
Alvaro Etcheberry fabrica los más diversos objetos de la platería criolla y civil
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El joven se levanta temprano, prepara unos mates y, al ratito nomás, ya se pone a trabajar en su taller sobre una plancha de plata que en pocos días se transformará en un espléndido cuchillo de líneas sobrias. El joven se llama Alvaro Etcheberry, el taller se encuentra pegado a su casa, en Pellegrini (provincia de Buenos Aires), y el cuchillo al que le da forma será un "verijero", de 30 centímetros de largo y unos 370 gramos, con un valor de entre 900 y 1700 pesos, todo forjado al estilo de la platería porteña.
"Este es un oficio que tuve como pasatiempo durante mi época de estudiante. Luego descubrí que se podía convertir en un modo de ganarme la vida y así fue como me puse a trabajar de lleno en esto desde hace tres años", comentó, en diálogo con LA NACION, este artesano de 28 años, nacido y criado en el campo.
Por intermedio de su suegro, César García, conoció a Daniel Scasannni (palabra mayor en platería), que lo ayudó a dar sus primeros pasos. Según sus propias palabras, lo más complicado para iniciarse en este arte es la cantidad de herramientas que se necesitan y su costo, ya que muchas son importadas de Europa o Estados Unidos. "Hay otras de fabricación casera, que definen el estilo personal con el que se trabajará. Para hacerlas necesitás tiempo y un conocimiento especial", explicó.
Producto de ese esfuerzo inicial, desparramadas por el pequeño taller o prolijamente ordenadas en un panel de madera, relucen el soplete soldador, sierras caladoras, laminadoras, pulidoras, pinzas, tijeras, limas, martillos, prensas y balas de lacre, entre otras. Alvaro desarrolla su labor en un banco especial, parecido al de los carpinteros. "También se necesita una buena iluminación, porque se pasan varias horas con la vista fija en un objeto."
Pero, ¿en qué quedó el inconcluso cuchillo? Con la misma paciencia con la que moldea la plata título 925 (la más pura para trabajar), Alvaro detalló el proceso completo que culminará con la pieza en una de sus vitrinas. "Todo empieza en una plancha de plata de menos de un milímetro de espesor, en la que se recorta la vaina y el cabo con un molde. Sobre esa base se empieza a soldar y trabajar por separado cada parte, con fierros moldeadores."
Salvo la soldadura, se hace todo en frío, a golpes, sobre una maceta de madera. Hay distintos moldes para cada vaina o cabo y se debe procurar que la plata quede lisa para que, luego de una limada y una lijada, empiece a tomar la terminación. "Ese es el momento justo para empezar con el cincelado: relleno el cabo y la vaina con lacre para que el cincel tenga golpe y no se abolle la pieza. A partir de ahí, se derrite nuevamente el lacre para poder vaciarlo", precisó.
Con el cincelado concluido, se colocan los últimos accesorios, que son el gancho de la vaina y la puntera o lenteja (según el modelo elegido por el cliente) y ya queda listo para el pulido fino con pastas abrasivas. "Después, lo único que queda es «encabar» el cuchillo con su hoja correspondiente", afirmó este técnico en administración agropecuaria, que agregó que el modelo en cuestión es el más usado, ya que, a diferencia del facón, se puede portar sin necesidad de colocarse toda la vestimenta gauchesca.
El tiempo que demanda este artículo es variable y difícil de determinar, porque no siempre se trabaja sobre una sola pieza, pero podría estimarse en unos diez días.
Si bien son algunos de los trabajos más pedidos, no sólo cuchillos "surgen" del taller de este artista. Alvaro trabaja la platería civil, como candelabros, juegos de cubiertos y portarretratos, y criolla, como mates, rastras, espuelas, rebenques, cuchillos y bombillas. "Disfruto mucho de todo lo que es platería criolla. Y las piezas que más me gusta fabricar son las espuelas y todo lo que sea rastras y rebenques, que por ahí son las que menos se venden", confesó.
Exposiciones y anhelos
No tiene un berretín con una pieza en particular, pero sí le gustaría elaborar algún día un buen emprendado de plata para poder lucirlo en las exposiciones más importantes del país. Sus mejores obras se expusieron ya en la Exposición Rural de Palermo, la Exposición de Otoño de Caballos Criollos, en el Palais de Glace y en muestras en Azul, Pellegrini, Tandil y otros pueblos del interior. "Eso me ayuda a hacerme conocer, más que nada porque en mi zona la platería criolla no tiene una difusión importante."
Su mayor anhelo es ser reconocido en lo que hace por la gente que sabe y lleva muchos años en esta labor. "Para mí, más que una profesión es un modo de vida, que me inculcó toda aquella gente que conocí gracias a este oficio. Es muy gratificante poder hacer lo que a uno realmente le gusta y cerca de la familia", subrayó este joven, esposo de Rosario, padre de Justo y futuro papá de dos mellizas que nacerán en marzo próximo.
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