
El echarse a andar por las calles lleva el nombre de "virulear"
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"Lo vi al Pedro viruleando toda la tarde", le puede decir el trenquelauquense a su mujer a la noche. Y ella, seguramente se reirá un poco. ¿A qué se refiere el hombre? Esta palabra define con exactitud una actividad que, a decir verdad, no es muy exacta. Virulear en Trenque Lauquen es andar la ciudad con algunos objetivos y ninguna urgencia. Así, si al entrar al banco no hay fila, se hará el trámite hoy; de lo contrario, siempre está el mañana y los días que Dios quiera mandar. Al pasar por el quiosco podrá echarse un parrafito sin consecuencias con la vecina, se considerarán los avances de alguna casa en construcción y la conveniencia o no del casamiento tal.
Sin ímpetu se irá luego a lo de la tía que vive a dos cuadras de la plaza y, ya volviendo, por un camino poblado de saludos, plátanos y gente para charlar, habrá que recordar a la señora de la boutique que no se olvide de traer el pedido de Buenos Aires. Aunque si llega el mediodía, a las doce, como por un hechizo, la gente desaparece de las calles y cesa todo movimiento en la ciudad.
Virulear no es lo mismo que dar la vuelta al perro, ya que este paseo tiene una hora y un circuito precisos; se hace por el bulevar Villegas y cuando cae la tarde. Por el contrario, virulear no tiene horario y hay quien dice que algunas señoras aprovechan para hacerlo en las horas que se supone deberían preparar la comida. Sin mala intención, se entiende, simplemente es poner un poco de distancia entre el trabajo y la propia persona. Eso sí, virulear -al igual que la vuelta al perro- se puede hacer a pie, a caballo, en auto o en cualquier vehículo de dos ruedas.
De origen incierto, el término virulear no aparece en ningún diccionario ni gauchesco ni de arrabal, pero tiene un cierto parentesco con el sustantivo "virola", que alude a una arandela de adorno. También las había que adornaban el apero del caballo. Es posible que originalmente virulear fuera algo así como "mostrarse" o "exhibirse por ahí" sin destino preciso, es decir, paseando adornos y virolas.
Y quizá la palabra sea también un poco cercana al apodo de Jorge Martín Orcaizaguirre, el "Virulazo" . "Mandale el virulazo -le decían-, mandale el virulazo", que para él era sinónimo de "bochazo", repitiendo ese significado circular.
Como ocurre con otras cosas, queda en el misterio el porqué y cómo resurgió la palabra y por qué eligió esos pagos medanosos: lo cierto es que hoy anda por los mismos lugares que desvelaron al maestro Almafuerte y donde descansa el general Villegas, resguardado ya de lanzas, indios y zanjas de Alsina.
Al volver, la palabra virulear apenas varió mucho la significación y su uso. Claro, nadie podía pretender en los tiempos aquellos que virulear incluyera ir al cíber o al súper. Ahora sí, pero con todo, virulear se quedó con aquello de los tiempos provincianos y esto de circular, circular como verbo y circular como adjetivo. No por nada Trenque Lauquen es el nombre araucano para laguna redonda.
La autora es periodista y escritora.





