Todas las caras de la taba

Gladys Abilar
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3 de diciembre de 2016  

La historia de la taba se remonta a la antigua Grecia, donde nace como juego de azar. En el canto XI de la Ilíada de Homero encontramos el primer antecedente. Se cuenta que el primo de Aquiles, Patroclo, mató a Clitónimo en una pelea durante una partida de tabas.

Inicialmente se jugaba con cuatro pequeñas tabas de carnero o cordero que se arrojaban todas juntas con la mano. Las cuatro caras de los huesitos llamados astrágalos daban 35 combinaciones. Algunos estudiosos afirman que taba proviene del griego astrágalo y del latín talus. En ambos idiomas significa tanto vértebra, taba como dado. Otros sostienen que el vocablo "taba" proviene del árabe, tabba o kaba. Es factible que hayan sido ellos quienes introdujeron la palabra en España durante su dominación.

El juego de la taba es una combinación de baquía y suerte en todo el cono sur de América, especialmente en las zonas agrícolaganaderas. Fue introducido por los españoles y su zona de influencia comprende toda la Argentina, parte de Bolivia y Chile, el sur de Brasil, todo el Uruguay y la campaña paraguaya. Rosas y Quiroga fueron grandes apasionados y formidables taberos.

La taba es uno de los huesos que componen el tarso de los vacunos, en anatomía se llama astrágalo. Las mejores tabas son las provenientes del garrón de toros o bueyes robustos. Tiene cuatro caras, la mayor denominada carne o suerte con forma de S, la menor llamada culo o playo y las dos laterales hoyo y tripa. Hay quienes juegan tabas "peladas" tal como salen del animal, pero la mayoría de las tabas para jugar están "calzadas". Esto significa que le colocan al hueso apliques de metal que le proporcionan mayor peso, volumen y equilibrio, además de facilitarle "la clavada", tiro de máxima destreza. Los apliques de metal se colocan en las dos caras planas. Suelen ser de cobre, bronce u oro para la suerte, y hierro o acero para el denominado culo o chuque.

Para una partida de taba se prepara previamente el terreno, piso de tierra, se lo humedece, ablanda y apisona hasta lograr el sustrato perfecto llamado "queso", el cual es dividido por una línea bien definida. Los jugadores quedan enfrentados a ambos lados de esta línea y cada uno arrojará la taba hacia el lado contrario. Si no logra atravesar la línea tiene que repetir la jugada. Un queso bien logrado facilitará al tabero de baquía realizar la "clavada", o sea que la taba caiga en el campo contrario y quede firmemente adherida al suelo por el hacha o filo y con la suerte para arriba. La clavada perfecta se denomina Luis XV.

Se juega entre dos participantes, y suele haber un tercero que es el que recolecta las apuestas, el "canchero" o "coimero". El resto levanta apuestas del público. Los jugadores se alejan 5 o 6 metros de la línea y desde allí arrojan la taba por el aire haciéndola pasar al terreno del contrincante. Luego de tirar ambos, se controla de qué lado cayó la taba. Las partes lisas son ganadoras, las huecas son perdedoras. Puede suceder que la taba caiga vertical, se llama "pinino", en ese caso se paga el doble o triple, asunto acordado previamente entre los jugadores. Se llama taba culera a la que hecha culo con frecuencia. Para arrojar la taba el tirador se ubica detrás de una de las rayas, toma el hueso con la palma abierta hacia el cielo y apoya suavemente el pulgar en la parte superior para darle el equilibrio correcto al arrojarla, evitando que "baile" cuando la tira. Mide a ojo la distancia, dobla el brazo de modo que la mano llegue a la altura del hombro, inclina un poco el cuerpo y elevando el brazo lanza la taba. El lanzamiento es una mezcla de azar y baquía de insondable sensibilidad, para testear el peso y las minúsculas oscilaciones de la taba, para calcular la distancia a recorrer y para clavar el hueso en la tierra, sin "rodadas" ni "arrastres" inútiles.

El juego de la taba es clandestino, nunca fue legalizado. Se apuesta con dinero, a veces grandes cantidades, que pasa de mano en mano entre una nutrida cofradía de paisanos enfervorizados que con ánimo festivo se congrega en una tradicional tabeada, entre mate, vino y chala. Y un lenguaje florido, bien subido de tono.

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