Falleció Orlando Pilatti, referente de INTA Reconquista que impulsó cosechadoras destacadas como la Javiyú y La Lola; su trabajo cambió la mecanización del cultivo y acercó tecnología a los pequeños productores
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A los 87 años, murió Orlando Pilatti, ingeniero agrónomo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Reconquista, quien también fue reconocido por cambiar la historia del algodón argentino. Su legado incluye cosechadoras que marcaron un antes y un después en la producción algodonera nacional, rubro al que dedicó toda su vida. El experto falleció este lunes y dejó un legado que combina innovación tecnológica, desarrollo local y una mirada pionera sobre el rol de los pequeños productores de la actividad.
Pilatti no solo fue un ingeniero del INTA, recuerdan quienes lo conocieron, sino el hombre que pensó máquinas y llevó la innovación directamente al campo de los productores de pequeña escala. Nacido el 26 de febrero de 1939, construyó su trayectoria en la Estación Experimental del INTA en Reconquista, donde no sólo trabajó durante más de 40 años, sino que también fue director entre 1985 y 1992. Desde allí impulsó una transformación silenciosa en el norte santafesino, lugar donde fomentó la investigación, extensión rural y el desarrollo local.
Estaba casado con Juana Celia Gómez Pescié, fue padre de Graciela, Pablo, Patricia y Néstor (fallecido). Sus restos son velados en Reconquista y serán cremados tras una ceremonia que se extenderá hasta la tarde del martes, según mencionaron los medios locales.

Su nombre quedó ligado al algodón, cultivo emblemático de la región. No por casualidad, en 2022 fue distinguido como “Embajador del Algodón” durante la 53° Fiesta Nacional del Algodón, en reconocimiento a su aporte a la mecanización de la cosecha, la logística y la conservación de suelos. Ese trabajo derivó en el desarrollo de maquinaria adaptada a pequeños y medianos productores, un segmento históricamente relegado por la tecnología.
Entre sus creaciones más reconocidas se encuentran las cosechadoras Sapucay, Javiyú y La Lola, además de otros desarrollos como la cañera y la máquina Reconquista. Estos equipos no sólo obtuvieron premios nacionales e internacionales, sino que marcaron un punto de inflexión: tecnología pensada desde el territorio, con soluciones concretas para las condiciones productivas locales, que incluso lograron proyectarse a mercados externos.
En el caso de Sapucay se trató de una cosechadora automotriz tipo “picker”, es decir, un sistema que recolecta la fibra sin arrancar toda la planta (a diferencia del stripper). Este tipo de tecnología es más complejo y cercano al estándar internacional, lo que muestra el salto de escala en los desarrollos locales. Formó parte de una línea de prototipos que buscaban adaptar tecnologías globales a condiciones regionales, especialmente para productores que no podían acceder a maquinaria importada.

La Javiyú fue, probablemente, el desarrollo más disruptivo. Se trató de una cosechadora de arrastre tipo “stripper”, pensada para pequeños y medianos productores. Con su innovación introdujo un cambio clave, ya que permitió consolidar el sistema de surcos estrechos y alta densidad, hoy dominante en el cultivo. Logró recolectar más del 95% del algodón en condiciones adecuadas. Se caracterizó por su bajo costo de adquisición y mantenimiento y simplicidad operativa. Fue considerado un éxito nacional e internacional, dado que posibilitó la venta de más de 300 unidades y exportaciones a países como Turquía, Brasil, Paraguay y Colombia. Este equipo permitió mecanizar a productores de menor escala en la actividad. Además, llegó a representar cerca del 40% del parque de cosechadoras de arrastre en la Argentina.
La Lola fue la evolución tecnológica del sistema, según informaron en su momento desde el INTA. Consistía en una cosechadora autopropulsada, que no requería tractor. La máquina integraba en una sola operación la recolección, limpieza, prensado y enfardado del algodón. Entre sus características también se distinguía porque producía rollos cilíndricos de hasta 700 kg, envueltos en plástico para su conservación.

En su capacidad operativa se distinguía por hacer entre 15 y 18 toneladas por día y hasta 1 kilo por segundo de cosecha. Esto implicó una reducción de hasta seis veces los tiempos de cosecha, carga y traslado.
No obstante, el aporte de Pilatti no se limitó a lo técnico, ya que fue un fuerte promotor del manejo conservacionista de suelos y del trabajo articulado con comunas a través de proyectos de desarrollo local, una mirada que hoy es central pero que en su momento fue pionera. Quienes lo conocieron lo recuerdan también por su rol en el extensionismo rural, especialmente en los clubes 4A, donde acompañaba a productores y jóvenes con una impronta cercana y formativa.
Su compromiso con la comunidad de Reconquista también dejó marcas visibles: fue impulsor del Velódromo Municipal y del Observatorio Astronómico, iniciativas que reflejan una visión más amplia del desarrollo, integrando producción, educación y vida social.

Tras conocerse su fallecimiento, en el INTA lo despidieron destacando que “dejó una huella imborrable en el norte santafesino” y lo recordaron como “un inventor nato y un hombre de profunda humanidad”.
“Despedimos con profundo pesar a Orlando Pilatti. Su trayectoria de más de cuatro décadas en nuestra Experimental Reconquista, donde se desempeñó como director entre 1985 y 1992, dejó una huella imborrable en el norte santafesino”, mencionaron.
Despedimos con profundo pesar a Orlando Pilatti. Su trayectoria de más de cuatro décadas en nuestra Experimental Reconquista, donde se desempeñó como director entre 1985 y 1992, dejó una huella imborrable en el norte santafesino. pic.twitter.com/zkyxPKPcjY
— INTA (@intaargentina) April 14, 2026
En la misma línea, la Asociación para la Promoción de la Producción Algodonera (APPA) subrayó su rol como colaborador permanente y actor clave en la consolidación institucional del sector. “A lo largo de los años, Orlando acompañó activamente las acciones impulsadas por APPA, aportando su experiencia, su conocimiento del territorio y su visión estratégica, elementos que resultaron fundamentales en el fortalecimiento institucional y en la consolidación de iniciativas vinculadas al desarrollo del algodón. Su compromiso con la actividad, sumado a su vocación de trabajo conjunto, dejó una marca significativa en nuestra institución, contribuyendo a afianzar el vínculo entre los distintos actores de la cadena algodonera”, señalaron.
“Desde APPA destacamos y agradecemos profundamente su acompañamiento, su generosidad y su permanente disposición para contribuir al crecimiento del sector. Su legado permanecerá como parte del camino construido colectivamente por la comunidad algodonera. Reafirmamos, en su memoria, el compromiso de APPA de continuar trabajando por el desarrollo y fortalecimiento de la cadena algodonera, sosteniendo los valores y la visión que personas como Orlando supieron impulsar. Acompañamos a su familia, amigos y allegados en este momento de dolor, haciendo llegar nuestras más sinceras condolencias”, puntualizaron.
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