exportador de fertilidad”.

Estas expresiones provienen de las más importantes personalidades de la especialidad en el plano internacional y nacional y fueron vertidas hace más de medio siglo advirtiendo a políticos, legisladores y a la sociedad en su conjunto sobre la gravedad del problema de la erosión y degradación del suelo y sus efectos negativos sobre la producción y calidad de vida de las personas.
Algunas cifras ya difundidas en diferentes ámbitos muestran que un 38% del territorio argentino está afectado por procesos de erosión hídrica y eólica, lo que representa unos 105 millones de hectáreas. En el último cuarto de siglo, la erosión hídrica es la que más creció, con un incremento de 33 millones de hectáreas, mientras que el aumento de los procesos eólicos fue algo menor, aunque importante en términos absolutos: 9 millones de hectáreas más de suelos erosionados. En vastas regiones de la Argentina se observa una reactivación de los procesos de erosión del suelo, consecuencia de los cambios producidos en el uso del suelo (principalmente por desmonte y expansión de la frontera agrícola), la simplificación o falta de rotaciones y el sobrepastoreo en regiones secas. Los principales procesos de degradación del suelo y del ambiente para las distintas regiones del país son: erosión hídrica y eólica, compactación superficial y subsuperficial, disminución del carbono orgánico y del contenido de nutrientes, salinización, sodificación y desertificación.

Estudios efectuados sobre suelos de un amplio sector afectado por erosión hídrica en el norte de la Provincia de Buenos Aires y sur de la Provincia de Santa Fe, permitieron establecer la relación entre el grado de erosión del suelo y el rendimiento de cultivos de soja, trigo y maíz. Ello representa para las zonas de la Región Pampeana afectadas por erosión, una pérdida anual de alrededor del 22% de la producción, estimada en unos 1500 millones de dólares. Si bien no se tiene una evaluación exacta, se estima que el costo total de la erosión al menos triplica la cifra anterior, si se consideran los daños provocados a la infraestructura de la nación, tales como la sedimentación en rutas, caminos, embalses, puentes, centrales hidroeléctricas, plantas de potabilización de agua, alcantarillas y canales de navegación.
Irreversible
El proceso de erosión comentado es el más grave por ser de carácter irreversible, pero debemos adicionar el hecho de que la agricultura argentina está exportando nutrientes del suelo. Las cifras correspondientes al balance entre la extracción de nutrientes por los cultivos y los aportes efectuados por fertilización continúan siendo deficitarias en los suelos agrícolas, reponiéndose algo menos del 40% de lo exportado. Sobre una superficie de alrededor de 30 millones de hectáreas para cultivos de trigo, soja y maíz ello representaría unos 2400 millones de dólares extraídos al suelo anualmente. La situación descripta indica la existencia de sistemas productivos que no son sostenibles y que, de no modificarse, limitará el crecimiento de la producción agrícola nacional afectando negativamente los niveles de fertilidad e incrementando los procesos de degradación de los suelos.

Lo más llamativo para quienes venimos advirtiendo sobre las graves consecuencias que ocasionará a nuestro principal recurso productivo permanecer inactivos en su defensa, es que no hay ningún tipo de reacción en los ámbitos oficiales que tienen la responsabilidad de dictar las normas e incentivos para su preservación y cuidado. Tenemos una Ley Nacional de Fomento a la Conservación del Suelo vigente pero desfinanciada. También hay algunas experiencias provinciales exitosas con leyes de suelos como las de Entre Ríos y Córdoba, o la puesta en marcha del Observatorio de Suelos de Santa Fe, que demuestran que es posible entusiasmar al productor agropecuario en la tarea de conservar su principal capital productivo con medidas y estímulos posibles. Sin embargo, pese a que el problema de la degradación del suelo y sus consecuencias para el país se plantea con el respaldo de innumerables datos en congresos, reuniones y conferencias, a la que asisten gobernadores, legisladores, políticos, empresarios, profesionales del sector, productores agropecuarios y público en general, los avances en el terreno son muy lentos o prácticamente inexistentes en algunas regiones. Y esto es muy preocupante para un país cuya economía es dependiente de su producto agropecuario y por lo tanto del suelo. No se comprende la falta de sensibilidad e inacción frente a un problema que condicionará de manera definitiva la producción agropecuaria a futuro.
Distintos proyectos de leyes de conservación del suelo presentados en los últimos años en el ámbito nacional y provincial quedaron en el camino. Se considera que una de las causas principales del fracaso de estas trascendentes iniciativas han sido las obligaciones y penalidades propuestas, las que despiertan temores y resistencias en propietarios y usuarios del suelo. Tal vez haya llegado el momento de abordar estas leyes y reglamentaciones con un criterio de fomento basado en estímulos, que muestren claramente al productor las ventajas de ingresar en un programa de conservación de suelos. Aprovechando el récord exportador del sector se podría pensar, por ejemplo, en una disminución de los derechos de exportación (retenciones) a los productores que participaran del programa, empleando buenas prácticas de manejo del suelo. Similar criterio podría emplearse con el impuesto inmobiliario rural en el ámbito provincial, tal como lo vienen realizando aquellas provincias que poseen leyes de conservación de suelos. A estos beneficios impositivos podrían adicionarse otros incentivos como ser cursos y jornadas de intercambio de experiencias y capacitación, reconocimiento y distinciones a productores conservacionistas, aportes de maquinaria por parte de las provincias y municipios para terraceado de lotes, mejoramiento de caminos rurales, construcción de microembalses etc. También se deberían realizar fuertes campañas de concientización en medios locales y nacionales, y campañas educativas en los colegios en fechas relacionadas con la conservación del suelo, tal lo establecido en el Decreto 1574/63. Todas estas medidas, a las que habría que agregar el fortalecimiento de los equipos de especialistas del INTA y de las provincias, se podrían implementar exitosamente, aún sin contar con leyes específicas.
Al Dr. Bennett, a quien estamos recordando y homenajeando en este día, se lo definía como una persona que “reunía ciencia, coraje y tenacidad para derribar los muros de la indiferencia, de la ignorancia y de los prejuicios”. Ninguna definición podría ser más exacta. Lo más grave para la conservación de los suelos de nuestro país es que mientras no se comprenda el problema será imposible encontrar la solución.
Director del Prosa–Fecic; Académico de Número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria y profesor universitario
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