Testimonios. El poder del campo para sanar

Elena Cataldi, presidenta de la Fundación Equinoterapia del Azul
Elena Cataldi, presidenta de la Fundación Equinoterapia del Azul
Belkis Martínez
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12 de agosto de 2020  • 16:39

En el encuentro "Negocios del Campo, Capítulo 5", organizado por LA NACION, también hubo lugar para las historias de vida y le emoción. Elena Cataldi, presidenta de la Fundación Equinoterapia del Azul, contó que creó la organización sin fines de lucro para darle una mejor calidad de vida a su hijo, que, a pocos meses de nacer, tuvo un problema de salud que le dejó graves secuelas neurológicas. "La receta terapéutica la conocí a raíz del nacimiento de mi tercer hijo, Francisco, que al poco tiempo de nacer tuvo un paro cardiorespiratorio cuando tenía dos meses y eso le dejó severas secuelas neurológicas", contó Cataldi, sobre lo que la motivó a crear la fundación.

La también productora agropecuaria afirmó que viene de una familia que trabaja el campo. Fue gracias al acercamiento con los caballos que pudo empezar en seguida el tratamiento de su hijo, por lo que no lo dudó ni un segundo. "Me hablaron de los beneficios de andar a caballo, de que el movimiento motor sensorial que producen los caballos y el vínculo podían ayudarlo. Entonces comencé a capacitar para ayudar a Francisco y cuando pasó el tiempo quedaron demostradas las bondades que dejaron este tipo de terapias", afirmó.

Cinco años después, Cataldi pudo ver los resultados del tratamiento. "Al principio, los médicos creían que él no iba a poder caminar nunca porque tenía un daño neurológico encefálico muy severo. Lo subí al caballo a los tres meses y entonces surgió una necesidad enorme de crear la fundación", sostuvo.

"Esto me dejó muchísimos aprendizajes, no solo el de mi hijo que se supera día a día, sino también me enseño a tener una mirada positiva, a mirar siempre que se puede hacer algo que vale la pena", mencionó. En este momento, la fundación y más de 200 centros en todo el país están esperando que se apruebe la ley nacional de equinoterapia.

En tanto, Adriana Cragnolini, directora de la escuela Miraflores, del Chaco Impenetrable, contó que cuando llegó a la escuela, en 2007, la instalación era "un ranchito" sin luz ni agua, pero con la ayuda de la gente fue creciendo hasta convertirse en una escuela de primera categoría por el volumen de alumnos. No obstante, manifestó que, pese a que el mundo esté viviendo la revolución tecnológica, en el centro educativo no tienen ningún tipo de servicio de conectividad.

"Cuando llegué tenía que empezar a enseñar. Solo éramos dos docentes en una escuela de segunda categoría. Comenzamos a trabajar para ver qué teníamos que priorizar, y eso era el agua y la luz, para convertirlo en un lugar adecuado para que los chicos puedan recibir su educación", dijo.

La escuela está ubicada en una área aborigen. "Hubo mucha gente que se acercó para ayudar, a eso se debe el nombre Padrinos de la Escuelas Rurales, en honor a toda las personas que contribuyeron al crecimiento que tuvo, que pasó de ser de segunda a primera categoría, con la ayuda y el crecimiento en la cantidad de alumnos", manifestó.

"A mí esto me enseñó a trabajar con las puertas abiertas en la escuela, a recibir toda la ayuda que se quiera dar, que todo se puede lograr, pero hay que tener constancia y lucha. En el futuro queremos igualdad para nuestros alumnos, más allá de que son del Chaco Impenetrable, que viven en un contexto muy difícil sobre todo en este momento ahora estamos atravesando una sequía muy mala, con falta de agua. Necesitamos igualdad, que nuestros niños tengan lo mismo que otros chicos de las ciudades", pidió.

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